Proverbio saharaui:

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domingo, 23 de marzo de 2014

Luis abad - Magisterio en exilio

Foto edición impresa
 
El Faro Digital.es - Francisco Sánchez Montoya 16/3/14
En este mes de marzo se cumplen 75 años del exilio republicano, tras el final de la guerra civil. Centenares de miles de personas se vieron obligadas a emprender un camino incierto en unas condiciones muy duras: el exilio supuso un descalabro social, político y cultural.
Numerosos ceutíes vivieron esta trágica historia. Durante los próximos domingos iremos publicando retazos de sus vidas en México, donde se estima que acogió a cerca de 25.000 refugiados.    

El profesor de filosofía del Instituto de Ceuta Luis Abad Carretero, era una de las personas más buscadas por los sublevados en la noche del 17 de julio de 1936 en Ceuta. Fue miembro de Acción Republicana fundado por Manuel Azaña, y tras la fusión con el partido Radical-Socialista de Marcelino Domingo, pasó a ser presidente de Izquierda Republicana en Ceuta, hasta abril de 1936 que lo sustituyó el abogado Salvador Fossati.

El magisterio fue cualitativamente, el sector que sufrió el mayor estrago de la depuración en Ceuta. El golpe sorprendió a los maestros de vacaciones; no sabían que aquella fecha daba inicio a la más ingrata etapa que iban a vivir los educadores. La primera ejecución de un docente en Ceuta, tuvo lugar en la saca de la madrugada del 17 de agosto de 1936; su nombre, Ángel Grande Pérez (su hijo Godofredo Grande, también sería ejecutado). En la sesión municipal del 7 de agosto de 1936 acuerdan se retire la ayuda a una escuela de la barriada del Sardinero regentada por el maestro José Lázaro, quien fue detenido, o la clausura de la Escuela Racionalista en la barriada de San José, y posterior ejecución del maestro Pedro Vera o Antonio Bernabé Calvo, un joven maestro fusilado en la fortaleza del Monte Hacho, el 12 de noviembre de 1936.

 El profesor ceutí Luis Abad, tras conseguir salir de Ceuta, y una vez finalizada la contienda logró zarpar en el buque Stanbrook que le llevó desde Alicante a la costa argelina, para ser internado a continuación en el campo de concentración de Bogharí, próximo al desierto del Sahara. Ya en 1940 se instaló en Oran, donde sobrevivió diez años dando clases de español, ingles y matemáticas, y gracias a la venta de algunos cuadros.

Cuando hacia 1950 Luis Abad abandona Oran no se dirige a México sino a Paris, donde va a permanecer casi cuatro años más. En París publica diversos ensayos en revistas de la época y un trabajo titulado La philosophie de l’instant. En 1953 se traslada a México, donde hace algunas exposiciones de pinturas y publica numerosos ensayos y artículos en periódicos (Excélsior, El Nacional, etc.) y revistas (Cuadernos Americanos, Humanismo), y diversas monografías sobre filosofía, que era realmente su pasión. Colaborador permanente del Colegio de México, es nombrado en 1956 profesor titular de la cátedra de Psicología en la Universidad Nacional Autónoma.

Finalmente, transcurrido 18 años, se reencuentra con su esposa, la doctora ceutí Antonia Castillo, junto a la que sólo había convivido seis meses después de su boda. Por fin, los dos están juntos, Abad, participa en numerosos proyectos.  

La vida del catedrático del Instituto ceutí, Luis Abad, están presentes en los prestigiosos Pública varios libros de filosofía como: Una filosofía del instante (1954), Niñez y filosofía (1957), Instante, querer y realidad (1958), Vida y sentido (1960), Bergson y la filosofía del instante (1960), Presencia del animal en el hombre (1962) e Instantes, inventos y humanismo (1966). Pese a su reconocimiento en México, añora España y en 1966 emprende el viaje de vuelta con su esposa a España. Con la esperanza de que la dictadura no les pida cuentas. Marcharon a Almería, no sabemos si volvieron a Ceuta. Y en 1971, fallecerían los dos.
 
Inhabilitación al catedrático Bigtar Armenta
Don Bigtar Armenta, como lo recuerdan muchos de los que fueron sus alumnos, era profesor de francés en el instituto de Segunda Enseñanza Hispano-Marroquí en Ceuta. Tras la depuración fue separado del centro, por orden de la Comisión de Cultura y Enseñanza de junio de 1937 por su pertenencia a la masonería. Juzgado por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, fue condenado en 1942 a inhabilitación absoluta perpetua para el ejercicio de cualquier cargo del Estado. Se dedicó a dar clases particulares en su casa de la plaza Azcarate, también en la Academia Navarro. El nombre de Bigtar, era debido a que su padre, Antonio Armenta, era amante del Esperanto, significa varón. Tras la depuración del Magisterio en Ceuta la enseñanza quedó muy mermada. La purga fue muy grande, y la mayoría de los maestros/as de un modo u otro sintieron el miedo, la frustración y la incertidumbre ante este inesperado proceso, que alteró en todos los sentidos.
 
De Ceuta al campo de concentración en Orán
Tras salir de Ceuta estuvo luchando con su palabra junto al Gobierno de la República, tras el final de la guerra civil, partió desde Alicante en el buque Stanbrook, años después dejó escrito: "… Hube de residir y subsistir en África del Norte (Oran) y luego en Francia. Es verdad que yo ya conocía el francés, lo traducía con facilidad, pero no estaba acostumbrado a hablarlo y yo quería ser profesor. Por eso me consagré a estudiarlo y a frecuentar un medio enteramente francés. Mis primeros veinticinco francos los gané en la ampliación de un retrato que hice al carbón y con lupa tomado de uno diminuto. Mi salida del campo de concentración la debí a haberle hecho un retrato al secretario del mismo. En Oran me dediqué a dar clases de español e inglés. Pero la abundancia de profesores de estas materias, sobre todo de español, hizo que tuviera que derivar hacia otras, y estas fueron las matemáticas. En efecto, durante casi diez años les tuve que explicar a los alumnos de los últimos cursos de Bachillerato. Bien es cierto que yo las había estudiado… Pero en 1945, terminada la guerra, comenzaron a llegar profesores desmovilizados y mis clases disminuyeron, lo cual me empujó hacia la pintura, porque me agradaba y por necesidad económica. Seguramente derivé hacia ella por la imposibilidad en que estaba de poder escribir y publicar, que era lo que yo más he ansiado en mi vida".     

 Una vez terminada la guerra, como otros muchos españoles, se encontraba en el puerto de Alicante, partiendo en el Stanbrook, el barco que hace 75 años sacó de España a miles de refugiados.  Este puerto fue escenario de la tragedia que se vivió, cuando miles de republicanos llegaron desde todo el país hasta el puerto con la esperanza de escapar de la represión franquista en los buques anunciados por las autoridades republicanas. Se encontraron sólo con este navío mercante que sólo pudo salvar a unos cuantos miles, en los últimos días de la guerra, entre el 28 de marzo y el 1 de abril de 1939. El barco, con una capacidad para 800 personas, llegó a cargar a casi 3.000 refugiados rumbo a Orán, al frente del buque estaba el capitán Dickson.

Este puerto al final de la contienda, fue una tabla de salvación para cientos de republicanos, ya que caídos los puertos de Cataluña, en el de Alicante era el único que quedaba libre, allí se reunieron unas 20.000 personas huyendo, entre las que había familias, cargos públicos, campesinos, maestros, militares en derrota, a quienes les habían prometido que habría barcos que les sacarían de España.

Sin embargo, la espera resultó desesperante el puerto se encontraba bloqueado por la Armada franquista, submarinos de Mussolini y la aviación nazi, lo que hacía difícil aproximarse a los navieros internacionales. El buque inglés pudo burlar el bloqueo y zarpar, claramente excedía de su capacidad, lo que le obligó a navegar escorado, por debajo de la línea de flotación y en medio de bombardeos. La travesía de un día, convertida en odisea, no culminó hasta llegar a Orán, donde Dickson amenazó con estrellar el barco contra los muelles si no le dejaban atracarlo. Como no podía ser de otra manera, el Stanbrook tuvo un fin trágico solo unos meses después, tras ser hundido por un torpedo alemán.
 
Se casó con la doctora ceutí Antonia Castillo
Cuando se produce la sublevación del 36, la doctora Castillo permanece en la ciudad, y su marido el catedrático del Instituto Hispano-Marroquí Luis Abad, dada su militancia política, pudo evadirse. Ella continúa en su puesto de trabajo a pesar de los condicionantes adversos. Está observando desde el mismo inicio de la sublevación que muchos de los compañeros de su marido son detenidos y fusilados. Ella sabe que a todos los funcionarios municipales que hayan tenido alguna vinculación con partidos políticos o sindicatos se les está instruyendo un expediente de depuración. La comunicación le llegó el 20 de diciembre de 1938, donde se le acusa injustificadamente, entre otras cosas, de "negligencia en su trabajo". Las acusaciones de la falta de atención a sus pacientes en que se fundamenta no son nada sólidas conociendo la buena formación de la doctora y la probada dedicación a sus enfermos. Con este trámite se le pasa factura por su matrimonio con Abad y por sus actividades políticas, dar conferencias a los afiliados a la UGT en la Casa del Pueblo. Este primer expediente era tan solo el comienzo de un tortuoso camino que, por desgracia, solo había comenzado a recorrer.
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