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domingo, 31 de mayo de 2015

La vergonzosa miseria humana que homenajea la sangre y el crimen

Responsables de este acto de homenaje a un criminal fascista que vulnera la Ley de Memoria Histórica 
y de un presunto delito de apología del terrorismo

Francisco González Tejera - Viajando entre la tormenta - 30 de mayo de 2015
El criminal fascista, Eufemiano Fuentes Díaz, estaba presente en la “Brigada del amanecer” que asesinó a mi tío, el bebé de cuatro meses, Braulio González García, cuando el 23 de diciembre de 1936 en un registro, un miembro de Falange vecino de Tamaraceite (Gran Canaria) lo sacó de su cuna arrojándolo contra la pared de la humilde habitación, destrozándole la cabeza en presencia de su madre Lola García y sus tres hermanitos, Lorenzo, Paco y Diego
 
Este brutal asesinato sigue impune, jamás se ha podido olvidar en mi familia, mi abuela se quedó ciega de llorar, mi padre aún hoy en día con 90 años sigue recordando con miedo y tristeza estos terribles sucesos.

Ahora en este mayo de 2015 el alcalde en funciones del PP de Las Palmas de Gran Canaria, Juan José Cardona, junto al presidente del Cabildo, el ex miembro de mismo partido, José Miguel Bravo de Laguna, homenajean a su admirado genocida, colocando un panel permanente sobre la figura de este criminal de lesa humanidad en el nuevo parque del Estadio Insular.

En dicho panel lo definen como una especie de prócer que ha contribuido al progreso y el bienestar del pueblo canario.

Este monstruo fascista asesinó a cientos de republicanos y antifascistas isleños, participó en todo tipo de torturas, violaciones y robo de propiedades.

Como familiar de víctimas del franquismo no puedo más que mostrar mi absoluta indignación, mi total desolación por ver como en una supuesta democracia se sigue potenciando y admirando el holocausto fascista, condenándonos a que la historia se pueda repetir.

Su odio de clase delata a estos supuestos representantes públicos.

¡Vergüenza!

lunes, 9 de marzo de 2015

Mujeres ceutíes, Historias de libertad (II)


De Francisco Sánchez Montoya en Historia de Ceuta y Protectorado español
8-3-2015
 
Antonia Castillo Gómez
Hoy se conmemora el Día de la Mujer, con ese motivo desde la semana pasada, venimos realizando un recorrido por algunas ceutíes, que dieron sus vidas, pasaron penurias y represión por ser libres y luchar por un cambio social, en unos tiempos difíciles, mujeres ceutíes que en esta conmemoración nos sirve de ejemplo. La foto que encabeza este reportaje, es el ejemplo de una ceutí comprometida con sus conciudadanos, la vemos ofreciendo una charla en la Casa del Pueblo de Ceuta, durante la Segunda República, a las mujeres de los obreros sobre la “maternidad”. Esta conferencia le valió un consejo de guerra y su expulsión del Ayuntamiento como facultativa, por las nuevas autoridades, tras el golpe militar del 17 de julio de 1936.
 
Cuando se produce la sublevación, permanece en la ciudad, su marido el catedrático del Instituto Hispano-Marroquí Luis Abad, y militante de Izquierda Republicana pudo salir. Ella continúa en su puesto de trabajo a pesar de los condicionantes adversos. Está observando desde el mismo inicio de la sublevación como muchos de los compañeros de su marido son detenidos y fusilados. Ella sabe que a todos los funcionarios municipales que hayan tenido alguna vinculación con partidos o sindicatos se les está instruyendo un expediente de depuración.
 
La comunicación le llegó el 20 de diciembre de 1938, donde se le acusa, entre otras cosas “historias inventadas”, de “negligencia en su trabajo”. Con este trámite se le pasa factura por su matrimonio con Abad y por sus actividades políticas. Pero este primer expediente era tan solo el comienzo de un tortuoso camino que, por desgracia, solo había comenzado a recorrer.
 
La represión ejercida le obliga abandonar la ciudad. La siguiente noticia que se tiene de ella es de finales de 1940 y se la sitúa en Burgos, volvió a ser, al igual que en Ceuta, la primera mujer en formar parte del Colegio de Médicos. El refugio en esa ciudad le sirvió para ir madurando la posibilidad de exiliarse y poder reencontrarse con su marido, y lo más importante desarrollar con completa libertad su profesión, sin miedo a represalias del franquismo.
 
En 1945 se traslada a México. Unos años después viajó a Nueva York, siendo pionera en el estudio del cáncer. Mientras tanto su marido está en un campo de concentración en Oran. En 1953 Abad pone rumbo a la capital azteca y, finalmente, transcurridos dieciocho años se reencuentra con su mujer. Una vez que los dos están juntos planifican sus vidas. La doctora Castillo se especializa en el campo de la oncología ginecológica y su marido es profesor en la Universidad azteca.
 
A finales de 1970 Antonia Castillo notó un importante empeoramiento de su salud y en vista de su progresiva enfermedad decidieron regresar a Madrid. A principios de 1971 fallece y su marido decide enterrarla en Gádor (Almeria), su marido falleció el 13 de noviembre de ese año.
 
Antonia Pérez Padín
La ceutí Antonia Pérez Padín, fue una mujer de fuertes de convicciones de solidaridad y ayuda a los más necesitados, tras el golpe militar padeció ocho años de cárcel entre el Sarchal, Puerto de Santa María o el Dueso. Tenía seis hijos, regentaba una modesta casa de comida en la zona de la Puntilla. Su marido Antonio Berrocal, fue concejal durante la Segunda República. Después de la sublevación fue encarcelada el 14 de agosto de 1936 en la prisión de mujeres y su marido, fusilado.
 
Su nieta Gloria, quien ha escrito varios libros sobre las vivencias de su abuela, nos cuenta: “La primera imagen que me viene de mi abuela es la de una mujer vestida siempre de negro, con las piernas hinchadas por las varices y con una propensión al suspiro profundo, casi expelido desde el bajo vientre, cuando oía las noticias del llamado parte‟.
 
Nunca nos habló de la guerra, ella hablaba de los “hoteles” donde había estado. Mi abuela no paró de contarme atrocidades. Ha sido el referente más importante que he tenido en mi vida. De las atrocidades solo voy a mencionar el apuñalamiento de una compañera suya en la cárcel de el Sarchal mientras iba hacia el paredón de fusilamiento. Al parecer, un falangista que quería los favores sexuales de la víctima y que fue rechazado una y otra vez, se vengó apuñalando al objeto de su deseo mientras la conducía al paredón. La pobre mujer le gritaba a mi abuela “Antonia, Antonia, que me mata, que me apuñala” y mi abuela nunca pudo olvidar aquellos gritos. Aún años después, mientras me lo contaba llorando y maldiciendo, seguía oyéndolos, cuando les detienen en 1936 sus hijos tienen unas edades que oscilan entre los diez – la hija mayor- y dos el pequeñín”.
 
“Esos niños pasan al cuidado de familiares y dos de ellos van –según mi madre– al asilo, aunque supongo que sería el innombrable “Auxilio Social”. No pudo cuidar de sus hijos y eso fue lo que más le destrozó durante los más de siete años que pasó en las cárceles franquistas con dos penas de muerte: una por pertenecer al Socorro Rojo Internacional y la otra por su pertenencia al Partido Comunista. Mi abuelo no se libró de la pena de muerte. Fue fusilado junto con 32 personas la madrugada del 21 de enero de 1937 y en su propia finca, en la Posición A”.
 
Mujer de carácter fuerte y recio -heredado de su madre Jacinta- y con las ideas muy claras sobre las injusticias sociales, ideas que supongo le fue aclarando su padre maestro anarquista. Para concluir este testimonio de Gloria Berrocal sobre su abuela añade: “Ella mostró a lo largo de toda su vida una fe ciega en el ser humano. Su solidaridad con los huelguistas portuarios en Ceuta, solidaridad que podía llevar a cabo gracias a que tenían un colmado y una casa de comidas, su asistencia como comadrona a las mujeres que la necesitaban, su sentido de la justicia que nunca se enturbió ni siquiera en sus últimos años en que seguía comentando la situación política no solo nacional sino también la internacional, hacían de mi abuela un ser excepcional.
 
Sin embargo, creo que no fue la única y que perteneció a una estirpe de mujeres que supieron ser libres, independientes y luchadoras en aquellos difíciles años del siglo pasado. Cuando hoy se dice que una mujer es una “superwoman” porque trabaja y además crea una familia, yo me sonrío pensando en la generación que le tocó lidiar con las atrocidades de la Guerra Civil y pienso en mi abuela que atendía el colmado y la casa de comidas, le ponía una inyección diaria a mi abuelo que padecía del corazón, paría un hijo tras otro, atendía en el parto a otras mujeres y además sacaba tiempo para sus reuniones del Socorro Rojo y del partido, y asumo la altura del listón que dejaron todas ellas y no dejo de lamentar el poco reconocimiento que han tenido esas mujeres gracias al aplastante silencio mantenido tanto en la dictadura como en la democracia”.
 
Diana Bermúdez-Reyna
Cuando la pequeña Diana recorría las calles de Ceuta en aquel verano de 1936, de la mano de sus padres, nada le hacía presagiar que en pocos días cambiaría su vida y la de su familia. Su padre era un reputado capitán aviador, destinado en el aeródromo de Sania Ramel en la capital  del Protectorado, Tetuán, y en 1933 fue delegado del Gobierno de la República en Ceuta.
 
Diana fue una de los miles de menores enviados al exilio durante la Guerra Civil Española desde la zona republicana a la Unión Soviética, entre los años 1937 y 1938, para evitarles los rigores de la guerra. En un primer momento, disfrutaron de un cálido recibimiento y un trato en general bueno por parte de las autoridades soviéticas, mientras la guerra civil seguía su curso. Sin embargo, con la entrada de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial y la invasión nazi de las zonas en que se encontraban las casas donde estaban alojados, hubieron de sobrellevar la dureza de la guerra, y posteriormente la de la vida entre una dictadura comunista que no les permitía salir del país y otra dictadura derechista que miraba con recelo a los que finalmente lo consiguieron.
 
En la tarde del 17 de julio, todo cambió, su padre defendió junto a otros militares leales al Gobierno el aeródromo de Tetuán, haciéndose fuerte e intercambiando fuego, pero nada pudieron hacer y a las pocas horas fueron detenidos por los militares sublevados, el 15 de agosto de 1936 fue sacado de la fortaleza del monte Hacho y ejecutado. Siendo enterrado en el cementerio de Santa Catalina en Ceuta.
 
La madre de Diana se encuentra sola con cuatro hijos, intentó por todos los medios salir de Ceuta hacia Valencia donde estaba su familia.  Pero no es nada fácil, el sur está tomado por los sublevados, y llegar hasta el levante es tarea imposible. Al proceder de una familia de la alta sociedad madrileña, el abuelo paterno de Diana era teniente general y su abuela familiar del escritor Salvador de Madariaga, consiguen que se realice un intercambio en Tánger, organizado por la Cruz Roja Internacional. Tras llegar a la ciudad internacional embarcarían en el barco que hacia la travesía, una vez por semana, hacia el sur de Francia y desde allí al pueblo valenciano de Russafa.
 
Cuando todo parecía tener una cierta normalidad, una mañana quedó marcada en la memoria de la pequeña Diana, apenas tenía cuatro años: “Han pasado muchos años, pero parece como si lo estuviera viviendo ahora, nos encontrábamos en el piso de Russafa, mi abuela a un lado y mi abuelo llorando, con las manos en la cara. Dos señores uniformados me cogieron en brazos y nos llevaron a mi hermana y a mí, mientras yo lloraba y preguntaba por mi madre, recuerdo que me abracé a una muñeca y no la solté, hasta muchos años después”.

Sus dos hermanos, José Luis y Flavio, fueron enviados a la URSS en la madrugada del 13 de junio de 1937.
 
Al llegar a Leningrado, la actual San Petersburgo, la separaron de su hermana y la llevaron a una casa para niñas pequeñas. Pocos meses después de acabar la Guerra Civil, en agosto de 1939, la abuela paterna, Presentación de Madariaga, un nombre frecuente en los “Ecos de Sociedad” de la prensa madrileña -viuda de un teniente general, había sido Dama de Honor de la reina Victoria Eugenia- logró que el Gobierno franquista, a través de sus embajadas en Roma y Londres, consiguiera que los ejecutivos de Mussolini y Chamberlain mediaran para facilitar el retorno de sus cuatro nietos.
 
El intento fue en vano. Con la invasión de Rusia por parte de Hitler, en junio de 1941, Diana y el resto de los niños fueron evacuados de Leningrado a una aldea en las llanuras del Volga. Nuestra pequeña tuvo que luchar por salir adelante, aprendió el ruso, era muy inteligente y nada se le resistía. Gran modista pronto comenzó a realizar trabajos, después entró a trabajar en una fábrica de misiles. Los años fueron pasando y la promesa del retorno a España no comenzó a ser una realidad hasta 1956, para entonces ya había formado su propia familia al casarse con un ruso de origen ucraniano. Y por fin, el 17 de diciembre de 1990, consiguió permisos para toda su familia, incluidos sus tres hijos con sus respectivas parejas y los cuatro nietos que ya tenía.

 A muchos niños, como Diana, no les quedó más remedio que marcharse.
 
África de las Heras
La ceutí África de las Heras, fue la espía española más activa al servicio soviético. Tendríamos que recordar que África nació en la calle Soberanía Nacional (hoy calle Real) el 27 de abril de 1909. En el seno de una familia militar acomodada, su tío Francisco de las Heras, era un prestigioso abogado y alcalde de Ceuta, en los años veinte. Quien desee, profundizar en su vida le recomiendo el magnífico libro escrito por Javier Juárez  “Patria, una española en la KGB”.
 
África se traslada a Madrid, donde estudia en un colegio de monjas. En 1930, se tiene constancia de su militancia en el partido Comunista.  Fue captada por el servicio de información soviético (NKVD) durante la guerra civi. Estuvo implicada en el asesinato de Trotsky, participó como guerrillera en la URSS durante la Segunda Guerra Mundial, y fue una decisiva agente del KGB durante la guerra fría en Latinoamérica. Alcanzó el grado de coronel del KGB y está considerada una figura legendaria de los servicios de inteligencia de la extinta Unión Soviética.
 
Falleció en 1988 y está enterrada en Moscú. María Pávlovna, María de la Sierra, Ivonne, Znoi, Patricia y Patria son algunos de los nombres que utilizó. Esta espía ceutí obtuvo numerosas condecoraciones de la URSS. La vida de África de las Heras, nacida hace casi un siglo en Ceuta y fallecida hace dos décadas en Moscú, estuvo rodeada de misterio. Estando en Buenos Aires en 1956, Moscú envía a un nuevo jefe de espionaje para la zona.
 
Ese mismo año, en aras del trabajo conjunto en favor de la URSS, se casará con él. Se trataba de Valentino Marchetti, en realidad Giovanni Antonio Bertoni, un italiano que huyó a la URSS en 1925 y volvió a Italia en 1944 para organizar una red de espionaje. Aunque en Moscú sostienen que, a pesar de ser un matrimonio de conveniencia, tuvieron una feliz vida familiar.
 
Tras fallecer su marido, regresó aparentemente a Moscú en el otoño de 1967, pero salió al extranjero al menos en tres oportunidades más – en dos ocasiones, a Uruguay –, y el fin de su carrera como espía coincidió con el comienzo de su labor como instructora de agentes, en 1971, aunque permaneció en el KGB hasta 1985. Durante la II Guerra Mundial, terminó unos cursos de radio y sirvió en un destacamento guerrillero donde le entregaron dos granadas, una pistola y un puñal: si corría peligro de ser tomada prisionera debía utilizar las granadas para destruir el radiotransmisor y el libro de claves antes de suicidarse.
 
Lanzada en paracaídas, actuó en la retaguardia alemana a partir de mayo de 1942. Tras sus hazañas de guerra, en 1944 regresó a Moscú e ingreso en uno de los destacamentos del Comisariado de Seguridad de la URSS. A finales de enero de 1946 pasa en automóvil de Berlín a París, donde se establece haciéndose pasar por refugiada. Un año después cruza la frontera franco-española, pero entonces Moscú decide enviarla a Uruguay, hacia donde parte en diciembre de 1948 y donde se establece como modista para no levantar recelos.
 
Un año más tarde de su llegada se casa con el escritor uruguayo Felisberto Hernández. El matrimonio duró tres años hasta que se divorciaron. Luego se volvió a casar con un otro agente de la KGB, italiano, llamado Valentino Marchetti. Ambos abrieron, como pantalla para sus actividades, una casa de compra y venta de antigüedades en el casco viejo de la ciudad de Montevideo. El Jefe del espionaje Vladimir Stanchenko confirmó la gran importancia de la ceutí en el entramado de la KGB al revelar, en julio de 1993, al diario El País que “después de la guerra, y hasta mediados de los años 70 fue responsable en Europa y América Latina de todo el entramado político

viernes, 15 de agosto de 2014

Operados con éxito en el Hospital Infantil de Zaragoza varios niños Saharauis del Programa Vacaciones en Paz 2014

ARAINFO 15 agosto 2014
El Hospital Infantil de Zaragoza abrió el pasado miércoles quirófanos a petición de un grupo de profesionales sanitarios que voluntariamente operaron a cuatro niños saharauis aprovechando su estancia en familias aragonesas de acogida durante las vacaciones de verano. Especialistas en cirugía pediátrica, anestesia y reanimación, médicos internos residentes, celadores, personal de enfermería y de limpieza forman el equipo de este “quirófano solidario”.
 
Las cuatro intervenciones se realizaron con éxito y los niños pasaron la noche hospitalizados aunque todos recibieron el alta hospitalaria el jueves por la mañana. Un equipo formado por diez profesionales realizó las intervenciones de forma voluntaria fuera de su jornada laboral.
 
El programa Vacaciones en Paz dirigido a menores saharauis incluye asistencia odontológica y un reconocimiento médico gratuito en los centros de atención primaria del Servicio Aragonés de Salud. En estas consultas el médico de familia deriva a los pequeños al hospital si diagnostica un problema de salud que puede ser resuelto de manera rápida mediante cirugía. Las intervenciones se agrupan para no interferir con las cirugías programadas. Las patologías que habitualmente llegan al hospital zaragozano son las hernias y las criptorquidias, una anomalía congénita que afecta a los testículos del niño. Ambos procedimientos se resuelven por cirugía mayor ambulatoria y con el alta en 24 ó 48 horas. El Hospital pone las instalaciones y el material necesario a disposición del equipo de profesionales, al que agradece la importante labor labor que vienen realizando desde hace años.
 
Los niños y niñas saharauis llegaron a Aragón el pasado 22 de junio y tienen previsto su regreso el próximo 21 de agosto. El Programa Vacaciones en Paz está organizado por las asociaciones de amistad con el Pueblo Saharaui en Aragón, ALOUDA, LESTIFTA, ASAPS y UM DRAIGA, junto a ARAPAZ y la Delegación del Frente Polisario. Cuenta con la colaboración del Gobierno de Aragón desde el Departamento de Sanidad, Bienestar Social y Familia, y la participación de instituciones locales y provinciales, así como numerosos voluntarios.
 
Las difíciles condiciones en las que viven estos niños y niñas saharauis en los Campos de Refugiados de Tinduf (Argelia) les impiden el acceso a una atención médica adecuada. Durante el verano tienen que soportar temperaturas extremas, por encima de los 50º C. La vida de los campamentos depende enteramente de la ayuda internacional y no les permite disponer de una alimentación suficiente para su desarrollo. Una situación que se prolonga ya 39 años.

sábado, 26 de abril de 2014

Programa Vacaciones en Paz para niños Saharauis


La Asociación de Amigos del pueblo Saharaui nos visita para contarnos el Programa Vacaciones en Paz. En nuestros estudios estuvieron Belen Cueva Carbajal y Juan Manuel Casalderrey Palacio.


Se necesitan 40 familias de acogida antes del 5 de mayo


Canal: Radio Nava 108.0 Fm

viernes, 28 de marzo de 2014

Españoles en la mar - El viaje del Stanbrook (I)


RNE 26 mar 2014

Os contamos la historia del buque Stanbrook que trasladó hasta Argelia a 3.000 republicanos que huían del régimen franquista.
 
En el primer capítulo, que ha producido Antonio Fernández, entrevista a una mujer que con cuatro años tuvo que huir de España (26/03/14).

domingo, 23 de marzo de 2014

Último barco al exilio

La repleta cubierta del buque Stanbrook durante la travesía de Alicante a Orán,
en marzo de 1939. / Legado Rodolfo Llopis. Fundación Caja Mediterráneo

  • Al final de la Guerra Civil, hace 75 años, miles de republicanos trataban de huir desde

  • Pocos lo lograron. El ‘Stanbrook’ llevó a 2.638 a un incierto destino

Kristin Suleng 23 MAR 2014 El País
Faltaban cuatro días para el final de la Guerra Civil. El Stanbrook, un buque carbonero británico de 1.500 toneladas, había fondeado en Alicante con la orden de cargar naranjas y azafrán. En la explanada del puerto bullía una multitud agotada después de tres años de combate, miles de civiles y soldados republicanos que vieron en el puerto levantino, todavía no tomado por el bando franquista, la única puerta para huir de la represión que les esperaba.
 
Abrumado por la tragedia, el capitán de la nave, un galés de 47 años llamado Archibald Dickson, cambió el plan inicial de embarcar provisiones por el de evacuar a civiles. Al atardecer del 28 de marzo de 1939, el Stanbrook partió hacia Orán con la última carga civil que zarpó camino del exilio antes de acabar la contienda, 2.638 pasajeros que protagonizaron una emblemática y trágica aventura de la que el próximo viernes se cumplen 75 años.
 
Antonio Vilanova, pasajero del Stanbrook, dejó testimonio del desasosiego del embarque en una carta dirigida a un amigo y a la que ha tenido acceso este diario. “En la mente de todos había sensación de fuga, derrota, hundimiento moral. Cuando llegamos al barco, éramos recibidos entre las protestas de los pasajeros que ya estaban allí. Conforme subíamos, unos se acomodaban en la cubierta, otros en la bodega o en las sentinas. Faltaba sitio, pero seguía entrando gente”, relataba sobre aquel hacinamiento este funcionario aduanero que más tarde, en su exilio en México, escribiría la primera gran obra sobre los refugiados republicanos, Los olvidados.
 
Miedo, humedad e incertidumbre de niebla y frío. A bordo del carguero, Helia González, de cuatro años, sentada sobre un baúl con sus padres y su hermana, de 22 meses, encontró consuelo en la presencia de un señor pequeño y fornido que la había cogido en brazos para subir la pasarela del barco. Era el capitán Dickson. En la explanada del puerto, quedaba un paisaje de desamparo entre los que habían perdido el barco.
 
A su corta edad, Helia no sabía que partía al exilio político. Su padre, Nazario, de 28 años, había fundado Izquierda Republicana en Elche. “Era antibelicista”, sostiene Helia. “Durante la guerra escondió en su casa a un sacerdote y a su sobrina, y salvó de la quema parte del archivo de la basílica de Santa María. La mayoría de los pasajeros éramos pacifistas; no asesinos, como decían”.
 
El propietario del carguero, Jack Billmeir, cuya flota se multiplicó por diez gracias a la guerra española, había prohibido evacuar civiles. El capitán que desafió aquella instrucción era hijo de una modesta familia de Cardiff. Se había licenciado a los 22 años. “Un sector socialista cuestionó su heroicidad diciendo que un grupo se lo llevó ebrio de juerga a Madrid. Algunos líderes en el exilio quisieron atribuirse el mérito del rescate, pero la República fracasó en proteger a su gente”, apunta el documentalista Pablo Azorín Williams, quien ha investigado la vida del capitán.
 
“Como abanicos de espuma”. Así recuerda Helia, a sus 79 años, la huella en el mar de los proyectiles enemigos que sorteó el carguero al zarpar. Para eludir los ataques del Canarias, un crucero pesado de la flota nacional, el Stanbrook viró el rumbo primero a Baleares y luego al sur hacia Argelia.
 
Desde una sentina de popa, el pasajero Vilanova observaba la “incontrolable e incontrolada expedición”, sacudida por asaltos de pánico cuando falsos rumores decían que se dirigían a Melilla. La gente arrojaba al mar la documentación para no ser identificada. Se formaban colas de dos horas para beber agua. “Solo había dos evacuatorios. Dominado el pudor, fuera de la borda, deponíamos en el mar. Más que el hambre, es la nota más dura de la estancia en el barco”, explicaba en su misiva Vilanova.
 
El 29 de marzo, tras 22 horas de travesía, el Stanbrook ancló en el puerto de Mazalquivir, cerca de Orán. A la niña Helia le embriagó el aroma de unas rebanadas de pan sobre unos tableros en el muelle. “Era la primera vez que olía a pan tierno”, evoca la que fuera la pasajera 2.277. “Un hombre se tira de la cubierta a las bodegas y muere una mujer. Hay síntomas de anormalidad y riñas”, escribió en un diario —facilitado a este diario por su hijo Ulises— Antonio Ruiz, ingeniero madrileño de ferrocarril y oficial en el frente, que había huido junto con su hermano Pablo.
 
Desde el muelle, españoles residentes en Orán partieron en barcas con alimento y medicinas para los recién llegados. Arribada un mes antes por mediación de Acción Republicana, Juanita Alberich, valenciana de 20 años y embarazada de su primer hijo, buscaba a su marido, Onofre Valldecabres, director del Servicio de Inteligencia Militar. “Recuerdo que la gente tenía hambre”, evoca Juanita, de 95 años, que perdió a su hijo a los dos meses de nacer. Valldecabres fue de los primeros pasajeros en dejar el Stanbrook gracias a sus contactos como refugiado político. “No tuvo número de pasajero porque pudo eludir el listado registrado por las autoridades francesas”, señala su hija Annik Onofra, nacida en el exilio argelino.
 
Pese a que creyeron haber hallado la salvación en Argelia, entonces bajo el dominio francés, el destino del pasaje del Stanbrook fue muy dispar. En el primer desembarque, dos días después de atracar, tocaron tierra mujeres y niños que, como Helia, su madre y su hermana, fueron a la antigua prisión del Cardenal Cisneros. La mayoría de los hombres aguardaron a bordo más de un mes, por imposición de la Administración francesa. “Salimos llenos de miseria. Allí conocí por primera vez los trimotores, piojos de un tamaño monstruoso”, explicaba en su misiva Vilanova. A muchos les condujeron al Centre d’Hébergement —centro de alojamiento— número 2 para recibir ducha, vacunas y alimentos.
 
El motivo de la cuarentena no se ha resuelto 75 años después de aquella odisea. “Francia no había previsto nada. Se apuntó a que el barco había generado gastos en el puerto y debía pagarlos, o se temía una epidemia por detectarse un brote de tifus. Es un cabo que todavía queda suelto”, señala el historiador alicantino Juan Martínez Leal, quien resalta una controversia paralela. “No se sabe por qué, una hora después del Stanbrook, zarpó de Alicante sin evacuar a más civiles el Marítima, el triple de grande y con 30 pasajeros, líderes socialistas y sus familias. Hubo una gran polémica en la Federación Socialista en Orán”.
 
Anclado el Stanbrook en Orán, Alicante se convirtió en un gran presidio para las más de 15.000 personas venidas del frente. Desde Segorbe, en Castellón, Manuel Arroyo, chófer del Estado Mayor del Ejército de Levante, llegó la tarde del 29 de marzo a la explanada del puerto. Ya no había barcos; solo se oían ráfagas de ametralladora y cañonazos de la División Littorio, unidad italiana que reforzaba el bando nacional. “Vi a un hombre desesperado degollarse con una navaja de barbero. Lo más contagioso es el miedo”, relataba a este periódico Arroyo, de 96 años, antes de fallecer hace dos semanas. Las tropas italianas les condujeron al improvisado campo de concentración de Los Almendros y de allí, más de 3.000 hombres, entre ellos Arroyo, fueron trasladados al campo de trabajo de Albatera, diseñado en la República para la reinserción del delincuente.
 
En Argelia, el destino de gran parte del pasaje fue también la reclusión. Exportados al campo de concentración de Boghari, en el interior del Sáhara, los hermanos Ruiz pasaron a llamarse 102 y 103, bajo la guardia senegalesa, con bayonetas caladas. “Somos 300 indocumentados e indeseables. Y todo en nombre de la Igualdad, Libertad y Fraternidad”, narra Antonio en su diario. “Un español que está en la letrina es maltratado por un guardia que sin motivo le golpea con el fusil. Otros acuden y le patean. El pobre pide auxilio. Acuden varios españoles recibidos con bayonetas y obligados a huir. Allí se quedó”. Los Ruiz pudieron huir a Francia, donde embarcaron rumbo a México en 1940.
 
En torno a la línea del ferrocarril Transahariano, pasajeros como Antonio Gassó, piloto de caza republicano, sufrieron en los campos de trabajo castigos como el tombeau, en los que el preso cavaba su propia tumba para permanecer en ella, saliendo solo dos veces al día para hacer sus necesidades, sin protección contra las adversidades del crudo desierto. “¡Fusiláis poco, pero matáis lentamente!”, escribió en su diario —publicado en el libro escrito por su hija Laura —desde la cárcel de Bou-Arfa—. Otros acabaron combatiendo en la II Guerra Mundial, alistados en la Legión Extranjera Francesa. La tragedia también marcó la trayectoria del capitán Dickson. Seis meses después de atracar en Orán, el considerado héroe de la odisea del Stanbrook murió con su tripulación en el mar del Norte, torpedeado por un submarino alemán, cuyo capitán, Claus Korth, había hundido naves republicanas en la guerra española.
 
Frente al drama de muchos refugiados, Juanita Alberich y Helia González, amigas en su destierro en Sidi Bel Abbes, aseguran haber vivido un “exilio privilegiado”. La vida de Juanita, residente ahora en Valencia, fue un continuo traslado. Su familia vivió en Argelia hasta 1946, cuando su marido, de la industria cerámica, fue empleado en Lorena, Francia. “Volvimos a Argelia en 1950 y salimos de nuevo hacia Lille en 1957, antes de la guerra de la independencia. Regresamos a España tras la muerte de Franco”.
 
La familia de Helia, que se enroló primero en una compañía de teatro española dividida tras la contienda, sobrevivió del estraperlo y de una tienda de alpargatas, el último negocio familiar en Argelia hasta partir hacia España en 1949. “Mi padre no quiso arraigar allí. En Argelia conocí la libertad. En España no se podía hablar de nada, el hambre era terrible y la represión muy dura. Ganar no debería ser vengarse”, sostiene Helia, que fue profesora de francés y funcionaria municipal en Elche hasta su retiro.
 
Junto al editor Rafael Arnal, Helia, que nunca volvió a pisar suelo argelino, inspiró el proyecto de la Operación Stanbrook, una expedición en barco con familiares y simpatizantes que prevé zarpar a Orán antes del verano, si la situación política tras las elecciones en Argelia no lo impide, para conmemorar aquella trágica y esperanzadora travesía que marcó el final de la Guerra Civil. “Tenemos que recordarlo porque hay muchos países en situaciones semejantes. ¿No vamos a aprender nunca?”

domingo, 16 de marzo de 2014

‘Stanbrook’: l´últim vaixell que pogué fugir del terror franquista

 
Els Temps 1551 - Xavier Aliaga - 4/3/14
En uns dies es complirà el 75 aniversari des que la nit del 28 de març del 1939, cap al final de la guerra, un vell carboner britànic, l’‘Stanbrook’, salpava del port d´Alacant amb tres mil republicans atapeint bodegues i coberta que fugien de les represàlies franquistes. A terra, però, restaren moltes més persones esperant un vaixell salvador que no arribà. Episodi històric cabdal motiu d´una sèrie d’actes commemoratius per part d´una comissió, “Operació Stanbrook”, d´homenatge a la memòria republicana.
 
Som a finals del mes de març del 1939, en les raneres d’una guerra civil a Espanya que ha dessagnat el país. Les línies del front es fan miques.  El bàndol insurgent del general Francisco Franco és el guanyador de la confrontació. El feixisme, amb el suport dels règims totalitaris d’Alemanya i Itàlia, ha guanyat la partida al govern legítim de la República, abandonat a la seua sort per les potències democràtiques. S’albira el final de la guerra, però això no significa que arribarà la pau: la repressió de les tropes franquistes a les zones que ha anat conquerint des de l’inici de les hostilitats, el 1936, augura un final sanguinari i una persecució implacable contra tots aquells que s’han significat en favor de la República en l’àmbit militar, sindical o polític, independentment d’haver participat o no en les atrocitats de la zona republicana als inicis de la guerra. Uns 300.000 republicans han eixit ja del país, el mes de febrer, a través dels Pirineus. Però aquella eixida ja està barrada.
 
El coronel Segismundo Casado, que havia encapçalat el 5 de març un colp d’estat contra el govern de Juan Negrín havia fugit a València, juntament amb la majoria del Consejo Nacional de Defensa, abans que les tropes colpistes arriben a Madrid, tracta de negociar amb Franco un acord de pau. Casado intenta que l’exèrcit nacional no entrebanque la fugida dels republicans que vulguen abandonar Espanya. I, paral·lelament, demana ajuda internacional, sobretot a França i Gran Bretanya, perquè envien vaixells per poder evacuar la gent.
 
Tots aquells intents fracassen. Franco tan sols vol una rendició incondicional. I francesos i britànics no volen comprometre la seua neutralitat. La deserció i fugida a Bizerta, a principis de març, de la flota afí al govern republicà, amb base a Cartagena, complica encara més l’eixida per mar. A més, l’Estat Major de l’Armada de Franco decreta el bloqueig de la costa mediterrània. És la tempesta perfecta per a un hipotètic pla d’evacuació. Tot apunta que Casado no té pla alternatiu per al fracàs de les seues negociacions. Però algú sí que té un pla entre els republicans: la Federació Socialista d’Alacant, amb Rodolfo Llopis al capdavant de les operacions, comença a contractar vaixells i elaborar llistes per poder evacuar els militants socialistes que podien estar en perill en cas de ser detinguts pels rebels. Els mercants Ronwyn i African Trader, contractats pels socialistes alacantins, aconsegueixen burlar el bloqueig i transportar fins a Orà uns quants centenars de republicans. El dia 18 de març pot eixir del port de València el Lézardieux, amb un centenar de passatgers entre polítics i sindicalistes.
 
Hi ha més vaixells que aconsegueixen partir per aquells dies d’Almeria, Gandia, València o Alacant, port al qual van arribant milers de persones buscant el seu passaport cap a l’exili atiats pel pànic i per l’ofensiva definitiva de Franco llançada al dia 26 de març. Es corre la veu que la del port alacantí és la millor opció per fugir de les tropes rebels, una brama que cap al 28 de març adopta el caràcter de consigna. Les carreteres en direcció a Alacant, principals i secundàries, són un llarg rosari de vehicles carregats d’humanitat, pors i esperances. La ciutat, en una situació límit pels anys d’escassesa i amb el record encara nítid del salvatge bombardeig del Mercat Central de la ciutat, el 25 de maig del 1938, és un caos absolut. I el port, un angoixant i incòmode vesper sobretot amb l’arribada dels efectius militars desmobilitzats pel Consejo Militar el dia 28 de març. Casado, que curiosament està empentant els republicans a fugir cap al port d’Alacant, amb la promesa que hi haurà més vaixells per transportar-los, es desplaça el dia 29 a Gandia, on embarca, amb els seus i alguns efectius militars en un vaixell de guerra britànic, l’HMS Galatea.
 
L’atenció està centrada a Alacant, on ja hi ha congregades milers de persones. S’espera l’arribada de vaixells per fer front a aquesta gran evacuació, però al port sols n’hi ha un parell, de càrrega, el Maritime i l’Stanbrook, un petit vaixell de 1.383 tones, 70 metres d’eslora i 10 de mànega, construït el 1909 a les drassanes de Newcastle.
 
Aquesta nau, dedicada al transport de carbó fins l’any 1936, servia ara al millor postor. El seu capità era el gal·lès Archibald Dickson, un marí bregat i amb experiència militar a la I Guerra Mundial, en què visqué l’experiència d’un naufragi. Dickson dirigia una dotació no superior als 10 mariners que degué ser incapaç de retenir l’allau de persones que, estant o no dins de les llistes elaborades per la Federació Socialista d’Alacant, empentaren per fer-se un lloc al vaixell. Per iniciativa pròpia, empès per les circumstàncies o aprofitant una possibilitat de negoci, o per una barreja d’aquelles motivacions, no totes heroiques, Dickson acollí un passatge molt superior a la capacitat de la nau, com s’aprecia a través de fotografies com la icònica imatge que encapçala aquest reportatge i a través del testimoni dels passatgers. La llista oficial recollida per les autoritats franceses a l’arribada al punt de destinació de l’Stanbrook, Orà, parla de 2.683 passatgers: l’obri Justo Arcos Sánchez, de 30 anys, que passarà a la posteritat per tenir el número 1 d’aquella relació, i la tancava Nemesio Rico Rico, de 42 anys, el passatger 2638. Però foren uns quants més, al voltant de 3.000, els republicans que, la nit del 28 al 29 de març partiren a un exili incert. Un passatge amb una composició ideològica diversa: l’historiador Juan Bautista Vilar, l’estudiós que difongué la llista, fa un desglossament entre republicans (590), socialistes (572), cenetistes (304), comunistes (196) i persones sense cap adscripció política o sindical (428). També hi ha 184 antics membres de les Brigades Internacionals que, malgrat la desmobilització i repatriació d’aquell cos de voluntaris, decideixen romandre en la terra que han vingut a alliberar del feixisme.
 
El passatge també reunia tot tipus de dedicacions professionals, una mena de petita representació a escala de la República que havia deixat d’existir xafada per la bota feixista. Històries diverses, de gent que va sola, amb la família, que simplement té por pel que puga passar o que té un passat comprometedor. Relats com el del murcià Jacinto Cazorla Flores, sindicalista de la UGT, miner de professió i passatger número 1.086 de l’Stanbrook, relatada a EL TEMPS pels seus familiars. Cazorla fuig del seu poble, La Unión, després de tancar a la presó, a punta de pistola el sergent de la Guàrdia Civil i l’alcalde d’aquella població. “Va seure cinc minuts a la cadira de l’alcalde i va eixir rabent cap a Alacant”, relata el seu nét, Jacinto Cazorla, qui assegura que el seu avi no tenia delictes de sang però sí que estava molt marcat políticament. “Sabia que havia d’eixir i eixí”, rebla el seu descendent. Cazorla viatjà sense la família. I la seua història arribà als seus familiars perquè aconseguí tornar després de 27 anys exiliat, la major part del temps a la ciutat marroquina de Casablanca. Va morir 20 dies abans de l’atemptat a l’almirall Carrero Blanco, el desembre del 1973. El record de l’avi i el treball de la besnéta de Cazorla, una jove historiadora, han despertat l’interès per tot el que tinga a veure amb el tema de l’Stanbrook.  
 
També viatjaven, segons la llista oficial de les autoritats franceses, 372 infants, alguns d’ells nadons, i 328 dones. Degueren ser-ne alguns més. Sobta, sabent les condicions absolutament precàries en què es va realitzar el viatge de manca d’higiene, amuntegament, polls escampats per les mantes dels soldats que venien del front, carència d’aigua i aliment. Sense llocs, altrament, on fer les necessitats. A la bodega, l’olor d’humanitat devia ser insuportable, així com les estretors, l’angoixa i la incertesa dels adults barrejada amb les necessitats peremptòries dels més menuts. No foren 22 hores de viatge precisament còmodes. Però aquell era el passatge de l’esperança, dels tres milers de republicans que havien tingut la sort de partir la nit del 28 al 29 de març, entre les 10 i les 11, segons les diferents versions, aprofitant l’obscuritat i les condicions climatològiques. Tot just abans d’un bombardeig al port d’Alacant que, si s’haguera esdevingut uns minuts arrere, hauria pogut ser letal per a l’Stanbrook, vaixell que patia un perillós escorament per l’excés de càrrega. Ben mirat, que aquesta enorme pastera, com ha dit algú, poguera arribar 22 hores després amb la seua càrrega d’humanitat al port secundari de Mers-el-Kebir no deixa de ser un fet miraculós, si bé és cert que per a molts passatgers de l’Stanbrook en aquell moment començava una altra i de vegades llarga odissea.

Desesperança i mort al port. Abans de contar la segona part de la història dels passatgers de l’Stanbrook, tanmateix, tornarem al port d’Alacant, on milers de persones desesperades –es calcula que unes 15.000– incloent-hi molts soldats que encara conserven les seues armes, no saben que el carboner de Dickson és el darrer vaixell que eixirà d’allí. I en el cas que algun altre mercant s’hi haguera acostat per arreplegar gent, el resultat, segurament, hauria estat una batalla campal per aconseguir algun lloc per fugir. Una de les tristes anècdotes del moment és la del comandant comunista Narciso Julián, que arribà al port amb altres soldats, entre ells un mecànic que aconseguí reparar un petit vaixell pesquer. Amb tot, en escoltar el soroll del motor, una allau humana es llançà sobre l’embarcació i la va fer bolcar i enfonsar-se.
 
L’estat de nervis, la fam, la set, la desmoralització per la no arribada d’un vaixell salvador anava minant l’esperit d’uns aspirants a exiliats que, malgrat tot, mantenen un cert ordre. Si més no, entre aquella massa hi ha un grapat de les persones més preparades de la zona republicana, entre polítics, intel·lectuals, periodistes o sindicalistes. Els elements més ideologitzats tracten de mantenir la disciplina, però no poques persones albiren ja una destinació fatal. A poc a poc, comencen a produir-se suïcidis: gent que es llança a les roques o empra la seua arma per no enfrontar-se a la realitat que li espera. Algunes escenes són dantesques, com la d’un jove que es pega un tret al pit i, de retruc, mata un ancià a qui li arriba la bala. O la d’algú que puja als cables d’alta tensió per electrocutar-se. O de qui s’obri les venes a navalla. L’escriptor Max Aub relata l’escena d’un home que es pega un tret al cap i la seua sang esquitxa el plat de llentilles que menja un altre home al seu costat. La notícia que Casado i altres membres del Consejo Nacional de Defensa han embarcat a Gandia rumb a Marsella degué tenir també un efecte devastador de desmoralització. A l’horabaixa del dia 30 de març, les tropes italianes de la divisió Littorio entren a Alacant.
 
Els dies 30 i 31 s’obri una petita finestra a l’esperança: el general italià Gambara sembla disposat a permetre l’evacuació dels republicans a canvi de no ser rebuts a trets a la ciutat. Extraoficialment, el port és zona neutral, però el govern francès no dóna el vist-i-plau a permetre l’entrada en territori francès a cap fugitiu. Tot i això, alguns vaixells cridats pel Comitè Internacional d’Ajuda a Espanya s’acosten al port, però l’absència de marina de guerra britànica i francesa els fa desistir. Una autèntica tortura psicològica per als republicans que van abandonant l’esperança per degoteig. Quan les tropes italianes entren al Port, s’han produït mig centenar de suïcidis. Hi ha 16.000 captius, comptant 2.000 dones i xiquets. Alguns centenars seran reclosos al Castell d’Alacant i d’altres presons. La resta aniran al camp de concentració d’Albatera.
 
La segona odissea dels passatgers de l’‘Stanbrook’. Mentrestant, els republicans que sí que han pogut salpar arriben a Orà, on la rebuda de les autoritats colonials franceses no és cordial, precisament, i en un primer estadi no permeten el desembarcament. Hi ha reserves de caire logístic però, sobretot, per la ideologia del passatge: hi ha por d’una contaminació de les idees esquerranes. Tan sols deixen baixar algunes personalitats polítiques, ancians, dones i infants, un parell de centenars, que van a parar a un centre d’acollida.
 
La situació de mancança d’aliments i aigua a bord i les condicions sanitàries són preocupants. Per sort, a la zona hi ha una forta immigració espanyola, en alguns casos familiars dels passatgers, que assisteix amb aigua i aliments l’Stanbrook. Però són els estrats populars: les classes benestants espanyoles havien abraçat la causa franquista. A la segona setmana, fruit de la pressió popular, s’autoritza un desembarcament massiu per etapes. Al vaixell, la gent que resta ho fa en unes condicions deplorables i cada vegada més degradades. La por d’una epidèmia –hi ha un brot de tifus– obliga a desallotjar el vaixell i desinfectar-lo, el 27 d’abril, quan encara hi ha un miler llarg de persones a l’Stanbrook, que no són alliberades fins que se’ls abona una forta quantitat a les autoritats colonials per sufragar les despeses dels refugiats. Finalment, l’1 de maig del 1939, deixen marxar l’Stanbrook. Al cap de poc de temps, el 18 de novembre del 1939, el vaixell és afonat per un submarí a Anvers. Mor tota la tripulació, incloent-hi el capità Dickson.
 
La sort dels exiliats de l’Stanbrook és diversa: qui té família i refugi a Algèria, evita anar als camps de concentració. Alguns, molt pocs, poden embarcar a França o Amèrica. De la resta se’n fan dos grans grups: els combatents són traslladats als camps de Morand i Suzzoni, en els desolats paratges de Boghari i Boghar. Llocs immunds, on són sotmesos a condicions duríssimes i a una repressió brutal. Els més dèbils i malalts no sobreviuen. Mentrestant, els civils són internats en presons i camps.
 
El pitjor, amb tot, arribà amb el règim col·laboracionista de Vichy, que mamprèn una depuració dels elements més ideològics, els quals aïlla a l’infern de Djénien Bou, amb jueus i nacionalistes musulmans. Alguns republicans anaren a parar a camps de treball, sotmesos a una disciplina salvatge, i emprats per la construcció del Transsaharià, una línia fèrria entre Algèria i Senegal. Un periple brutal relatat al documental de Joan Sella Cautivos en la arena, produït per TVE.  Amb la caiguda de Vichy, els brutals directors d’aquells camps foren jutjats i condemnats. Els albergs i camps per a civils anaren tancant-se. Molts optaren per restar a Algèria. En acabat, tan sols uns 12.000 republicans pogueren fugir del terror franquista en aquells terribles dies de març del 1939.