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| Clemente Cerdeira Fernández |
El Faro Digital - Francisco Sánchez Montoya 12/9/15
La situación actual que están viviendo miles de refugiados que están
llegando a las costas europeas: 50.000 de ellos, sólo en julio. Huyen de
una guerra que comenzó en 2011. Ese éxodo nos retrotrae a unos
acontecimientos similares que vivieron numerosos ceutíes tras el final
de la guerra civil en 1939.
Según, los escasos documentos a los que
hemos tenido acceso, la gran mayoría recalaron en México, algunos en
Rusia, Orán y Francia, en campos de concentración como el Argeles. Donde
murieron por las deficientes y miserables medidas del gobierno
francés. Después, ironía del destino, muchísimos de ellos en
engrosarían las filas de la resistencia contra el ejército nazi.
Al
exilio fueron hombres y mujeres ceutíes de todas las edades, estratos
sociales y actividades profesionales. Tras el golpe del 17 de julio de
1936 las ciudades norteafricanas de Tánger, Casablanca y Orán, junto con
las peninsulares de Gibraltar y la costa malagueña, fueron las
primeras en acogerlos; después lucharon en los diferentes frentes
republicanos y al término de la contienda se exiliaron en diversos
países de Europa y América, dirigiéndose en especial hacia aquellos con
los que ya habían sido frecuentes los intercambios.
Francia y
México fueron los dos núcleos más importantes del exilio ceutí. Francia
acogió un mayor volumen, en gran medida procedente de una extracción
social media baja. Nada más atravesar la frontera en 1939 fueron
internados en campos de concentración, refugios y hospitales, sufriendo
de forma directa la II Guerra Mundial. Otros muchos se marcharon hacia
México, donde el presidente de aquel país, Lázaro Cárdenas, los acogió. A
este país fueron, en su mayoría, políticos, intelectuales y técnicos
cualificados como el periodista Camilo Ocaña Civantos y el profesor
Menahem Coriat, que durante la guerra civil ocupó un alto cargo en el
Gobierno de la República. El que fuera presidente del PSOE en Ceuta y
jefe de telégrafos, Rafael Jiménez Cazorla, el empresario Antonio Muñoz
González y el presidente de la sociedad cultural Septa y miembro
destacado de Izquierda Republicana, perito de aduanas, Juan Rueda Lara.
Otro ceutí destacado fue Francisco Llano de la Encomienda, quien el 17
de julio de 1936 ostentaba el cargo de capitán general de la IV Región
(Cataluña); meses más tarde fue nombrado jefe del Ejército de la
República en la zona Norte y al finalizar la guerra civil se exilió
en Francia y después, en 1940, en México, donde desarrolló una gran
labor pedagógica en el Ateneo Español, escribiendo dos libros de técnica
militar e historia de la contienda española, falleciendo en el exilio
en 1963.
Otro de los exiliados fue el diputado por Ceuta en 1936 y
catedrático de derecho, Manuel Martínez Pedroso, quien desde los
primeros momentos de la sublevación estuvo en Tánger. En junio de 1937
fue trasladado a Varsovia como delegado del Gobierno en sustitución de
Ruiz de Funes, promovido a embajador en Bruselas. Al término de la
guerra se exilió en México y allí formó parte de la institución Colegio
de México. Fue también profesor de teoría del estado internacional en
la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma. Igualmente participó
en la declaración de La Habana de profesores universitarios españoles en
1943 y durante nueve años asesor de la secretaría de relaciones
exteriores, colaborando en diversas revistas jurídicas, brillante
conferenciante y maestro por excelencia. Murió en la ciudad de México en
1958.
Ceutíes en los campos nazis
Seguramente
fueron muchos los ceutíes que sufrieron el castigo y el horror de los
nazis. Pero hasta el día de hoy, documentados sólo tenemos a Eugenio
Amador Mayano y a Enrique Mateo. Pese a los años transcurridos la
búsqueda de fichas de entradas y deportados es muy laboriosa. Una enorme
cantidad de españoles, entre ellos muchos ceutíes, combatientes o no,
se tuvieron que marchar de aquella España, en la que no tenían sitio.
Una gran mayoría se instalaron en Francia; pero sobre ellos, poco más de
un año después, se precipitó otro conflicto bélico que complicó más su
ya de por sí difícil situación: la invasión alemana de Francia. En la
ficha de los ceutíes podemos leer Eugenio Amador Mayano, fue deportado
el 27 de enero de 1941 al campo de concentración de Matauthasen, nació
el 6 de enero de 1906. Tras su detención estuvo en la XI-B
Fallingbostel, con el número de prisionero 6835. Fue ejecutado el 13 de
marzo de 1942. El otro ceutí Enrique Mateo, nació el 21 de marzo de
1926, ingreso en la prisión de Compiègne, el 2 de julio de 1944, siendo
deportado al campo de concentración de Dachau tres días después, tenía
el número 77.972, tras el fin de la guerra fue liberado, el 8 de mayo de
1945 se puso fin, con la derrota de la Alemania nazi, a la Segunda
Guerra Mundial. Estos ceutíes, contribuyeron a la defensa de Francia
contra la Alemania nazi. La derrota francesa llevó a miles de ellos a
caer prisioneros del III Reich; conocieron posteriormente un régimen
inhumano que les llevó a la muerte a la mayoría de ellos. A partir de
agosto de 1940 llegaron los primeros detenidos españoles a Austria y
hasta octubre de 1941 todos los transportes de detenidos españoles se
dirigían a Mauthausen.
Ceutíes refugiados en México, Rusia, Orán, Francia, Inglaterra…
Son
muchos los ceutíes que tuvieron que salir de su tierra, tras el
estallido del golpe militar en julio de 1936, y partieron dejando atrás
amigos, vivencias, familiares… En su gran mayori a Mexico, tendriamos
que destacar al presidente de aquel país, Lázaro Cárdenas, que se
identificó con sus ideales de libertad, soberanía y progreso, humanistas
y generosos, y se movió a lo largo de su vida de acuerdo a sus
principios. Un hombre congruente consigo mismo, consciente de sus
compromisos, que se sabía parte del movimiento social de su pueblo, fue
el Presidente de México que encontraron en su nueva tierra los exiliados
españoles.
Serian cuantiosas las referencias a los refugiados
ceutíes, y limitada esta colaboración, pero si tenemos que destacar, lo
realizariasmos con el diplomático ceutí, Clemente Cerdeira Fernández, a
quien la sublevación le sorprendió en Tánger por estar allí destinado
como primer secretario de la Embajada en la Legación Española, tenía a
toda su familia en Ceuta en la casa que poseían en la playa Benítez.
Por sus grandes conocimientos del mundo árabe fue muy presionado por los
sublevados para que se les uniera, y en vista de su negativa en más de
una ocasión intentaron su secuestro por parte de las tropas sublevadas, y
así lo relata el doble jefe de la policía internacional de Tánger,
Edmundo Carleston:
“… Una noche intentamos secuestrarlo y conducirlo
a Tetuán, por lo que fuimos en su busca al Hotel Maclean donde se
alojaba, al llamar a su puerta en lugar de abrirnos al decirle que
veníamos a protegerle, se hizo fuerte en ella y la cerró, y la forzó
por dentro negándose a abrirme. Después de lo ocurrido, Cerdeira pidió
al ministro republicano una vigilancia para su custodia personal”.
Como
consecuencia de dichas amenazas todos sus familiares fueron
incomunicados y puestos bajo vigilancia no sólo la mujer y los tres
hijos menores, sino el resto de los familiares de la esposa, los García
de la Torre, que también padecieron dicha situación. Todas las
propiedades que poseían en Ceuta y en el Protectorado, así como las
cuentas bancarias, fueron confiscadas. Mientras tanto, Cerdeira fue
destinado como cónsul general a Casablanca, donde permaneció hasta su
traslado a Inglaterra al Consulado General de Liverpool, donde, además
de sus funciones consulares, ayudó a los refugiados que huían desde
Asturias y del País Vasco. Intentó a través de la Cruz Roja
Internacional reunirse con su familia, pero sistemáticamente era
denegado el visado, falleciendo en la ciudad francesa de Niza un 4 de
mayo de 1944.
Doctora Castillo a México
Tras
el golpe del 36, la doctora ceutí Antonia Castillo Gómez, recibió un
escrito del delegado de Orden Público en diciembre de 1938, donde tras
recabar información a la falange local se le acusa de dar una
conferencia a las mujeres de los obreros en la Casa del Pueblo de Ceuta.
Ella, pese a ser la primera mujer médica en la ciudad y tener un gran
prestigio entre los ceutíes, sabe que sus horas como funcionaria están
contadas.
Cuando la doctora ceutí Antonia Castillo Gómez, tuvo que
salir de Ceuta en 1940, tras ser perseguida, represaliada y expulsada
como facultativa municipal, por las autoridades franquistas, emprendió
el camino de un exilio no buscado a México.
En 1945, la doctora
Antonia Castillo, prepara su traslado a Méjico. Unos años después viaja a
Nueva York siendo una pionera en el estudio del cáncer. Todo son éxitos
para la ceutí, pero añoran España y en 1966 emprende viaje de vuelta
junto con su marido. A principios de 1971, fallece.
Diana Bermúdez a Rusia
Cuando
la pequeña Diana recorría las calles de Ceuta en aquel verano de 1936,
de la mano de sus padres, nada le hacia presagiar que en pocos días
cambiaría su vida y la de su familia. Su padre José Luis Bermúdez-Reyna
de Madariaga era un reputado capitán aviador. Durante 1933 fue delegado
del Gobierno de la República en Ceuta. Su padre el 15 de agosto de 1936
fue sacado de la fortaleza del monte Hacho y ejecutado.
La madre de
Diana se encuentra sola con cuatro hijos, intentó por todos los medios
salir de Ceuta hacia Valencia donde estaba su familia. Consiguen que se
realice un intercambio en Tánger, organizado por la Cruz Roja
Internacional. Tras llegar a la ciudad internacional embarcarían en el
barco que hacia la travesía una vez por semana hacia el sur de Francia y
desde allí al pueblo valenciano de Russafa. Cuando todo parecía tener
una cierta normalidad, una mañana quedó marcada en la memoria de la
pequeña Diana, apenas tenia cuatro años: . Sus dos hermanos, José Luis y
Flavio, fueron enviados a la URSS en la madrugada del 13 de junio de
1937.
Catedrático Luis Abad ... Orán, México
El
profesor de filosofía del Instituto Hispano-Marroquí, Luis Abad
Carretero, pudo salir de Ceuta, antes de ser detenido, se exilió en
Orán, donde pasó numerosas penurias. Posteriormente a Francia y México,
donde llegó en 1940. Tras la Guerra Civil logro escapar de España, en un
barco repleto de refugiados que le llevó desde Alicante a la costa
argelina, para ser internado a continuación en el campo de concentración
de Bogharí.
En Orán, sobrevivió diez años dando clases de
español, ingles y matemáticas a alumnos de bachillerato, y gracias a la
venta de algunos cuadros pudo salir adelante. Cuando hacia 1950 Luis
Abad abandona Orán se dirige a Paris, donde va a permanecer casi cuatro
años más. Allí da clases de español, entre otros trabajos como profesor.
En 1953 Abad deja Paris rumbo a la capital azteca.
Finalmente,
transcurrido 18 años, se reencuentra con su esposa, Antonia Castillo,
junto a la que sólo había convivido seis meses después de su boda. Por
fin, los dos están juntos en Méjico, Luis Abad, participa en proyectos
del Colegio de Méjico, y en 1956 es nombrado profesor titular de la
cátedra de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma, y publica
varios libros y en las más prestigiosas revistas mejicanas.
Fue
uno de los iniciadores del Ateneo Español, donde tantos ilustres
escritores e intelectuales republicanos españoles se dieron cita. Sus
escritos están presentes en los prestigiosos Cuadernos Americanos,
destacando la publicación de varios libros de filosofía.