Mostrando entradas con la etiqueta carta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta carta. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de marzo de 2015

76 aniversario de la partida del Stanbrook por Helia Gonzalez

Helia González y Rafa Arnal
La Veu PV - Rafa Arnal 26/3/15
"El 28 de març de 1939 al voltant de 3000 persones eixírem del port d'Alacant amb un vaixell carboner, l'Stanbrook .../... el Capità Dickson i la seua vintena de tripulants ens portaren al port de Metz-el -Kebir, en Orá .../... Les condicions  d'amuntegament, de fred, de fam, de por, d'inseguretat per un futur incert configuraven la nostra situació. Però així mateix era l'única  esperança que ens quedava .../...  El patiment dels homes  en els camps de concentració fou indescriptible, la vida de les famílies a l'Algèria que ja es preparava a patir la fellonia del Mariscal Petain i la segona guerra mundial, fou de misèria i de  dolor. Molts de espanyols emigrants  i  molts de francesos ajudaren els exiliats que arribaren finalment, a portar una vida digna.

 Ens havíem alliberat de la repressió franquista, de segur que havia valgut la pena.

 Gracies pel vostre record.

 Hèlia"

domingo, 20 de julio de 2014

Cubren la estatua de Franco en Melilla por aniversario de la Guerra Civil

Foto cedida por la Asociación Pro Derechos Humanos, publicada en InfoMelilla.com
17-07-2014 / 21:01 h EFE
Varias entidades cívicas de Melilla han cubierto hoy con un lienzo negro la estatua de Franco con motivo del 78º aniversario del origen de la Guerra Civil para recordar a "las víctimas del franquismo", según ha informado la Asociación Pro Derechos Humanos de Melilla.

En un comunicado, la asociación ha explicado que en este acto han participado representantes de diversas entidades cívicas, que han cubierto con una tela negra "la estatua del dictador", y posteriormente la han atado con una cuerda alrededor del cuerpo de la efigie, ubicada a los pies del recinto amurallado de Melilla La Vieja.

También se han leído varios párrafos de una carta remitida por Carlota Leret O'Neill, hija de la periodista "represaliada" Carlota O'Neill, y del aviador Virgilio Leret, que se mantuvo leal a la República tras el estallido de la Guerra Civil Española, y que se considera que posiblemente fue el primer oficial ejecutado por los sublevados.

En dicha carta, Carlota Leret O'Neill pide que no se pase por alto que "el alzamiento militar que ensangrentó a España" fue una "tragedia" que "comenzó en Melilla", ciudad que "sigue siendo el reducto donde subsisten los herederos del franquismo y los vestigios de la dictadura".

Además, critica que "durante varios años, después de iniciada la supuesta transición a la democracia, Melilla siguió luciendo en su escudo el título de 'Adelantada en el alzamiento nacional', referencia que se eliminó recientemente.

Según la fuente, "las calles de Melilla aún recuerdan a varios falangistas" y "a la entrada del puerto y a los pies de las murallas de Melilla la Vieja, se levanta la única estatua de Franco que todavía queda en un espacio público de España, la única estatua de un dictador fascista que se puede ver en las calles y plazas de la Europa democrática".

El monumento de Francisco Franco ha suscitado varias polémicas en la ciudad autónoma en los últimos años, una de ellas hace casi diez años, cuando el gobierno local retiró la estatua de su lugar habitual para realizar unas obras de saneamiento, aunque siete días después volvió a ser colocada en otra ubicación cercana.

A la escultura le acompañan tres placas, una con un escudo franquista, otra con un escudo de la ciudad y otra con la inscripción "Al Comandante de la Legión D. Francisco Franco Bahamonde 1921-1977", que rememora su llegada a Melilla en 1921 para liberar a la ciudad de las tropas rifeñas de Abdelkrim.

domingo, 30 de marzo de 2014

Recuperando la Memoria Histórica de La Gomera: El brigada Francisco Más García

 
EL TAMBOR “REVISTA” DE LA GOMERA 29 de marzo 2014
La actitud armada que el pueblo de Vallehermoso adoptó ante el golpe de Estado de 18 de julio de 1936 fue única y excepcional en Canarias, fruto de la conciencia que en el período previo republicano caracterizó a la clase trabajadora para evitar los abusos de la clase dominante en la isla de La Gomera, que al ver amenazadas las escasas conquistas alcanzadas en cuanto a condiciones de trabajo, decide evitar la sublevación militar contra el Gobierno de la II República. En la mañana del 18 de julio el delegado del Gobierno en la isla, el médico Antonio Macía, se comunica telefónicamente con el brigada de la Guardia Civil de Vallehermoso, Francisco Mas García (en la foto con su esposa e hijos), para conocer su opinión del golpe militar, contestándole su posición como guardia civil de defensa del Gobierno constitucional. Diferente fue la actitud del alférez jefe de Línea de la Guardia Civil de Hermigua, José Soler Boluda, apoyando la rebelión y facilitando fusiles a la Falange de la localidad, que se apresta a ser el municipio más afecto al golpe de Estado. Mas García, mientras tanto, recibía el apoyo de organizaciones obreras y civiles de Vallehermoso.
 
Cuando el 23 de julio desembarcan en San Sebastián de La Gomera efectivos de Infantería y Guardia Civil procedentes de Tenerife con la intención de someter la isla, el brigada Mas informa al alcalde accidental, Ramón Cabrera Bernal,“nosotros, haciendo honor a nuestra historia y en nuestro deber, defenderemos la legalidad republicana”, según publican en 1986 Ricardo García Luis y Juan Manuel Torres Vera en Vallehermoso. El fogueo. Toma de conciencia popular, resistencia y represión (1930-1942), de Tagoror Ediciones, libro recomendable para conocer los antecedentes y circunstancias de la Guerra Civil y posterior represión en La Gomera, donde fueron claves los sucesos de Hermigua de 22 de marzo de 1933, que explican que este pueblo fuera el centro de la sublevación contra la República. Dicho día, con ocasión de una huelga general, fue herido el guardia civil José Garrote de Pedro, que sería luego nombrado comandante de puesto tras el golpe de Estado y proporcionaría apoyo a Falange.
 
Los Fascistas en Hermigua recibieron el apoyo de los guardias civiles del pueblo, tal y como se aprecia en esta foto
(Cuartel Viejo de Hermigua)
El 23 de julio de 1936 los militares sublevados intentan convencer primero al médico de Vallehermoso, Tomás Bencomo, para que se una al golpe, negándose, y luego al brigada Mas, que insistió en su deber de defensa del Gobierno. El 24 de julio el alférez Soler Boluda se traslada desde Hermigua a Vallehermoso, adelantándose al Ejército, con la intención de conseguir la adhesión de Francisco Mas, que éste niega. Se produce sobre las diez de la mañana un fogueo contra el cuartel y el pueblo hasta que agotada la munición por parte de los sublevados optan por la retirada. Los guardias civiles dispararon al aire unas diez veces, sólo con el noble propósito del brigada Mas de que los sublevados no avanzaran para evitar muertes innecesarias.
 
El 25 de julio llegan a la isla más de cien nuevos soldados y varios guardias civiles al mando del teniente coronel de la Guardia Civil Isidro Cáceres Ponce de León, telefoneando al brigada Mas, quien le informó que cumplía con su deber, si bien se ponía a sus órdenes, ofreciéndole que sólo a él se le pidieran responsabilidades y no le pasara nada ni a paisanos ni a sus guardias, a lo que contestó el teniente coronel que así sería bajo palabra de honor. Isidro Cáceres entendió el honor promulgando un bando en el que amenaza con pasar por las armas a todo aquel que no denunciara los nombres de quienes se mantuvieron fieles a la legalidad constitucional. El honroso brigada de la Guardia Civil, para tantos y tantos orgullo y referente del Cuerpo, fue detenido por Isidro Cáceres y llevado a Santa Cruz de Tenerife, y tras un Consejo de Guerra que se inicia en el Cuartel de San Carlos el 19 de agosto de 1936, el 22 es condenado a muerte y el 27 fusilado por un piquete de guardias civiles al mando de un teniente en el Barranco del Hierro de Santa Cruz de Tenerife.
 
Santa Cruz de Tenerife, madrugada del 27 de agosto de 1936
 
… “por fin, después de varios días de tormento llegó la hora trágica de la muerte. Me encuentro en capilla, acompañado de mis compañeros de suerte, Ramón Cabrera Bernal y Manuel Quintana Florentino. Los tres, si Dios no lo remedia, seremos fusilados dentro de dos o tres horas. Muero tranquilo y creyendo firmemente en la justicia de Dios”
 
… 25 de agosto de 1936: vuestra memoria me tritura el corazón, me lo despedaza, me hace perder el sentido de mi vida, os quedáis sin padre, sin su calor, sin su protección, sin sus caricias. ¿Qué será de vosotros? ¿Qué delito habéis cometido? ¡Qué felicidad sentía cuando entre mis brazos os paseaba, cuando os abrazaba y apretujaba, cuando os besaba!
Francisco Más García (Brigada de la Guardia Civil)
 
Artículo de José Vicente González Bethencourt

viernes, 23 de noviembre de 2012

“Estoy en Orán refugiado y pretendo dirigirme al gran país que V.I. representa”

Carta enviada por Fructuoso Salvoch
 
Manuel, hijo del aviador republicano Fructuoso Salvoch, evoca la figura de su padre a partir de la carta que éste envió para ser acogido por México
El País- Bernardo Marín - México- 19/11/12 
A las 9.50 del 29 de marzo de 1939, penúltimo día de la Guerra Civil, Fructuoso Salvoch Gárate, comandante de aviación del Ejército republicano, despegó a bordo de un avión Katiuska desde Albacete y abandonó su país junto a otros cinco compañeros con destino a Orán (Argelia), entonces territorio francés, donde aterrizó a las 11.35. Dejaba atrás, hechos trizas, 38 años de vida: a su mujer, Amparo Oncins, en un país al que él no podía volver, y a sus tres hijos, Paco, Manolín y Pili, en la Unión Soviética, adonde habían sido evacuados un año antes.
 
Salvoch no llevaba encima pasaporte alguno, solo el documento de sus superiores autorizándole a marchar al extranjero por sus servicios prestados. Su destino más probable era ingresar en la Legión Extranjera en un momento en que la descomposición de su país se extendía a toda Europa. Pero decidió probar suerte al otro lado del océano y el 11 de junio de 1939 tomó papel y pluma y con excelente caligrafía dirigió una carta al cónsul de México en Argel contando sus peripecias y pidiéndole asilo: “Me encuentro en Orán en calidad de refugiado y pretendo dirigirme al gran país que V.I. representa, donde tengo un hermano político, el cual me dice que vaya para allá y que bastará dirigirme a V.I. para obtener el pasaporte correspondiente”.
La misiva forma parte de las más de 7.000 solicitudes de asilo de republicanos españoles dirigidas al Gobierno de Lázaro Cárdenas que ha custodiado, prácticamente inéditas durante décadas, el Acervo Histórico Diplomático en la capital mexicana y a las que ha tenido acceso EL PAÍS.
 
Fructuoso Salvoch, fallecido en 1993, nunca volvió a ver su carta, pero ahora su hijo, aquel Manolín convertido a sus 79 años en don Manuel, presidente hasta hace cuatro meses del Colegio de Ingenieros Civiles de México, examina con emoción una copia del documento y evoca la odisea que llevó a su padre desde las costas de Argelia a las del Caribe.
 
Como en la película Casablanca, Fructuoso atravesó el desierto y llegó a la ciudad marroquí del mismo nombre. Allí pudo tomar un barco en el que cientos de judíos huían hacia América. Recaló primero en Cuba y finalmente pudo asentarse en México, a donde llegó en junio de 1942 y donde le esperaba su cuñado. “Mi padre no tenía convicciones políticas. Simplemente creyó que debía ser fiel a la República”, explica don Manuel. Con él apenas habló de la guerra: “Cuando pudimos reunirnos en México, yo asistía a las reuniones con otros aviadores, pero no me dejaba participar”. En América se reunió con su esposa, Amparo, y emprendió junto a ella diversos negocios, desde la venta de seguros a una juguetería pero no pensó en volver a volar. “El aparato que pilotaba fue derribado en una ocasión”, recuerda Manuel, “y él me hizo prometer que nunca sería aviador”.
La familia de Fructuoso, como tantas, se fracturó en 1936 y la mayoría de sus parientes abrazaron la causa de los sublevados. “No quería volver a su pueblo, Roncal, en Navarra, porque esa zona había sido partidaria entusiasta de Franco y temía un mal recibimiento. Así que tuve que engañarle. Una vez muerto el dictador le endosé un boleto de avión que había comprado para mí con la excusa de que me había surgido un inconveniente y no le quedó más remedio que viajar. Y allí le dieron la bienvenida con enorme cariño”, recuerda.
 
La vida de Manuel, como la de su padre, es también una novela. Casi literalmente, porque en 1997 su esposa, María Rosa Moral, hija también de refugiados españoles, decidió escribir la historia de su marido en un libro que tituló "Si no tienes voz, grita". El guion daría también para una película, si no fuera porque el argumento resultaría a ratos increíble, y arranca un día de 1937 cuando Manolín, entonces de cuatro años, se dirigía a su colegio en Barcelona junto con un compañero. Entonces se produjo un bombardeo y los dos niños fueron sacados de entre los escombros con sus manos entrelazados: el pequeño Salvoch vivo, su amiguito, muerto.
 
Sus padres decidieron entonces enviarlo a la Unión Soviética junto a sus hermanos. Allí murió el mayor de ellos, Paquito, y desde allí emprendieron en 1946 Manolín y su hermana pequeña, Pili, un larguísimo viaje para rencontrarse con sus padres, que habían podido reunirse en México. De Odessa, cruzando el Mar Negro, el Mediterráneo y el Atlántico, en barco hasta Nueva York. Y tras dos meses en la ciudad estadounidense, en autobús hasta Nuevo Laredo, en la frontera, donde recuerda su gran alegría al oír a todo el mundo hablar español.
 
De aquellos años en la URSS Manolín conservó el idioma ruso, que ahora no puede hablar con nadie, según se queja él mismo. Y otra carta, tristísima, la que tuvo que escribir un día de abril de 1944 para contar a sus padres la muerte de su hermano. Después de dar muchas vueltas, de relatar lo bien que le iba en el colegio a él y a su hermana Pili, en el quinto párrafo, el niño de 11 años, al fin se decidió a afrontar lo inevitable: “Queridísimo papá, a nosotros nos a ocurrido una desgracia. Se nos a enfermado nuestro queridísimo hermano y se me a muerto por eso no puedo decirte nada de él. Pero tú no le digas a mamá porque se disgustará mucho”.
 
Aquel niño de Rusia separado de sus padres por miles de kilómetros y una guerra mundial recompuso su vida y acabó diseñando algunas líneas del suburbano de la ciudad más grande del mundo. Su historia es la prueba de que no hay límite a la tragedia humana y a la vez de que nada está nunca definitivamente perdido. Fructuoso, el aviador, nunca quiso recordar la guerra, pero su hijo cree que es imprescindible: “Hay que saber todo lo que sucedió para que el perdón sea efectivo”.