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martes, 1 de septiembre de 2015

Le Maghreb sous la croix gammée



Depuis longtemps, l'historien américain Robert Satloff se demandait pourquoi aucun nom arabe ne figurait dans la liste des "Justes parmi les Nations" du mémorial de Yad Vashem à Jérusalem. Cinq ans de recherches au Maroc, en Tunisie, en Algérie et en Libye lui ont permis de publier en 2007 un ouvrage remarqué sur le sujet. Ce travail, également mené au Proche-Orient, est au coeur de ce documentaire.

La situation était différente selon les pays : les Allemands occupant la Tunisie et les Italiens la Libye ont rapidement interné des juifs autochtones dans des camps. Alors que, malgré les pressions de Vichy, Mohammed V au Maroc réussit à protéger les juifs marocains et que les imams algériens interdirent aux fidèles de profiter de la liquidation des biens juifs. Des sites des anciens camps de travail aux domiciles de personnes qui furent sauvées par des voisins et amis, les informations recueillies montrent qu'il serait "juste" qu'un hommage soit enfin rendu à ces musulmans courageux.

jueves, 30 de octubre de 2014

Alejandro Moreno, un gomero en los campos de concentración nazis

Supervivientes en el campo de concentración de Mauthausen / Foto: United States Holocaust Memorial Museum
Fallecido en 1941, este vecino de Hermigua fue uno de los canarios muertos en Mauthausen- Gusen

domingo, 14 de septiembre de 2014

¿No se retirará el escudo franquista del Monolito de Ceuta?

 
Francisco Sáchez Montoya - El Faro Digital 14/9/14
Hace escasamente unas semanas se dio a conocer el proyecto de reforma del “Monolito del Llano amarillo”, comparto la postura de las autoridades municipales de que el monumento no se derribe, y se adecue al momento histórico. Pero en lo que no estoy en nada de acuerdo, y según deduzco, después de varias conversaciones, que el escudo (Águila) franquista que corona el monolito no se quitará. En este sentido
 
estoy en total desacuerdo, se debería suprimir y trasladarlo a un museo de la Ciudad, tal y como indica la Ley de Memoria Histórica.

El citado Escudo es claramente el utilizado por la dictadura, que tras el golpe militar lo había recuperado en 1938 de la iconografía heráldica de los Reyes Católicos (incluidos el yugo y las flechas), sustituyendo las armas de Sicilia por las de Navarra, añadiendo las columnas de Hércules coronadas y una cinta con la divisa "una, grande y libre", tal y como aparece en el monumento de nuestra ciudad.

Tendríamos que recordar que este “monolito del llano amarillo”, cuando fue inaugurado era un monumento a las maniobras militares que se celebraron en el Protectorado Oriental en la zona de Ketama, entre el 5 y el 12 de julio de 1936, organizada por el Gobierno de la República. Incluso cuando se inauguró en 1940, se podía leer la leyenda “12 de julio de 1936”.  Pero cuando se trasladó a Ceuta en 1962, lo transformaron en símbolo de la sublevación y victoria contra el poder constitucional. El carácter que tenía se cambió en Ceuta, se alteró la fecha pasando el 12 al 17 de julio 1936 y se añadió diferentes símbolos propios de los sublevados.

Tiene carácter arquitectónico y patrimonial de cierta importancia. En la memoria de la reforma se puede leer. “La restitución natural suplirá la ausencia de la rotura de la cualidad que configura el actual talud de reflejar una voluntad conmemorativa”. A grandes rasgos, los trabajos supondrán la eliminación de la escalinata que arranca al pie de la carretera.

El citado monumento, como bien escribió Bravo Nieto, es una de las obras más emblemática y tal vez la más conocida fuera del ámbito de la ciudad. Se trata de un amplio conjunto monumental constituido por una escalinata en varios niveles que permitía una ascensión, tanto física como visual hacia el monolito de 15 metros de alto que formaba el núcleo fundamental de la obra con una elaboración de imágenes procedentes de varias corrientes, aunque primaban las futuristas. El monolito asume una imagen muy geométrica y a la vez dinámica.

El Monumento fue obra del arquitecto Francisco Herranz, cursó sus estudios en la Escuela de Arquitectura de Madrid. El 13 de octubre de 1924 fue nombrado arquitecto municipal de Zamora, allí realizó el anteproyecto del Plan General de Ensanche de esta ciudad. Su trabajo en Zamora terminó cuando fue nombrado en 1929 arquitecto de Construcciones Civiles de Obras Públicas y Minas de la Alta Comisaría de España en Marruecos. Durante estos años realizó múltiples obras en Melilla, debido a que su trabajo diario lo desempeñaba en la vecina ciudad marroquí de Nador. La sublevación militar del 36 provocó su traslado a Tetuán. Debido a sus problemas de salud, el arquitecto abandonó repetidamente su puesto en la ciudad marroquí para desplazarse a la península. Finalmente, en junio de 1944, Hernanz pidió un año de excedencia y tras agotar ese plazo se asentó definitivamente en Madrid. De quien también se puede destacar su obra en Castillejos (Marruecos) donde construyó en 1939 la iglesia de Nuestra Señora del Carmen

En el proyecto de la adecuación histórica de este Monolito del Llano Amarillo, se plantea que la situación actual y por el excesivo coste económico que pudiera representar, el obligado derribo y posterior reconstrucción de los muros actuales y la reposición de sus aplacados y cumbreras”. En lugar de tal alternativa, lo que se plantea es devolver a esa zona de subida al monte Hacho, sin que afecte al paisaje. Los alrededores del monolito se acondicionarán con la construcción de un muro de contención de treinta y cuatro metros lineales al pie del talud “para contener los restos que serán enterrados en esta cuneta con aportes de tierras naturales de la ajardinada restauración”.
 
Pintadas reclamando amnistía
Este monumento en varias ocasiones ha sido pantalla de reivindicaciones sociales y políticas. La primera pintada reivindicativa de libertades contra el régimen se llevó a cabo en 1958, cuando el monumento todavía estaba en la zona de Ketama (Marruecos). En la península el partido comunista llevaba a cabo allá por 1958 una importante campaña a favor de la liberación de los presos políticos y por la democracia. Andréu un conocido exiliado entró en contacto con el grupo del PCE de Tánger y les propuso llevar a cabo una acción simbólica que recordase a todos los confiados tangerinos que sus compatriotas de la Península luchaban todavía por la libertad. Decidieron que las mayores repercusiones se podían alcanzar con una acción contra lo que a su vez representaba el mayor símbolo del franquismo, el monumento del Llano Amarillo, en Ketama. Y hace unos años el monumento tuvo una nueva pintada reivindicativa. Los autores reclaman la supresión de los símbolos del régimen franquista que quedan en las calles con leyendas como ‘No monumentos fascistas’ y ‘No más recuerdos de la barbarie’.
 
Simbología del Franquismo
Claramente el escudo (Águila) del monolito en Ceuta es del régimen franquista, por lo tanto se debe quitar, para adecuarse a la Ley. En muchas ocasiones puede llevar a la confusión con el de los Reyes Católicos que fue recuperado, en parte, por la dictadura. En el de los monarcas se aprecian los cuarteles de Dos Sicilias, así como el águila, el yugo y las flechas. Pero el de época franquista cambia las armas del reino de las Dos Sicilias por los símbolos de Navarra, se incorporan a ambos lados las columnas de Hércules con las palabras latinas “Plus Ultra”, además del “Una, grande y libre” y se mantuvo el Águila de San Juan.  

El Monolito se trasladó a Ceuta tras la Independencia de Marruecos, un centenar de camiones participaron en el transporte. El 26 de mayo de 1962, el Alcalde y Jefe falangista Ibáñez Trujillo y el teniente general Galera, colocan la primera piedra. Firmaron el inicio de las obras, siendo el acta depositada en el interior de una caja de plomo con una colección de monedas y ejemplares de los periódicos El Faro de Ceuta, Arriba y ABC. Se une a la existencia ya en el interior de esta misma caja la colocada en la fecha de la primera inauguración en la zona de Ketama en 1940, con los diarios ABC, Gaceta de África, Telegrama del Rif y el Faro de Ceuta.

El desmontaje del monumento en el valle del Llano Amarillo en Ketama se comenzó el 26 de diciembre de 1961, finalizando dos meses después. Fueron dos mil novecientas piedras con un total de trescientas toneladas. El 24 de abril de 1963, se llevó a cabo la inauguración, dejando constancia en el acta firmando que se cedía el monolito a la ciudad. En el acta de cesión se puede leer: “Tengo el honor de comunicar a que de acuerdo con la propuesta formulada en su escrito de fecha 8 de diciembre de 1962 se autoriza la entrega del monumento del Llano Amarillo al municipio de Ceuta, a cuyo cargo correrán las obras correspondientes a las obras de urbanización del citado monumento”. La banda de música del Tercio interpretó varias marchas militares, también estaba presente una centuria de las organizaciones juveniles de Falange.

Al inaugurarse en Ceuta, se añadieron escudos, se cambió la fecha y símbolos propios de la dictadura, era un hecho que durante la dictadura, se incorporó la cartela de diferentes iconos franquista,  junto con otros motivos heráldicos que añaden a los del escudo tradicional de España (armas de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada, y las Columnas de Hércules con la cartela Plus Ultra) otros tomados del escudo de los Reyes Católicos: el águila de San Juan y el yugo y las flechas que también tomó la Falange. La simbología del franquismo es el conjunto de símbolos que se utilizaron como referente icónico para identificar visualmente al régimen y a las personas e instituciones que se identificaban con él, y marcar la apropiación simbólica de lugares emblemáticos.

La parafernalia simbólica del franquismo se originó durante la Guerra Civil, tras su exaltación a la jefatura del Estado, adoptando en buena medida la desarrollada en los años anteriores por Falange Española de las JONS, a la que se sumó la de los tradicionalistas o carlistas. A pesar de la retirada de algunos de estos símbolos en los primeros años de la Transición, destacadamente los grandes emblemas de yugo y flechas de la emblemática Casa Sindical en Ceuta.

 La ley denominada Ley de Memoria Histórica (aprobada por el Congreso de los Diputados el 31 de octubre de 2007 establece la retirada de estos símbolos, obligando a las instituciones públicas a ello, y privando de ayudas a las instituciones que no las retiren. Fue objeto de particular redacción lo referente a los símbolos que puedan afectar a la Iglesia Católica, introduciéndose una salvaguarda por razones religiosas, junto a la que exceptúa a los monumentos con valor artístico.
 
Evolución del Escudo en España
El primero de los escudos que puede considerarse en alguna medida como Escudo de España es el que, con el águila de San Juan como soporte, adoptaron Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón en 1475. El escudo se diseñó adoptando el modelo establecido por Fernando III al unir los reinos de Castilla y León en 1230, en el que en un escudo cuartelado se alternaban los emblemas de ambos reinos. En el nuevo escudo, las armas de Castilla (de gules, y un castillo de oro, almenado de tres almenas, con tres homenajes, el de en medio mayor y cada homenaje también con tres almenas, mamposteado de sable y aclarado de azur) y León (de plata y un león de púrpura, coronado de oro, lenguado y armado de lo mismo) se alternan con las de Aragón (de oro y cuatro palos de gules) y las Dos Sicilias (partido y flanqueado, jefe y puntas de oro y cuatro palos de gules, flancos de plata y un águila de sable, coronada de oro, picada y membrada de gules). A partir de 1492 se añade entado en punta con el emblema del recién conquistado reino de Granada (de plata y una granada al natural, rajada de gules, tallada y hojada de dos hojas de sinople)...
 

martes, 24 de junio de 2014

Ceutíes en la División Azul

 
Francisco Sánchez Montoya El Faro digital.es 22/6/14
Cuando apenas se cumplían cinco años del golpe militar del 36, en el verano de 1941, varios cientos de jóvenes ceutíes marcharon al frente del Este, el escenario más sangriento de la Segunda Guerra Mundial.
 
La invasión alemana de la Unión Soviética era para ellos la continuación de la Guerra Civil en otros frentes. Pero más allá de cuáles fuesen las motivaciones que llevaron aquellos jóvenes a enrolarse voluntariamente en semejante empresa, y muchos de ellos jamás regresaron a su tierra.

La despedida se realizó en el estadio Alfonso Murube, fue un 8 de julio de 1941. Destacando en esta aventura belicista el alcalde Jacinto Ochoa y el concejal Tejero Benito, entre otros. Apenas un año después están de vuelta, y en el salón del trono el alcalde franquista Vidal Fernández, junto a los miembros de la falange local le rinde un homenaje, con la acostumbrada misa y ofrenda floral en la Cruz que se construyó, en la puerta de la catedral.  

Abría que realizar un trabajo de investigación para recabar más datos sobre cuantos ceutíes formaron parte, su identidad, en los frentes que estuvieron destinado, así como el número de bajas… en un suelto encontrado en la prensa, que hay que tratar con toda cautela,   se escribe que salieron 1.682 soldados y 63 oficiales que, por su experiencia en combate, tenían muy poco que ver con el resto de la fuerza expedicionaria -la mayoría, voluntarios falangistas-.

Muchos al volver estaban enfermos y a los pocos años fallecieron a consecuencia de las calamidades que pasaron en tierras del Este. Entre los escasos documentos localizados tenemos lo publicado en el boletín Oficial de Ceuta, del 14 de Mayo de 1942, donde se incluye una resolución del Ayuntamiento, que dice: “Hacer constar en acta el sentimiento de la Corporación por el fallecimiento del Teniente de la División Azul don Ignacio Sánchez de Bilbao y trasladar este acuerdo al padre del finado, Excmo. Sr. General Jefe del noveno Cuerpo de Ejército y Delegado del Gobierno en esta ciudad”.
 
 La cifra exacta de los enrolados no se tiene, pero se baraja que en torno a 46.500 españoles tomaron parte, hasta que concluyó la misión en otoño de 1943, de los que se estima que 5.000 perdieron la vida a causa del combate y de las duras condiciones meteorológicas del invierno ruso.

Tenemos el testimonio de un sargento de Regulares destinado en la ciudad y que luchó en la División Azul, el testimonio lo recogemos gracias a la Fundación Saber.es. Félix Robles Martínez estaba destinado en Ceuta cuando su compañía fue elegida. Todos los militares que formaron parte de este contingente se reunieron en Madrid el 16 de julio de 1941 para salir, vía Hendaya, a la Europa en guerra, recuerda el sargento ceutí. “Era el día del Carmen y en Madrid no funcionaban ni los taxis. Habían ido a verme mi madre y mi padre, pero no fueron capaces de encontrarme y me fui sin despedirme de ellos. La primera parada de aquel viaje fue en un campamento nazi, donde los soldados españoles de Muñoz Grandes éramos adiestrados en la lucha, juraban fidelidad a Hitler e, incluso, aprendíamos a combatir la guerra química”.

De ese modo, la vida de estos jóvenes ceutíes pasó de la agradable temperatura de la ciudad a la gélida estepa. Y el aliado más cruel, como tantas veces se ha dicho, fue el invierno, terminando su recordatorio el joven sargento de Regulares: “Tuve que masajear a muchos compañeros las piernas y los brazos. Todo se les quedaba congelado. Hasta la sangre parecía morada bajo la piel. Murieron muchos que no tenían que haber muerto... Después de cruzar Europa en busca de la guerra, después de padecer la crudeza del invierno polaco, quedaba, en el mejor de los casos, el viaje de vuelta: «Yo no volví derrotado de Alemania. Fui repatriado en 1943, después de que me liberaran de mi juramento a Hitler”.
 
Historia de historias
Una buena parte de los voluntarios ceutíes recibieron un homenaje en el salón del trono del Palacio municipal, las imágenes del archivo municipal de Ceuta, que acompañan a este reportaje dan buena cuenta de ello, fechadas el 5 de agosto de 1942. Para trasladarnos a esos años tenemos que ponernos en situación e imaginarnos el ambiente belicista y eufórico que se respiraba en la Europa de la época y más en concreto en la España franquista llena de represión.

Y hubo represaliados políticos por el régimen franquista, como el actor Luis Ciges, hijo del gobernador civil de Ávila fusilado en 1936, a quien no permitieron continuar estudiando Bachillerato y que recibió como solución su alistamiento en la División Azul.

Según el autor del libro "La División Azul, Rusia, 1941-1944", Jorge M. Reverte, los silencios y las preguntas entre los combatientes eran la tónica en su viaje a la estepa rusa "¿cómo podemos soportar tanto sufrimiento si no sabemos cuál es nuestro objetivo? ¿Es más noble nuestro propósito que el de los soldados alemanes? ¿Qué nos distingue de ellos?". Martínez Reverte estudia la División Azul como "una historia de historias, la historia de un viaje que empieza el 22 de junio de 1941 en Madrid, en una ciudad que a la vez, se muere de hambre y de tifus".

El autor repasa la historia de los voluntarios españoles que engrosaron las tropas hitlerianas en el frente ruso. El 13 de julio de 1941, miles de personas despedían a los primeros voluntarios españoles dispuestos a batallar en la II Guerra Mundial. Adolf Hitler había autorizado la incorporación de tropas franquistas y el dictador español accedió a aportar voluntarios. Tras semanas de instrucción en Grafenwöhr, cerca de Múnich, se formó la 250º división alemana formada por 18.000 hombres.

Durante los tres años que duró la misión viajaron a Rusia unos 47.000 soldados, mandados por los generales Muñoz Grandes, primero, y Esteban-Infantes, después. Sin embargo, el entusiasmo por la lucha contra los comunistas giró a la vez que el sentido de la guerra.

Aunque la dictadura franquista no intervino oficialmente en la Segunda Guerra Mundial, el dictador envió a voluntarios españoles para que se unieran a la Wehrmacht. De este modo, podía mantener la neutralidad española mientras simultáneamente compensaba a Hitler por su ayuda durante la Guerra Civil Española. El ministro español de Asuntos Exteriores de la época, Ramón Serrano Súñer, creó un cuerpo militar, al principio de la Operación Barbarroja, y Franco envió una oferta oficial de ayuda a Berlín. Hitler aprobó el uso de los reclutas españoles el 24 de junio de 1941. El reclutamiento se detuvo cuando se alcanzaron efectivos suficientes para formar una división, cuyos elementos serían jefes y oficiales voluntarios provenientes del Ejército español, reclutados en jefaturas provinciales de toda España.

Hubo quienes se alistaron en la División Azul por no haber podido participar militarmente en la Guerra Civil, como el caso del falangista Dionisio Ridruejo, poeta y contribuyente a la letra del "Cara al Sol", al que convencieron para ser Director General de la Oficina de Propaganda de Franco en lugar de ir al frente como tantos otros falangistas. Los integrantes de la División Azul partieron de España con los uniformes de sus unidades de origen, del Ejército de Tierra o de las milicias de la FET y de las JONS. Al llegar a Alemania y recibir el uniforme de la Wehrmacht, los falangistas se negaron a dejar la camisa azul, que llevaban en sustitución de la reglamentaria, por lo que la división se empezó a conocer como División Azul.
 
En 1945 vuelven los prisioneros
La II Guerra Mundial terminó en 1945, pero para algunos españoles duró diez años más. Cuando todos los prisioneros de guerra de las potencias beligerantes habían sido ya liberados, quedó un residuo de 300 españoles en los campos de concentración de Rusia. Y eso que España no había participado en la contienda mundial... Hubo que esperar a que se muriese Stalin para negociar a través de la Cruz Roja la repatriación de los últimos de la División Azul. Casi un año justo después del fallecimiento del zar soviético, el Semiramis, un destartalado buque griego con bandera de conveniencia panameña, recogió en Odessa una carga de hombres que habían vivido la más amarga de las experiencias: la de sentirse olvidados por la historia, presos sin límite de condena en las duras condiciones de los campos soviéticos. Aquellos oficiales que mandaban a esas tropas eran militares de carrera de ideas falangistas y veteranos de la Guerra Civil. Uno de los personajes más interesantes fue José Miguel Guitarte, consejero nacional y jefe del SEU en el momento del alistamiento, en julio de 1941. Otros dirigentes del SEU que combatieron junto a Guitarte fueron su secretario general, Jesús Gutiérrez, el Secretario General del Servicio Profesional, José María Moro y el Secretario General del Servicio Exterior, José Hernández Cuevas.