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domingo, 17 de julio de 2016

80 años de la sublevación militar en Melilla


Memoria Pública 14/7/16
En realidad, no fue el 18, fue el 17. Y no fue en España, sino en el Protectorado de Marruecos y nació matando. Los militares que venían conspirando contra el Gobierno de la República no las tenían todas consigo, pues no faltaban notorios conspiradores que daban la impresión de nadar y guardar la ropa, entre ellos, el mismo general Franco, comandante general de Canarias. Una profunda desconfianza, una permanente sospecha y algunos enfrentamientos a tiros habían enrarecido el aire de los cuarteles y obligado a posponer en varias ocasiones el día de la rebelión. El “El Director”, el general Mola, había exigido el empleo de la máxima dureza, o sea, fusilamiento con o sin consejo de guerra, contra quienes se opusieran a la acción una vez emprendida. Pero al escribirlo pensaba en las autoridades republicanas, en los dirigentes de partidos de izquierda y de los sindicatos obreros, no en sus conmilitones. La insurrección, proyectada para las primeras horas de la mañana del 18 de julio, se fraguo geográficamente en el Archipiélago Canario y comenzó, sin embargo, antes de lo previsto en Marruecos, con el tiro a bocajarro a los jefes indecisos, allí mismo, en los despachos de los cuarteles, entre voces y griterío.

La primera víctima, el general Romerales, marcó la norma futura: para garantizar el éxito había que liquidar, como primera providencia, a los jefes y oficiales que declaraban su lealtad al Gobierno legalmente constituido o que se mostraban remisos y dubitativo. Esas fueron las primeras víctimas del alzamiento del 18 de julio de 1936, no fueron los gobernadores civiles, ni los alcaldes, ni los diputados a Cortes, ni los miembros de partidos políticos de izquierdas o de sindicatos obreros, sino los generales con mando en el Ejército, uno de los ellos fue Virgilio Leret. En la Base de Hidroaviones del Atalayón, a pocos km de la ciudad, el comandante Leret Ruiz fue uno de los pocos que logró resistir a los sublevados. Durante varias horas hasta que agotó la munición, momento en que él y sus pocos hombres se vieron superados ante los 2 tabores de regulares que fueron enviados para conquistar la base. Aquella fue la última resistencia en Melilla. El comandante Leret fue fusilado. El modo de rebelión que se llevó a cabo en Melilla fue el modelo que en adelante se siguió en el resto del Protectorado de Marruecos y más tarde en España.

El miércoles 15 de julio Franco recibe en Santa Cruz de Tenerife la noticia de que el avión Dragon Rapide que ha de trasladarle al Protectorado español de Marruecos para encabezar el Ejército Español de África que está previsto que se subleve el sábado 18 de julio, ya se encuentra en la aeródromo de Gando en la isla de Gran Canaria. Se traslada allí por vía marítima desde la isla de Tenerife sin levantar sospechas gracias a que tiene que asistir al entierro del general Amado Balmes, comandante militar de Las Palmas, que acaba de morir de un tiro de su propia pistola, con toda seguridad asesinado ya que era leal a la República y Balmes no iba a ser impedimento para Franco. A primeras horas del sábado 18 de julio el general Franco sale del hotel donde ha pasado la noche y se dirige a la Comandancia Militar de Las Palmas desde donde proclama el estado de guerra en todo el archipiélago. Todos los edificios oficiales son tomados por los militares sublevados y los gobernadores civiles de las dos provincias son detenidos. En Las Palmas se declara la huelga general pero el intento de algunos grupos de obreros de llegar al Gobierno civil es impedido por las fuerzas militares. En Santa Cruz de Tenerife, donde se encuentra el general Orgaz por haber sido desterrado allí por orden del gobierno, la resistencia obrera al golpe es mayor y las tropas han de salir a la calle. Ese mismo día 18 de julio se da a conocer en Tenerife un Manifiesto redactado por el general Franco en el que justifica el alzamiento militar y que termina con vivas a España y al “honrado pueblo español”. A mediodía el archipiélago canario está bajo el control de los sublevados.

Ahora el camino estaba libre. Franco sabía que los que los efectivos militares facciosos que se alzaron en la Península fue de hecho muy limitada, por lo que los golpistas tuvieron que recurrir necesariamente al Ejército de Marruecos para dominar la situación. Trasladados en barcos y aviones alemanes llegaron a las costas andaluzas cinco unidades de fuerzas regulares indígenas marroquíes del protectorado, más la Legión la tercera parte de la cual estaba formada por extranjeros: en total, 20.000 hombres disciplinados y combativos. El desembarco en España de aquel contingente de tropas mercenarias y extranjeras alteró profundamente el equilibrio de fuerzas y aterrorizo psicológicamente al país. Dejaron un recuerdo terrible de asaltos a sangre y fuego, saqueos (tenían derecho al pillaje y botín de guerra), violaciones y matanzas. Agradecido por su ayuda , Franco, decretó «un aumento de la soldada para las fuerzas indígenas de Marruecos y los legionarios, que con tanto entusiasmo se han unido al Movimiento». La primera recompensa concedida por el general Franco al principio de la guerra fue para el gran visir de Tetuán, Sidi Ahmed El Ganmia, a quien condecoró personalmente con la Cruz Laureada de San Fernando, la máxima condecoración militar española.

Se expresaba así oficialmente el reconocimiento para con aquellos que habían constituido la fuerza de choque inicial y decisiva. o es ninguna osadía afirmar que la participación de la fuerza militar marroquí fue decisiva en la guerra, y que favoreció que se inclinara la balanza a favor de los generales alzados frente al Ejército de la República, inferior en cuadros de mando y en efectivos. Franco pudo hacer la guerra gracias a estas tropas antes de recibir la ayuda de Hitler y Mussolini en armamento militar pagado por el mallorquín Juan March. Este lamentable cúmulo de circunstancias internacionales y la sangrienta matanza de generales, jefes y oficiales del Ejército español, fieles a la República y asesinados en el curso de aquella triste jornada en Melilla, constituyen lo que los vencedores llaman el “alzamiento nacional” y los vencidos golpe de estado. Una diferencia importante: la sublevación contra un gobierno elegido por el voto popular y un caudillo elegido por la gracia de Dios.

domingo, 20 de julio de 2014

Cubren la estatua de Franco en Melilla por aniversario de la Guerra Civil

Foto cedida por la Asociación Pro Derechos Humanos, publicada en InfoMelilla.com
17-07-2014 / 21:01 h EFE
Varias entidades cívicas de Melilla han cubierto hoy con un lienzo negro la estatua de Franco con motivo del 78º aniversario del origen de la Guerra Civil para recordar a "las víctimas del franquismo", según ha informado la Asociación Pro Derechos Humanos de Melilla.

En un comunicado, la asociación ha explicado que en este acto han participado representantes de diversas entidades cívicas, que han cubierto con una tela negra "la estatua del dictador", y posteriormente la han atado con una cuerda alrededor del cuerpo de la efigie, ubicada a los pies del recinto amurallado de Melilla La Vieja.

También se han leído varios párrafos de una carta remitida por Carlota Leret O'Neill, hija de la periodista "represaliada" Carlota O'Neill, y del aviador Virgilio Leret, que se mantuvo leal a la República tras el estallido de la Guerra Civil Española, y que se considera que posiblemente fue el primer oficial ejecutado por los sublevados.

En dicha carta, Carlota Leret O'Neill pide que no se pase por alto que "el alzamiento militar que ensangrentó a España" fue una "tragedia" que "comenzó en Melilla", ciudad que "sigue siendo el reducto donde subsisten los herederos del franquismo y los vestigios de la dictadura".

Además, critica que "durante varios años, después de iniciada la supuesta transición a la democracia, Melilla siguió luciendo en su escudo el título de 'Adelantada en el alzamiento nacional', referencia que se eliminó recientemente.

Según la fuente, "las calles de Melilla aún recuerdan a varios falangistas" y "a la entrada del puerto y a los pies de las murallas de Melilla la Vieja, se levanta la única estatua de Franco que todavía queda en un espacio público de España, la única estatua de un dictador fascista que se puede ver en las calles y plazas de la Europa democrática".

El monumento de Francisco Franco ha suscitado varias polémicas en la ciudad autónoma en los últimos años, una de ellas hace casi diez años, cuando el gobierno local retiró la estatua de su lugar habitual para realizar unas obras de saneamiento, aunque siete días después volvió a ser colocada en otra ubicación cercana.

A la escultura le acompañan tres placas, una con un escudo franquista, otra con un escudo de la ciudad y otra con la inscripción "Al Comandante de la Legión D. Francisco Franco Bahamonde 1921-1977", que rememora su llegada a Melilla en 1921 para liberar a la ciudad de las tropas rifeñas de Abdelkrim.

jueves, 21 de julio de 2011

"La herencia franquista amenaza con otra cruzada"

Carlota Leret O´Neill, en la calle dedicada a su padre en Parla por ser inventor





Carlota Leret O'Neill Hija del primer fusilado del golpe de Estado de julio de 1936

El primer fusilado del golpe militar de julio del 36 era de Iruñea. Ocurrió hoy hace 75 años en Melilla. Virgilio Leret Ruiz fue un militar que en cuatro intentos de sublevación luchó por la democracia republicana, lo que le costó dolor y cárcel. Carlota Leret O'Neill es su hija menor

Deia.com / I. Gorriti - Lunes, 18 de Julio de 2011
Bilbao. Hoy es un día triste para Carlota Leret O'Neill, quien tuvo que exiliarse a Venezuela desde que los golpistas dictaron matar a su padre. Pese a advertir de que "nos amenazan con una tercera cruzada", defiende el lema de aquel navarro: "Aurrera, beti aurrera!".

¿Qué ocurrió aquel 17 de julio de 1936?

Era el jefe de las Fuerzas Aéreas de la Zona Oriental de África y tenía su sede en Melilla. El 17 de julio de 1936, a las cinco de la tarde, fuerzas indígenas, comandadas por oficiales españoles, asaltaron la base. La posición ideológica, constitucionalista, de Virgilio Leret era conocida y, por lo tanto, para los golpistas esa era una de las posiciones militares que debían dominar. Además, por su ubicación, era un obstáculo para su paso hacia Melilla. Cuando a mi padre y sus compañeros se les acabaron las municiones, se vieron obligados a capitular.

Era un republicano convencido: sufrió expedientes y juicios por negarse a apoyar la sublevación de Ramón Franco en Cuatro Vientos, la 'Sanjurjada', el bienio negro y el golpe militar de Melilla, donde le mataron.

Siguiendo las instrucciones de Mola, todo elemento de izquierdas, que era lo mismo que decir toda persona de ideas progresistas, debía ser eliminado. Al amanecer del día 18, el capitán Leret fue fusilado en la base del Atalayón por un pelotón que los militares golpistas formaron con sus propios subordinados: estaba semidesnudo y tenía un brazo roto. Mi madre, mi hermana y yo, estábamos a trescientos metros, ignorando que nos quedábamos huérfanas. Su cuerpo lo montaron en un camión y lo llevaron hasta un sitio desconocido.

Leret era famoso por inventar un motor a reacción pionero.

Diseñó un motor a reacción, original y revolucionario para su época, al que denominó Mototurbocompresor de Reacción Continua, cuyos planos finales están firmados en el Castillo del Hacho (Ceuta) en enero de 1935, lugar donde estaba confinado a cumplir una pena de dos meses y un día por reclamar el incumplimiento del Decreto que prohibía hablar de política a los militares. Este invento fue patentado en el Registro de la Propiedad Industrial de Madrid, el 28 de marzo de 1935, bajo el número 137729.

Era de Iruñea. Le recuerda con un sentimiento navarro muy arraigado

Nació en Pamplona y vivió en Pamplona; se educó en Pamplona hasta que cumplió los 15 años, cuando entró en la Escuela Militar de Toledo. De allí, de Pamplona, eran sus recuerdos de niño y de adolescente; esa fue su tierra natal, que impregnó su identidad. En ningún otro lugar de España o Marruecos permaneció tanto tiempo.

Hablaba castellano, árabe y francés. ¿Decía algo en euskera?

"Aurrera, beti aurrera". Estas palabras están escritas al final de unas reflexiones filosóficas-políticas que hizo en una hoja manuscrita y que conservo conmigo. Además, tocaba el violín y escribió libros con el seudónimo del Caballero del Azul.

Le fusilaron con 33 años. Usted suele visitar el cementerio de Melilla, donde no está. ¿Qué siente allí?

Mi madre, la escritora Carlota O'Neill, quien después de dos consejos de guerra estuvo presa casi cinco años en el penal de Victoria Grande de Melilla, mi hermana y yo nos habíamos prometido no volver jamás a Melilla. En 2000 se dieron unas circunstancias que me indicaron que todo aquello que se había dicho sobre la muerte de mi padre era falso. Ese año regresé y he vuelto en busca de verdad. Lloré ante el osario militar, donde supuestamente estarían los restos de mi padre. Pero nunca estuvieron allí. No sabemos qué hicieron con su cuerpo.

Melilla le revuelve…

Para mí, Melilla es el museo del horror, con sus monumentos a los golpistas, los nombres de sus calles que recuerdan a los falangistas, y todo aquello que sigue igual a como estaba cuando murió Franco. Lo único que han hecho, en estos años de supuesta democracia, es destruir o dejar que se pierdan los lugares donde sufrieron torturas, dolor y muerte aquellos hombres y mujeres que fueron perseguidos por sus ideas democráticas.

Tuvieron que exiliarse. ¿Cómo fue aquel viaje a Venezuela?

Fue un capítulo más de nuestra azarosa y desgraciada vida. Lleno de dificultades y, a la vez, de situaciones prodigiosas. No sentí ninguna nostalgia al ver cómo nos adentrábamos en el mar y la tierra española se alejaba, sentí el aire de la libertad, a pesar de que todavía no sabíamos si podríamos entrar en Venezuela, debido al pasado rojo de mi madre.

¿Cómo vivirá el 18 de julio (hoy)?

Con tristeza. Un día triste. Viendo cómo en España aún subsisten y crecen todas aquellas ideologías nazi-falangistas, exterminadas en Europa en 1945; las mismas que fueron la base de la dictadura de Franco hasta 1975. En España todas esas ideologías, muy hábilmente, se escondieron detrás del juego de la democracia, pero hoy, vuelven a revivir y nos amenazan con una tercera cruzada.