Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francia. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de noviembre de 2015

Batalla del Norte de África. La Guerra del Desierto



20 oct. 2013
Batalla del Norte de África - The Lost Evidence

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Campaña en África del Norte, también conocida como la Guerra del Desierto, tuvo lugar en el desierto de África del Norte, a partir del 10 de junio de 1940 y hasta el 16 de mayo de 1943. Incluyó campañas en Libia y Egipto (Desierto Occidental), en Marruecos y Argelia (conocida por los Aliados como Operación Torch) y en Túnez.

La campaña se produjo entre las potencias del Eje y las Aliadas. Los esfuerzos de guerra principales fueron dominados por la Commonwealth y por exiliados de la Europa ocupada, hasta que los Estados Unidos entraron en la guerra el 11 de mayo, proporcionando ayuda directa a las fuerzas aliadas en el Norte de África.

La lucha en el Norte de África empezó con la ocupación del italiano Fuerte Capuzzo por fuerzas británicas en junio de 1940. Esto fue seguido por una ofensiva italiana y una contraofensiva británica. Cuando los italianos sufrieron terribles derrotas, el Afrika Korps alemán (mandado por el mariscal de Campo Erwin Rommel) acudió en su ayuda.

Después de una serie de batallas de tira y afloja por el control de Libia y de algunas partes de Egipto, las fuerzas británicas (bajo el mando del general Bernard Montgomery) empujaron a las fuerzas del Eje hacia Túnez. A mediados de 1942, con los desembarcos Aliados de la Operación Torch en el Noroeste de África (al mando del general Dwight Eisenhower), y después de algunos enfrentamientos contra las fuerzas de la Francia de Vichy (que posteriormente se unieron a los Aliados), la Commonwealth y las fuerzas norteamericanas llevaron en un movimiento de tenazas a las fuerzas del Eje al norte de Túnez, donde fueron obligadas a rendirse.

lunes, 19 de octubre de 2015

Entrevista a Fatima Besnaci, hija de harki, historiadora y miembro del Consejo Científico del Memorial de campo de Rivesaltes


Le Mémorial du camp de Rivesaltes ouvre ses portes

info.arte.tv/fr 16 octobre 2015 Richard Bonnet
|
Espagnols, juifs, Tziganes, prisonniers de guerre allemands et italiens, harkis, puis étrangers en situation irrégulière ont hanté le camp de Rivesaltes dans le sud de la France. Un mémorial vient d'être édifié sur le site. Il est inauguré vendredi 15 octobre.


Espagnols, juifs, Tziganes, prisonniers de guerre allemands et italiens, harkis, puis étrangers en situation irrégulière ont hanté le camp de Rivesaltes dans le sud de la France. Un mémorial vient d'être édifié sur le site. Il est inauguré vendredi 15 octobre. - See more at: http://info.arte.tv/fr/le-memorial-du-camp-de-rivesaltes-ouvre-ses-portes#sthash.p6vUWuls.dpuf
Le Mémorial du camp de Rivesaltes ouvre ses portes
Le Mémorial du camp de Rivesaltes ouvre ses portes



"On a découvert un camp au milieu de nulle part. Un camp, ce n'est pas la France !" Interview de Fatima Besnaci, fille de harki, historienne et membre du conseil scientifique du Mémorial du camp de Rivesaltes En 1962, année de l'indépendance de l'Algérie, Fatima Besnaci a huit ans. Ses parents et quatre frères et sœurs perdent leur nationalité française et deviennent algériens comme tous les habitants de l'ex-colonie mais dans un pays qui est largement hostile aux harkis. Après le départ des français, de nombreux harkis, ces supplétifs engagés dans l'armée française de 1958 à 1962, sont exécutés par les partisans de l'indépendance. C'est le cas du grand-père de Fatima Besnaci qui est tué quelques mois après le départ des français, événement qui va précipiter le départ de sa famille vers la France en novembre 1962. Elle arrive au Camp de Rivesaltes le 10 novembre 1962, camp qui compte 10 000 internés, la deuxième "ville" des Pyrénées-Orientales après Perpignan. Elle passera 17 ans dans des camps de harkis.





Traducción del francés Estación Orán-Wahrān وهران 
En 1962, año de la independencia de Argelia, Fátima Besnaci de ocho años. Sus padres y cuatro hermanos pierden su nacionalidad francesa de Argelia y llegan a ser como todos los habitantes de la antigua colonia, pero en un país que es en gran parte hostil a los harkis. Después de la salida de los franceses, numerosos harkis, estos auxiliares que intervienen en el ejército francés de 1.958 a 1962, están a cargo de los partidarios de la independencia. Este es el caso del abuelo de Fátima Besnaci que murió unos meses después de la salida de los franceses, un evento que precipitará la salida de su familia a Francia en noviembre de 1962. Llegó al Camp de Rivesaltes el 10 de noviembre 1962, el campo cuenta con 10.000 internados, la segunda "ciudad" de los Pirineos Orientales después de Perpignan. Ella pasó 17 años en los campamentos harkis.

domingo, 26 de abril de 2015

El desprecio oficial a la memoria de Rodolfo Llopis

Las autoridades posan con la familia Llopis tras la inauguración de la calle. FOTO: VALÉRIE JUAN
Derrotada la República, Llopis fue el organizador desde Francia y Argelia de la salida de los últimos refugiados que abandonaron España a bordo del mítico Stanbrook rumbo a Orán
 
Ningún representante del Consell acude al homenaje en Toulouse al pedagogo y sindicalista alicantino y sólo el Consell Valencià de Cultura se pone en contacto con la familia
 
C. A.. 17/04/2015  Culturplaza.com
VALENCIA. Sólo acudirá el cónsul. El Consell no se ha dado por aludido. Tan solo el Consell Valencià de Cultura se ha puesto en contacto con la familia para felicitarles y mostrarles sus respetos. Toulouse inaugura este viernes una calle dedicada al político alicantino Rodolfo Llopis (Callosa d'En Sarrià, 1895 -Albi, 1983), y mientras su patria le dará la espalda.
 
Llopis recibe el afecto del país vecino ante la indiferencia y desinterés del gobierno español y del autonómico. Quien fuera secretario general del PSOE y presidente de la UGT en el exilio es recordado en Francia más de treinta años después de su desaparición, mientras en España su nombre es olvidado por las instancias oficiales. Si en 1994 fue la localidad francesa de Albi, donde falleció, la que le rindió tributo bautizando con su nombre una calle, más de dos décadas después es Toulouse la que hace lo propio.
 
Junto a la familia de Llopis se encontrarán miembros de las productoras valencianas eme eme, ONAIR y Visual que están realizando un documental sobre esta "tan poco conocida como importante figura", según lo describe Francesc Picó. Director y guionista del filme, Picó se encuentra en Toulouse desde hace una semana siguiendo la huella que allí ha dejado Llopis.
 
Pedagogo, político, sindicalista, personaje clave en muchos momentos de la historia de España y aún de Europa del siglo XX, Llopis protagoniza una película que contará con la participación de su familia, historiadores y, sobre todo, con testimonios directos de algunos de los hechos narrados en Francia y en España, como los de Alfonso Guerra, Nicolás Redondo, Pablo Castellano, José Martínez Cobo, Manuel Simón o Amadeo Calzada.
 
La realización y montaje de la película corre a cargo de Xavier Cortés, la dirección de fotografía es de José Luis González; la documentación y redacción, Ferran Pérez; mientras que la producción ejecutiva es de Francesc García Donet y la producción de Juan José Martínez.
 
Relataba este jueves Picó que ya han realizado algunas de las entrevistas más relevantes, como la de Alfonso Guerra, y añadía que el acto de este viernes, el de la inauguración de la calle, supondrá un momento importante en una película que esperan contribuya a paliar el profundo desconocimiento que hay en torno al pedagogo alicantino.
Hijo de un sargento de la Guardia Civil que marchó a la guerra de Cuba, Llopis pasó su infancia y primera juventud en Alicante, donde a los 15 años ya obtuvo su primer título de maestro elemental. En 1911 se trasladó con su familia a Madrid y es allí donde completó su formación como docente, con una decisiva estancia de dos años, entre 1912 y 1914, en la ciudad francesa de Auch, donde ejerció como lector de español en su Escuela Normal.
 
Próximo a las nuevas corrientes pedagógicas y al pensamiento socialista, Llopis obtuvo en 1919 la cátedra de Geografía en la Escuela de Magisterio de Cuenca, donde ocupó su primer cargo público como concejal por el PSOE. Es de hecho en esta ciudad donde sí cuenta con una calle con su nombre, algo que no acontece en Valencia, donde no hay rastro de su memoria.
 
En los años previos a la proclamación de la República, Llopis desarrolló una intensa actividad pedagógica y sindical que le llevó a recorrer buena parte de Europa y América del Sur. Con este bagaje, ocupó la Dirección General de Enseñanza Primaria durante el bienio progresista de la República, desde donde reformó profundamente y en todos los ámbitos el sistema educativo y lo convirtió en un servicio público, laico y universal, con unos planteamientos de modernidad prácticamente inéditos en la Europa de su tiempo.
 
Diputado por Alicante durante toda la República, abandonó la Dirección General por la Ley de Incompatibilidades de 1933, regresando a la docencia y a la actividad política. Alineado con la corriente de Largo Caballero, ocupó bajo su presidencia la Subsecretaría de la Presidencia del Gobierno entre 1936 y 1937. En este año, contrajo matrimonio en Francia con una joven profesora del Lycée Français de Madrid, la albigense Georgette Boyé.
 
Derrotada la República, Llopis fue el organizador desde Francia y Argelia de la salida de los últimos refugiados que abandonaron España a bordo del mítico Stanbrook rumbo a Orán. Pese a tener domicilio en Albi, como tantos republicanos españoles sufrió la ocupación nazi en Francia. Se negó a acogerse al refugio que el gobierno mejicano le ofrecía y permaneció en Francia, donde padeció confinamiento vigilado en diferentes poblaciones, lo que no impidió su participación en la Resistencia.
 
Acabada la Guerra Mundial, emprendió la tarea de reagrupar la diáspora socialista española desde Toulouse, donde se instaló el PSOE del exilio en la histórica sede de la Rue du Taur. En 1944 fue elegido secretario general de partido y posteriormente vicepresidente y presidente de la UGT. En 1947, Martínez Barrios, tras el traslado de las instituciones de la República en el exilio de Méjico a París, le encargó la formación de Gobierno y sustituyó Giral en la Presidencia del Gobierno.

Durante todo el exilio, Llopis se dedicó con ahínco a mantener la unidad de los socialistas españoles y a desplegar una intensa actividad para aislar internacionalmente al régimen franquista. Así, participó en la fundación del Consejo Federal Español del Movimiento Europeo, que más tarde presidiría; fue vicepresidente de la Internacional Socialista, estuvo presente en todos los congresos internacionales del socialismo político y sindical, formó incluso parte del conocido como Contubernio de Munich.
 
A medida que el fin de la dictadura se acercaba en España con la agonía de un decrépito Franco, las tensiones entre el socialismo del exilio, mantenido desde la República, y las nuevas generaciones de socialistas, mayoritariamente del interior, se agudizaron hasta el Congreso de la UGT de 1971, que desbancó de la dirección a Llopis y el definitivo congreso de la escisión que los renovadores celebraron en Toulouse en agosto de 1972, al que Llopis ni asistió ni reconoció. Tras dos años de controversias, la Internacional Socialista reconoció la legitimidad del Congreso renovador, dando paso al histórico Congreso de 1974 en Suresnes que eligió a Felipe González como Secretario General.
 
Masón desde junio de 1923, miembro de la Logia Ibérica número 7 de Madrid perteneciente al Grande Oriente Español, fue nombrado segundo vicepresidente del Gran Consejo Federal Simbólico, el máximo órgano de gobierno del Grande Oriente Español, y perteneció en el exilio a la Logia Reconstrucción en Toulouse y posteriormente a la Logia Franklin Roosevelt en Montauban ambas organizadas por exiliados españoles y bajo los auspicios de la Gran Logia de Francia.
 
Ya octogenario, Llopis obtuvo su pasaporte español y regresó en 1976 por primera vez tras 37 años a Alicante y a Madrid, en un emotivo viaje acompañado de su hijo. Su segunda y última visita a España se produjo con motivo de las primeras elecciones democráticas, cuando cedió a la invitación de los socialistas históricos para presentarse como candidato al Senado por Alicante, acta que no consiguió. El 21 de julio de 1983, a los 87 años de edad, murió en su residencia de Albi.
 
Con motivo del homenaje de Toulouse, la consejera Ana Noguera pidió al presidente del Consell Valencià de Cultura, Santiago Grisolía, que remitiera una misiva a la familia. Esta carta es la única nota oficial que recibirá el hijo de Llopis, el único gesto de reconocimiento por parte de las instituciones valencianas a un hombre único cuyo recuerdo será evocado hoy en Francia. En España no. Nadie. Ni el Gobierno ni, sorprendentemente, nadie de su propio partido o sindicato.
 
En su muro de Facebook, Picó escribía esta semana que echaba en falta la presencia de representantes del PSOE o de la UGT. "Vergüenza por la desmemoria y por las lecciones que todavía podemos aprender de un hombre que diseñó, entre otras cosas, la más importante reforma educativa que nunca ha conocido España", escribía.

lunes, 30 de marzo de 2015

Les camps d’Afrique du Nord

 
Nota: Para leer la noticia en otro idioma se puede usar el traductor colocado en la columna lateral desde la misma página-web
 
24 aout 1944 - 8 février 2015 Marie Rafaneau
À l’origine, les camps d’Afrique du Nord ne sont pas à proprement parlé des camps répressifs mais, très vite la situation va se dégrader. Le dénuement des premiers temps, responsable de situations difficiles, n’a pas le temps de s’améliorer. Très vite, ces camps vont glisser d’une logique d’enfermement à celle d’une mise au travail forcé des internés, pour finalement s’inscrire, sous le gouvernement de Vichy, dans une logique de répression et d’exclusion.

Lorsqu’en mars 1939, les derniers évacués de la zone sud-est de l’Espagne, qui ont cherché refuge en Afrique du Nord, atteignent les côtes du Maghreb, la situation qu’ils rencontrent rappelle celle vécue, au début de l’année, par les exilés de la Retirada. L’improvisation est toujours là, mais, plus que partout ailleurs, l’ambiance générale leur est encore plus défavorable, car si, comme en métropole, la population, en particulier, celle d’origine espagnole, reste très divisée, les autorités ne cachent pas leur haine des « rouges ».
 
Créés pour y interner les combattants des derniers évacués de la zone sud-est de l’Espagne, de l’ordre de 10 à 12 000 réfugiés, composés essentiellement de militants et de cadres de l’administration, qui ont pu s’embarquer avant l’arrivée des troupes Italiennes et franquistes, les camps d’Afrique du Nord sont d’autant plus improvisés et dépourvus d’installations, que les autorités ont été rétives à leur ouverture.
 
L’arrivée de ces quelques milliers de « rouges » est loin d’être appréciée. Leur séjour est d’autant plus redouté que, dans leur grande majorité, ils sont très politisés. Toutefois, l’accueil va être variable en fonction du lieu où les bateaux accostent.

 En Tunisie et au Maroc (limité en raison de la proximité du territoire sous contrôle franquiste), les exilés vont généralement bénéficier d’une plus grande liberté que ceux arrivés en Algérie, en particulier, dans l’Oranie où la prédominance d’une colonie d’origine espagnole, fait craindre à la fois une « hispanisation » de la région et l’émergence de conflits entre pro républicains et pro nationalistes. Ainsi à Oran, où la municipalité va fêter la victoire nationaliste, les autorités vont tout faire pour éviter leur débarquement et, faute de mieux, les évacuer au plus vite vers d’autres régions.
 
Après des mises en quarantaine variables, les civils sont provisoirement abrités dans des centres d’accueil improvisés (ancienne prison civile d’Oran, anciens docks et marabouts installés sur le port, à Ravin blanc, réservés aux hommes) ou évacués vers des centres d’hébergement plus éloignés.

Excepté Ben Chicao, la plupart de ces centres sont situés dans la région d’Orléansville. Les plus importants : Carnot plutôt réservé aux regroupements familiaux dont les conditions sont légèrement meilleures, et Beni Hindel (Molière) destinés aux femmes et aux enfants. L’improvisation constatée quelques mois plus tôt en métropole est également à l’ordre du jour. En revanche, l’absence de réquisitions de locaux pour des hébergements collectifs, obligent les autorités à recourir aux installations militaires, d’où l’importance de réfugiés placés dans des camps sous contrôle militaire par rapport aux centres d’hébergement sous administration civile. [1]
 
En règle générale, les conditions de vie et d’hygiène sont déplorables. Compte tenu de la fréquence des situations d’insalubrité régulièrement dénoncées, les réfugiés sont déplacés de centres en centres dans des conditions également difficiles et pour un résultat nul car ces mouvements ne résolvent rien.
Toutefois, ces conditions aussi pénibles soient-elles, n’ont rien de comparables avec celles des camps d’internement.
 
Parmi ces camps, [2], Cherchell où sont dirigés en priorité les intellectuels et les francs-maçons, et à l’écart des villes, ceux réservés aux miliciens : Relizane (ancienne caserne dans la région de Mostaganem) et au sud d’Alger (Blida) le camp Morand près de Boghari qui abrite quelques 3 000 internés au début de l’été 1939 et le camp Suzzoni à Boghar. Dans ces deux derniers camps, souvent regroupés sous le même nom de « camp de Boghar », les conditions de vie sont plus dures que partout ailleurs en raison notamment d’une surpopulation, et d’un régime d’austérité aggravé par les conditions climatiques.
 
En mai 1939, un rapport du CICIAER (Comité International de Coordination et d’Information pour l’Aide à l’Espagne Républicaine) mentionne : « ils manquent de tout… Avec la chaleur, cela nous permet d’affirmer que pas un homme ne pourra résister dans ces conditions. Ils sont voués au désespoir, à la maladie et à la mort ». [3]
 
Avec l’entrée en guerre, ces camps vont progressivement se militariser, les quelques civils internés à Boghar vont être dirigés vers Cherchell, et ceux de Relizane vers l’ancienne prison d’Oran. À Boghar, les miliciens maintenus sur place sont bientôt rejoints par les suspects de subversion, en particulier les communistes après le pacte germano-soviétique. Pour mieux les contrôler des mesures spécifiques sont prises touchant à la fois à la militarisation des camps et dès l’été 1939 à l’organisation des premières compagnies de travailleurs.
 
Les Compagnie de travailleurs étrangers (CTE) en Afrique du Nord
En avril 1940, ils sont environ 2 500 dans les CTE pour toute l’Afrique du Nord. En Algérie, ils sont surtout utilisés pour la réfection des routes, l’extraction du charbon dans les mines de Kenadza et la construction du « transsaharien » (voie ferrée qui devait relier l’Afrique du nord [Colomb-Béchar] à l’Afrique occidentale [Niger-Mali]). Perdu en plein désert, ce chantier, commencé lors de la Première Guerre mondiale qui a cessé en 1918 avec le rapatriement des prisonniers allemands, peut être repris grâce à l’utilisation de ces nouveaux esclaves. Les conditions, déjà terribles, ne vont cesser de s’aggraver. Logés dans des marabouts, ces travailleurs forcés vont faire rapidement connaissance avec les calamités naturelles de la région : les variations thermiques, le sirocco, ce vent chaud chargé de sable qui peut devenir une véritable torture, les habitants du désert parmi lesquels les scorpions, les serpents, les araignées... et la soif épanchée dans le meilleur des cas par une eau fétide et chaude ! C’est là que commencent les dysenteries, les crises de paludisme, les diarrhées... Cayetano Zaplana se souvient de ces cris, déchirant la nuit, des malades qui vont aux tinettes, où ils se font dévorer par les mouches. [4]
 
Même les punitions surpassent celles de la métropole. Ici, le cuadrilátero consiste en un espace au-dessus duquel on tend une toile à environ trente centimètres du sol. Dans cette fournaise, le puni peut être maintenu plusieurs jours ! Et toujours la faim et la soif ! Et pas la moindre lueur d’espoir de fuir cet enfer, car celui qui parvient à éviter les fléaux naturels du désert ne peut se soustraire à la vigilance des horribles goumiers à la solde de l’armée française, qui, plus rapides que l’éclair, pourchassent les évadés et les livrent contre une misérable récompense.
 
Pourtant, le pire reste à venir. Sous le gouvernement de Vichy, les CTE sont transformées en GTE (groupement de travailleurs étrangers), véritables bagnes conçus dans une logique d’exclusion. Commence alors une nouvelle génération de camps où les conditions sont cette fois criminelles. Les Espagnols ne sont plus les seules victimes. Leurs rangs vont se grossir des punis des camps de métropole, des opposants et des victimes du régime de Vichy. Les fascistes notoires, tant civils que militaires, qui, le 29 mars 1939, saluaient la victoire franquiste, vont pouvoir assouvir leur haine des « rouges », sans aucune retenue.
 
Toute l’Afrique du Nord a abrité des camps. Il y en a eu en Tunisie : El Guettar, Gafsa ; au Maroc : Bou-Arfa, Ain-el-Ourak, Settat, Tandrara (plutôt réservé aux internés juifs), Méridja (chantiers des mines de charbon de Djerada et du transsaharien qui prend le nom de « Méditerranée-Niger ») à la frontière Algéro-Tunisienne, mais les principaux et les plus nombreux étaient en Algérie. Outre ceux de la première période, citons les plus tristement connus : Oued-Akrouch, Berrouhaghia, Colomb-Béchar, Djelfa ; les terribles prisons de Maison carrée à Alger et surtout du fort Caffarelli, et les camps disciplinaires dont celui d’Hadjerat M’Guil, dans le Sud algérien, où sont envoyés les détenus qui se rebellent. À la fin de la guerre, les responsables de ce dernier camp seront jugés et exécutés comme tortionnaires, ayant pratiqué des méthodes dignes d’un camp nazi.
Notes
[1] Ces centres seront fermés dès le 1er mai 1940 après incorporation des hommes internés dans les CTE.
[2] Sur les camps en Afrique du Nord, voir :
- Anne Charaudeau, L’exil républicain espagnol : les camps de réfugiés politiques en Afrique du Nord, in Italiens et Espagnols en France 1938-1946, colloque international, Paris, CNRS, 28-29 novembre 1991, sous la direction de Pierre Milza et Denis Peschanski.
- Andrée Bachoud, Bernard Sicot (coord.), Sables d’exil : Les républicains espagnols dans les camps d’internement au Maghreb 1939-1945, ouvrage collectif in Exils et migrations ibériques au XXe siècle n° 3 nouvelle série (BDIC/CERMI/CRIIA), Perpignan, éd. Mare Nostrum, 2009.
[3] Rapport du docteur Weissman-Netter in Deux missions internationales visitent les camps de réfugiés espagnols (mai 1939), Paris, CICIAER, 1939.
[4] Cayetano Zaplana, Recuerdos de ayer, témoignage recueilli le 15 septembre 1988 par le CIRA (Centre international de recherche sur l’anarchisme), de Marseille. Voir bulletin du CIRA n° 29-30, février 1989, Pépita Carpena, Daniel Dupuy, Antonio Téllez, Les Anarchistes espagnols dans la tourmente, 1939-1945.

martes, 26 de agosto de 2014

9ª Compañía Republicana Española “La Nueve”

 
 
La 9ª Compañía del Regimiento de la Marcha del Chad
 
Sin nadie esperarlo el 24 Junio de 1940 Alemania conquistaba Francia, desfilando las tropas del Tercer Reich triunfales por las avenidas de París. Mientras tanto los puertos del África Occidental Francesa en Marruecos, Argelia y Senegal eran un completo caos, pues miles de refugiados se apelotonaban en los muelles junto al desierto. Entre estos había muchísimos exiliados republicanos españoles de la Guerra Civil Española (1936-1939) que se habían quedado fuera de España con el triunfo de Francisco Franco.
 
Antes de suceder esto, la campaña de Noruega puede considerarse como la primera acción de los republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial. Precisamente en Escandinavia un grupo de 700 hispanos encuadrados en la Legión Extranjera Francesa se enfrentaron a los alemanes que terminaron por conquistar el país nórdico.

En cuanto los alemanes comenzaron la invasión de Francia, más de 15.000 soldados españoles exiliados hicieron frente inútilmente al Ejército Alemán (Wehrmacht), ya fuera en la Legión Extranjera o la mayoría en batallones de trabajo que cavaban trincheras. Antes de rendirse Francia, un grupo de republicanos resistió notablemente en la posición Bray-les-Dunes hasta que fueron capturados. Con la humillante retirada de Dunkerque, la Marina Real Británica (Royal Navy) logró evacuar de Francia a 2.000 combatientes republicanos españoles, cayendo prisioneros de los germanos 7.000 de ellos. De los evacuados a Inglaterra, curiosamente un puñado se alistaría en el Ejército Británico y participaría en la batalla y también en la derrota de Creta en Grecia.
 
Pero la historia de los republicanos españoles contra Alemania realmente comenzó en el verano de 1940 cuando muchos de ellos huyeron de la Francia de Vichy de Philipe Pétain, atravesando el peligroso desierto y las tierras en África hasta reunirse en las colonias británicas y belgas e incorporarse a la nueva Francia Libre del general Charles De Gaulle. En 1942 se creó el Cuerpo Franco-Africano (Corps Franc D’Afrique), una formación regular compuesta en gran parte por españoles. La primera vez que los españoles entraron en combate contra el Afrika Korps de Erwin Rommel compuesto por tropas alemanas e italianas fue en Diciembre de 1942 a lo largo de diversas campañas en Bir Hacheim, Egipto, Sudán y Túnez. Durante la primera mitad de 1943 los republicanos españoles lucharon con ardor en los riscos y desiertos arenosos de Túnez hasta finalmente el 7 de Mayo de ese año conquistar la ciudad portuaria de Bizerta, siendo esa su última actuación en África.
 
La División Blindada “Leclerc” nació en Mayo de 1943 bajo mando del general Philipe d’Hauteclocque Leclerc en el Chad, estando compuesta por 16.000 hombres, de los cuales 2.000 eran españoles. Los republicanos españoles tuvieron la opción de escoger entre la División Blindada “Leclerc” de carácter gaullista o la Legión Francesa del general Henri Giraud de carácter giraudista, decantándose la gran mayoría por la “Leclerc”. La 9ª Compañía del Regimiento de la Marcha del Chad, más conocida como “La Nueve” o “La Española”, se formó por españoles exiliados al mando del líder francés Raymond Dronne. La mayor parte de los españoles eran republicanos, comunistas, anarquistas, del POUM catalán o incluso muchos de derechas descontentos con Franco, mientras que otros procedían como desertores de colonias o campos de concentración marroquís y argelinos.
 
En Septiembre de 1943 la 9ª Compañía Española fue transferida a Rabat en Marruecos, allí se la dotó de armamento norteamericano procedente de los Estados Unidos. Se la aportaron 160 tanques Sherman M4, 280 carros de combate Stuart M3 y Greyhound M8, camiones Dodge, GMC, Brockway, Diamond y también muchos jeeps Willy. Algunos de los nombres españoles que les dieron a los tanques fueron muy curiosos, por ejemplo se les denominó “Madrid”, “Guadalajara”, “Teruel”, “Belchite”, “Brunete”, “Ebro”, “Don Quijote”, “España Cañí” y “Guernica”, además de algunos nombres franceses como “Montmirail”, “Champaubert”, “Liberation”, “Les Cosaques” o “Romilly”; también se intentó bautizar a un carro de combate como el anarquista Buenaventura Durruti, pero los franceses no lo permitieron, por lo cual le pusieron “Le Pingöunis”. A todos los tanques españoles se les permitió colgar banderas de la II República, así como los colores republicanos rojo, amarillo y morado en los hombros del uniforme.
 
Soldados españoles de la 9ª Compañía en un jeep
 
La División “Leclerc” con la 9ª Compañía se trasladó de Marruecos a Gran Bretaña en el buque británico HMS Franconia. El 6 de Junio de 1944 se llevó a cabo el desembarco de Normandía, aunque allí participaron algunos españoles, la 9ª Compañía se quedó en Inglaterra. Finalmente la noche del 31 de Julio al 1 de Agosto, la 9ª Compañía desembarcó en la playa de “Utah Beach” al norte de la Bahía de Carentán en Normandía. La 9ª Compañía se encuadró como unidad estadounidenese en el III Ejército Estadounidense de uno de los militares mas carismáticos de la Segunda Guerra Mundial, el general George Patton.
 
Las primeros enfrentamientos que protagonizaron los republicanos españoles se desarrollaron en sitios como Rennes, Le Mans, Château-Gontier y un papel muy destacable junto a los soldados estadounidenses en Alençon. El 7 de Agosto la 9ª Compañía sufrió su primer muerto, el español Andrés García. Sin embargo el 12 de Agosto los Aliados quedaron sorprendidos ante la experiencia de la 9ª Compañía cuando los españoles capturaron a 130 prisioneros alemanes en Eccouché.
 
Para el 16 de Agosto la 9ª Compañía fue atacada por la 1ª División SS “Leibstandarte Adolf Hitler”, la 2ª División SS “Das Reich”, las 9ª y 16ª Divisiones Panzer, más la 3ª División Paracaidista. La batalla fue muy cruenta, cayendo el español Constant Pujol abatido por la ráfaga de la metralleta de un oficial alemán, aunque su compañero Juan Castells disparó con su pistola al alemán hasta matarlo. Al día siguiente, el 17, murió Roberto Helios.
 
París se sublevó contra los alemanes el 20 de Agosto de 1944. Charles De Gaulle recibió órdenes del Presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt para liberar la capital francesa, por ello fue elegida la División “Leclerc” y especialmente la 9ª Compañía Española. Los soldados españoles de la 9ª Compañía realizaron en una sólo jornada el recorrido de 200 kilómetros, récord en la Segunda Guerra Mundial. Por el camino liberaron el pueblo de Anthony, donde se encontraron a viejos amigos de España como el escritor Ernest Hemingway y el fotográfo Robert Cappa.
 
A las 21:22 horas de la noche del 24 de Agosto de 1944, la 9ª Compañía entró en París sigilosamente por la Porta d’Italie. Al entrar en la plaza del ayuntamiento el tanque español “Ebro” efectuó los primeros disparos contra la resistencia de fusileros y ametralladoras alemanas. A continuación la gente salió a la calle cantando la Marsellesa, aunque para su sorpresa vieron que sus liberadores eran españoles y no franceses. El jefe de la 9ª Compañía, Raymond Dronne, se dirigió frente a la comandancia del general alemán Dietrich Von Choltilz, aunque mientras se esperaba su capitulación, simultáneamente los españoles tomaron al asalto la Cámara de los Diputados, el Hôtel Majestic y la Plaza de la Concordia tras sufrir un muerto. A las 3:30 horas de la tarde del 25 de Agosto, la guarnición alemana de París se rindió y los españoles capturaron a Von Choltilz. Al día siguiente, el 26 de Agosto, los Aliados entraron triunfantes en París, desfilando los españoles frente a la Catedral de Notre Dame y escoltando posteriormente al general Charles De Gaulle junto a Bernard Montgomery y George Patton, hasta el Arco de Triunfo donde se hizo la gran ceremonia de la liberación.
Tropas republicanas españolas motorizadas entrando en París por el Arco de Triunfo
el 25 de Agosto de 1944 junto a los soldados estadounidenses y los franceses libres
 

Tras la liberación de París la guerra aún no había terminado. La 9ª Compañía abandonó la capital francesa el 8 de Septiembre para volver al frente. El día 12 los españoles tuvieron una de sus mejores cazas cuando hicieron prisioneros a 300 alemanes en la ciudad de Andelot. El 15 cruzaron el Río Mosela y establecieron una cabeza de puente tras las líneas alemanas donde tuvieron un enfrentamiento con heridos en Châtel-sur-Moselle.
 
Charles De Gaulle reconoció la importancia de la 9ª Compañía dentro de los ejércitos de los Aliados, por eso el 26 de septiembre él en persona repartió las principales condecoraciones en el pueblo de Nancy a los hispanos. La Medalla Militar y la Cruz de Guerra fueron entregadas al líder francés Raymond Dronne, al subteniente canario Miguel Campos, al sargento catalán Fermín Pujol y al cabo gallego Cariño López.
 
La batalla por la reconquista de Alsacia comenzó en Noviembre de 1944. Precisamente allí los alemanes destruyeron un tanque español con un proyectil donde viajaba el alférez Federico Moreno, aunque por suerte no hubo bajas. Poco después, el 23 de Noviembre, la 9ª Compañía Española capturó la capital alsaciana de Estrasburgo. Una vez los españoles se hicieron con esa ciudad toda Francia quedó liberada de los alemanes.
 
Con el traspaso de la 9ª Compañía a la frontera de Alemania y tras cruzar el Rin, los españoles quedaron estancados por el frío invierno de -22ºC en el camino boscoso hacia Munich. A lo largo de ese tiempo sufrieron 50 bajas por congelación y las bombas. Cuando se acabó el invierno la 9ª Compañía se puso en marcha de nuevo. La actuación más importante de la 9ª Compañía fue el 5 de Mayo de 1945 en la conquista del Nido del Águila en Berchtesgaden junto a la Compañía Easy de la 101ª División Aerotransportada de Estados Unidos. Aquel lugar era la residencia de Adolf Hitler en los Alpes de Baviera, en el cual tanto españoles como estadounidenses tomaron el edificio sobre la montaña venciendo a la escasa resistencia.
 
La Segunda Guerra Mundial terminó el 2 de Septiembre de 1945 tras la rendición de Alemania y Japón. Hasta ese momento la 9ª Compañía Española había sufrido 35 muertos y 97 heridos. Sin embargo los méritos de la 9ª Compañía Española en París fueron robados por el Ejército Francés.
 
Hasta agosto del año 2004 los españoles de la División “Leclerc” no fueron reconocidos como los auténticos liberadores de París en la Segunda Guerra Mundial.
 
la nueve.net
(Memoria y recreación de la Novena Compañía del Regimiento de Marcha del Chad)
 

La Comisión Stanbrook homenajea a Amado Granell en Sueca

 
Traducción Estación Orán-Wahrān وهران 
Recordatorio de la liberación de París por las fuerzas aliadas la vanguardia de las que entraron hasta el Ayuntamiento de París, siete vehículos oruga tripulados por republicanos españoles
 
Rafa Arnal per a “La Veu del País Valencia” 25/7/14
Una delegación de miembros expedicionarios de la Operación Stanbrook se acercó este domingo, 24 de agosto, en el cementerio municipal de Sueca, en frente de la tumba de Amado Granell, en un homenaje recordatorio de la liberación de París por las fuerzas aliadas la vanguardia de las que entraron hasta el Ayuntamiento de París, siete vehículos oruga tripulados por republicanos españoles "la Nueve" (9 ª Compañía de la División Leclerc) bajo el mando de Amado Granell, de Burriana.

"La Nueve" bajo el mando del capitán francés Dronne -el jefe debía ser francés- y formada mayoritariamente por veteranos libertarios de la Guerra Civil española, la mayoría de ellos procedentes de los campos de concentración de Argelia, como el propio Amado Granell (teniente del ejército de la República al mando de la 49 Brigada Mixta, y el sargento Federico Moreno, ambos evacuados con el Stanbrook) habían bautizados sus vehículos con nombres recordatorios de batallas de la Guerra de España (Ebro, Teruel, Guadalajara ...) dado que no les habían dejado rotularse con nombres de sus dirigentes caídos (Durruti, Ascaso ...) eso sí, el capitán Dronne accedió a que pintaron la enseña tricolor republicana en los vehículos: fueron de esta manera los primeros y escasos colores de la liberación de París ... el resto ya es otra historia.
 
La Comisión Stanbrook, a pesar de la dificultad de los datos y la prisa del tiempo, "intentamos organizar una pequeña expedición para participar en la manifestación homenaje que se hacía hoy (por ayer) en París pero ... finalmente y en vista de las dificultades y a iniciativa de Pilar Bonet, decidimos convocar el acto de solidaridad con "La association 24 août 1944", organizadora de los actos de París como homenaje a su liberación y asimismo honrar la Memoria Republicana, en el cementerio de Sueca donde reposan los despojos de Amado Granell, después de morir en un desgraciado accidente de tráfico allí mismo en 1972 ".

Hemos ido con nuestra pancarta expedicionaria, y como no, con el tapiz que nos regaló el alcalde de Orán: la enseña argelina, hemos depositado nuevo claveles rojos en la tumba de Amado Granell en un sencillo acto que hemos cerrado con las notas del Himno de Riego tocadas con un acordeón -en Francia instrumento nacional-y un pequeño parlamento explicando que Amado Granell (Comandante finalmente del Ejército francés, por su hazaña) había sido protagonista de la liberación de París, gracias a que afortunadamente salió de Alicante con el Stanbrook, encontró refugio en la Oranía Argelina y desde allí, se enroló con la División Leclerc como oficial de la misma.
 
Este ha sido nuestro exiguo y sentido homenaje que hemos completado visitando asimismo la fosa común de los represaliados republicanos en el cementerio de Sueca.
 

domingo, 27 de julio de 2014

Henri Alleg: 'La Question' (la tortura en Argelia). Rafael Narbona


Henri Alleg
La tortura no es una respuesta ocasional del Estado contra la insurgencia. La tortura es la columna vertebral del Estado, el pilar de una institución que se atribuye el monopolio de la violencia y que se legitima con su poder para destruir física y psíquicamente a un ser humano. Hijo de padres judíos, Henri Alleg –cuyo apellido verdadero es Salem- nació en Londres en 1921. Al estallar la Segunda Guerra Mundial, se trasladó a Argelia, interiorizando poco a poco el anhelo de independencia de un pueblo colonizado. Periodista y militante comunista, soportó la durísima experiencia de la tortura, sin delatar a nadie. Cuando aún se encontraba bajo custodia de las autoridades francesas, recreó sus penalidades en un relato que burlaría la vigilancia penitenciaria y comenzaría a circular con notable éxito, revelando que el Estado francés secuestraba, torturaba y asesinaba con un absoluto desprecio hacia los principios de la República. Entre 1950 y 1955, Henri Alleg dirigió Alger Républicain, un periódico que reflejaba la lucha del pueblo argelino por constituirse como una nación libre y soberana. En septiembre de 1955, el periódico fue prohibido y en 1956 Alleg comenzaría a vivir en la clandestinidad. Los colaboradores de Alger Républicain van cayendo uno tras otro. El 12 de junio de 1957 la décima División de Paracaidistas secuestra a Alleg y le confina durante un mes en El Bihar, un barrio situado en la periferia de Argel. Durante ese tiempo, sufre las torturas más terroríficas, pero no proporciona ninguna clase de información. Después de ese tiempo, le envían al centro de internamiento de Lodi, donde Alleg escribe furtivamente La question, con una letra microscópica. En esa época, hay miles de argelinos en campos de concentración, sin que se haya formulado contra ellos ningún cargo. Una simple decisión administrativa sirve para privarles de su libertad, ignorando cualquier protocolo jurídico. El abogado Léo Matarasso, miembro del Tribunal Internacional sobre Crímenes de Guerra (también conocido como Tribunal Russell), acepta representar a Alleg y logra sacar el manuscrito, escondido en unas zapatillas. Cuatro folios en cada comunicación. El texto se difunde y produce una verdadera conmoción en la opinión pública internacional. Se especula sobre la situación de Alleg. Muchos temen por su vida. La trascendencia mediática del caso consigue que el 17 de agosto comparezca ante un juez instructor, que le acusa de atentar contra la seguridad del Estado al intentar reconstruir el disuelto Partido Comunista de Argelia. Durante el proceso, Alleg sufrirá varios careos con sus torturadores, que niegan haberlo maltratado. El 12 de febrero de 1958 se pone a la venta el libro en Editions de Minuit. Edgar Morin, compañero de clase de Henri, publica una reseña en France-Observateur, celebrando el libro. Jean-Paul Sartre escribe un artículo titulado “Una victoria” en L’Express, elogiando la obra. El periódico es secuestrado por orden judicial, pero el libro y la nota de Sartre ya han corrido como la pólvora. La obra se secuestra el 27 de marzo de 1958, pero en esas fechas ya se han vendido 65.000 ejemplares. La question se traducirá a 30 idiomas. En 1976, Laurent Heynemann realizará una adaptación al cine y en 2006 François Chatoten elaborará y escenificará una versión teatral.
 
Alleg logró que el juez militar visitara el inmueble de El Bihar. Sus precisas referencias a la cocina, el lugar donde transcurrían las torturas, confirmó que su versión no era una ficción, sino un testimonio veraz. El informe médico elaborado en Lodi corroboraba sus declaraciones, pues un mes después de los interrogatorios aún conservaba las huellas de la tortura: marcas en las muñecas y los tobillos, quemaduras, hematomas. Al inicio de La question, Alleg cita a Jean Cristophe: “Atacando a estos franceses corruptos, lo que defiendo es a Francia”. Escondido en el apartamento del joven profesor de matemáticas argelino Maurice Audin, que sería torturado y ejecutado extrajudicialmente por los paracaidistas franceses, Alleg conviviría durante 30 días con la tortura y la muerte, escuchando los gritos de los supliciados y soportando la brutalidad de unos militares que se comparaban con la Gestapo y las SS, orgullosos de infundir pánico. Saber que en el ala reservada a las mujeres se hallaban activistas tan valientes como Djamila Bouhired, aguantando sesiones de electricidad y vejaciones sexuales, le ayudó a mantener su determinación de no colaborar con sus verdugos. Los oficiales que le interrogan cumplen una formalidad que tal vez alivia sus conciencias. Le entregan un papel y le piden que escriba una delación, facilitando nombres y direcciones. Si no lo hace, será interrogado con métodos altamente persuasivos. Alleg no se deja intimidar y declina la oferta. Comienza entonces el procedimiento habitual. Le desnudan, le atan a una tabla y le enseñan un generador de corriente eléctrica. Le advierten que ser blanco y no “un moro”, agrava la situación, pues no tienen compasión con los traidores. Alleg conserva la serenidad y les recuerda que la ley les obliga a ponerle a disposición judicial en un máximo de 24 horas. Además, exige que no le tuteen. Los paracaidistas se ríen y le colocan unas pinzas dentadas en un dedo y el lóbulo derecho. Después, le rocían con agua. La primera descarga eléctrica le produce convulsiones y acelera su ritmo cardíaco, pero no le hace cambiar de actitud. Enfurecidos, los militares se ensañan con él, sin respetar ninguna zona de su cuerpo. Cuando la electricidad llega a sus genitales, experimenta la sensación de sufrir los mordiscos de un animal salvaje. Su resistencia les asombra y le llevan a presencia de Audin, que aún sigue vivo. Le piden que le cuente lo que le espera. El profesor, terriblemente desmejorado por las torturas, se limita a decirle: “Es duro, Henri”. Alleg es miope, pero ha perdido las gafas a consecuencia de los malos tratos y su visión borrosa le produce una aguda sensación de irrealidad. No volverá a ver Audin, que probablemente fue arrojado al mar o enterrado en una fosa clandestina. Es lo que se hace con las víctimas de las torturas, cuando han hablado y se convierten en un estorbo. Unos 40.000 argelinos correrán ese trágico destino.

En esas fechas, François Mitterrand es Ministro de Justicia y, con anterioridad ha ejercido de Ministro del Interior. Puntualmente informado por las autoridades militares, es imposible que no colaborara con el general De Gaulle y otros miembros del gobierno en la planificación de la contrainsurgencia, estableciendo como sistema de trabajo la tortura y el asesinato. Así lo afirma el oficial Paul Aussaresses, estrecho colaborador del general Jacques Massu. En 2001, Aussaresses, que ya se encontraba en la reserva con el cargo de general, publica Servicios especiales, Argelia 1955-1957, relatando sin tapujos sus crímenes:“Nuestro equipo salía cada noche hacia las ocho y nos las arreglábamos para estar de vuelta antes de medianoche con nuestros sospechosos, para proceder a los interrogatorios. [...] La mayor parte de las operaciones conducían a interrogatorios y otras terminaban con liquidaciones puras y simples, que se hacían sobre el terreno. [...] La tortura era utilizada sistemáticamente si el prisionero rehusaba hablar, lo cual sucedía con frecuencia. Era raro que los prisioneros interrogados por la noche llegaran todavía vivos al amanecer”. Cuando fue detenido  Ben M’hidi, jefe del Frente de Liberación Nacional de Argelia,  Aussaresses se reunió con el general Massu y ambos decidieron asesinarlo: “Llegamos a la conclusión de que un proceso a Ben M’hidi no era deseable: habría implicado repercusiones internacionales. [...] Aislamos al prisionero en una habitación ya preparada [...] y con el apoyo de mis ayudantes le ahorcamos de una manera que se pudiera pensar en un suicidio”. En una entrevista con el diario Le Monde, Aussaresses descartaba cualquier remordimiento: “Había que hacerlo y lo hice”.

Alleg pasará por diferentes formas de suplicio. Le quemarán con un soplete, le introducirán un tubo de goma en la boca y le obligarán a tragar agua hasta perder el conocimiento, le propinarán patadas y puñetazos, no le dejarán dormir, le suspenderán del techo, le aplicarán descargas eléctricas en la lengua, le amenazarán con violar a su mujer y matar a sus hijos, le obligarán a escuchar los gritos de otros torturados, no le dejarán dormir ni usar el baño. Una de las sesiones de tortura se prolongará doce horas. Alleg deseará morir, intentará aturdirse, anhelará que su corazón se rinda y deje de latir. El ayuda de cámara de Massu le visitará y le anunciará que va a desaparecer, si se niega a colaborar. Un médico, que trabaja con los torturadores, le inyectará pentotal, pero solo logrará producirle sueño y estupor. Alleg advierte que la tortura no solo afecta a los detenidos. La barbarie diseñada por políticos sin escrúpulos deshumaniza a todos los implicados. El “centro de clasificación” donde se tortura sin tregua es también “una escuela de perversión para los jóvenes franceses”. Alleg solo hallará consuelo en sus camaradas argelinos, que al cruzarse con él en los pasillos le susurran: “¡Valor, hermano!”. Saben que le han torturado, pues su cuerpo está lleno de heridas y vendajes. “En sus ojos –apunta Alleg, finalizando su valiente alegato- leía una solidaridad, una amistad, una confianza tan totales que, precisamente por ser europeo, me sentí orgulloso de tener un lugar entre ellos”. Cuarenta años después, Gilles Martin entrevistará a Henri Alleg, que en 1961 había publicado Prisionero de guerra, señalando que su experiencia debería ayudar a las nuevas generaciones a comprender las intenciones de fondo de las intervenciones militares en países extranjeros. Se afirma que el propósito es “combatir el terrorismo, salvar a la patria o defender la libertad, pero el verdadero motivo es explotar yacimientos de petróleo, de gas, de mineral, de diamantes, e impedir que algún pueblo se libere”. En su conversación con Gilles, Alleg equipara la “noche colonial” con la “noche nazi”. De hecho, Francia cometió horribles masacres. El 8 de mayo de 1945 reprimió una revuelta nacionalista en Setif, asesinando a 20.000 argelinos, incluidos ancianos, mujeres y niños. El 17 de octubre de 1961 la policía de París, dirigida por el criminal de guerra Maurice Papon, responsable de la deportación de 1.645 de judíos franceses a campos de exterminio nazis, ordenó que se disparara contra una manifestación pacífica convocada por el FLN para protestar contra el toque de queda impuesto a los argelinos. La policía no solo disparó contra los manifestantes, sino que también asesinó a transeúntes de rasgos magrebíes. El historiador Jean-Luc Einaudi estima que el número de víctimas oscila entre 200 y 393. Algunas fueron arrojadas al Sena y aparecieron en sus riberas. Otras murieron en el Palacio de los Deportes o el Estadio Pierre de Coubertin, donde se torturó salvajemente a los detenidos. De Gaulle ocultó los hechos, afirmando que solo era “un asunto secundario”. Pocos meses más tarde, se repetiría la tragedia, pero a menor escala. El 8 de febrero de 1962 una manifestación en contra de la guerra de Argelia y de la OAS desembocó en una nueva matanza. Convocada por el Partido Comunista y la CGT, nueve personas perdieron la vida en Charonne, una estación de metro. El 17 de junio de 1966 De Gaulle aprobaría una amnistía para exculpar a los asesinos y evitar futuros procesos judiciales. En la charla con Gilles Martin, Alleg recuerda que no se juzgó a nadie por los crímenes contra la humanidad cometidos en Argelia, salvo al general Jacques Pàris Bollardière, que se negó a torturar y asesinar. Héroe de la Resistencia, Bollardière “no podía soportar ver que los métodos utilizados contra los argelinos eran los mismos que los que aplicaba la Gestapo contra los resistentes franceses. Dirigiéndose a Massu, había dicho en una frase mordaz lo que pensaba de él y sus métodos: ¡Desprecio lo que haces, Massu!”. El comentario le costó un arresto de seis meses. Bollardière abandonará el ejército y dedicará el resto de su vida a luchar contra la guerra y la tortura, identificándose con los principios de la no violencia.

Al igual que en los bombardeos israelíes contra la Franja de Gaza, la mayoría de las víctimas de la Francia colonial no eran combatientes, sino mujeres y niños. No se puede hablar de guerra, sino de exterminio. Un exterminio que Camus nunca condenó. “Camus –afirma Alleg- nunca atacó la legitimidad del sistema colonial en sí mismo”. De hecho, “abandona a los comunistas en el preciso momento en que el Partido se compromete en una dirección cada vez más argelina y unitaria con las distintas fuerzas políticas nacionalistas”. El coronel Bigeard fue uno de los militares más implacables. Instructor de torturadores, organizó la desaparición de miles de personas, arrojándolas al mar con los pies en bloques de cemento. Su implicación en un genocidio no impidió que se le ascendiera a general y Giscard d’Estaing le nombró Secretario de Defensa. “En una palabra –observa Alleg-, casi un ministro. ¿Quién osará decir después de esto que la República es ingrata con sus fieles servidores?”. Alleg finaliza la entrevista citando al héroe de la Resistencia checoslovaca Julius Fucik: “Hombres: os he amado. ¡Estad alerta!”. Son unas palabras admirables, pues las escribió al pie de la horca. Fucik nació en Praga en 1903, estudió filosofía e ingresó en el Partido Comunista. Crítico literario y teatral, se pasó a la clandestinidad cuando se produjo la invasión nazi, ocupándose de mantener activas las publicaciones ilegalizadas. Detenido y torturado por la Gestapo en abril de 1942, ninguna tortura logró quebrantar su resistencia. Mientras esperaba la muerte en la celda 267 de la prisión de Plötzensee en Berlín, escribió 70 hojas que lograron burlar una a una los controles de la cárcel. Es la misma historia de Alleg, que confirma la tenacidad del espíritu humano. Fucik fue ahorcado el 8 de septiembre de 1943. Su obra se publicó por primera vez en 1945, con el título Reportaje al pie de la horca. El libro se tradujo a 80 idiomas y en 1950 Fucik recibió a título póstumo el Premio Internacional de la Paz. Al igual que La question, la obra rebosa humanidad y coraje: “Has tardado mucho en llegar, muerte. Pese a todo, esperaba conocerte más tarde, después de largos años. Esperaba vivir aún la vida de un hombre libre: poder trabajar mucho, amar mucho, cantar mucho y recorrer el mundo. Precisamente ahora, cuando llegaba a la madurez y disponía todavía de muchísimas fuerzas. Ya no las tengo. Se me van agotando. Amaba la vida y por su belleza marché al campo de batalla. Hombres: os he amado. Fui feliz cuando correspondíais a mi cariño y sufrí cuando no me comprendíais. Que me perdonen aquéllos a quienes causé daño. Que me olviden aquéllos a quienes procuré alegrías. Que la tristeza jamás se una a mi nombre. Ese es mi testamento para vosotros, padre, madre y hermanas mías; para ti, mi Gustina, y para vosotros, camaradas; para todos aquéllos a quienes he querido. Llorad un momento, si creéis que las lágrimas borrarán el triste torbellino de la pena, pero no os lamentéis. He vivido para la alegría y por la alegría muero. Agravio e injusticia sería colocar sobre mi tumba un ángel de tristeza”. Alleg murió por causas naturales el 17 de julio de 2013. Al igual que Fucik nos legó su alegría, su optimismo, su esperanza de un mundo mejor. A pesar de su terrible experiencia, siempre se rebeló contra la sentencia de Plauto, según la cual “el hombre es un lobo para el hombre”: “¿Quién si no aquellos que tienen un interés evidente en no cambiar nada del orden actual pueden contentarse con una visión tan pesimista y desesperanzadora del futuro del hombre?”.

No soy capaz de concluir esta nota sin mencionar a José Humberto Baena Alonso, fusilado con otros cuatro militantes antifranquistas el 27 de septiembre de 1975 por un régimen, cuyos hijos y nietos ideológicos gobiernan España hoy en día. “Papá, mamá: Me ejecutarán mañana de mañana. Quiero daros ánimos. Pensad que yo muero pero que la vida sigue. Recuerdo que en la última visita, papá, me habías dicho que fuese valiente, como buen gallego. Lo he sido, te lo aseguro. Cuando me fusilen mañana pediré que no me tapen los ojos, para ver la muerte de frente”. Los héroes nos dejan sus palabras, su ejemplo, su alegría y su esperanza. Los verdugos, en cambio, esconden su rostro, como hizo Billy el Niño en la Audiencia Nacional, pues saben que sus actos les han arrebatado hasta el último ápice de humanidad. La tortura se asocia a los gobiernos totalitarios, pero lo cierto es que nunca ha dejado de existir en Estados Unidos o en la UE, el peón favorito del imperialismo norteamericano en su batalla por la globalización de su modelo político y social. En el Estado español, se cursan unas tres mil denuncias anuales por malos tratos y torturas, pero solo un 3% se resuelven con la condena –liviana- de algún agente de las Fuerzas de Seguridad. En esos casos, el gobierno suele intervenir, aplicando la gracia del indulto. Eso explica que en nuestro país la mitad de la población tema ser torturada en una comisaria o un cuartel de la Guardia Civil, si llega a ser detenida. En la democrática Francia, el porcentaje baja ligeramente: solo el 35% alberga ese miedo. Tal vez esa inquietud colectiva solo refleja la trastienda de dos países que abrazaron el fascismo en un pasado reciente. La España franquista y la Francia de Vichy asimilaron las técnicas de tortura de la Gestapo y prolongaron sus estragos durante décadas. El recuerdo de héroes como Alleg, Fucik o Baena (condenado sin pruebas en un juicio farsa) nos obliga a luchar para que la esperanza tenga la última palabra.

RAFAEL NARBONA
La question, Henri Alleg. Hondarrabia, Ediciones Hiru, 2010.

sábado, 24 de agosto de 2013

La nueve, una vez más

El domingo como cada 25 de agosto ondeará la bandera tricolor española junto a la tricolor francesa. El motivo no es otro que conmemorar la liberación de París de las garras del nazismo y dado que la primera compañía que entró con sus tanques en las calles de la ciudad de la luz estaba formada por soldados republicanos españoles, se le rinde merecido homenaje por parte del agradecido pueblo francés. 

La nueve, que así se llama la compañía tiene el honor de ser la primera compañía antifascista que cruzó la capital francesa, con la tricolor y miles de batallas a sus espaldas desde la guerra de España. 

No busquen homenajes similares en su tierra natal, en España todavía estamos esperando sacar nuestra memoria antifascista de las cunetas. E incluso vemos con estupor como los cachorros de los vencedores, alzan el brazo que simboliza años oscuros de sangre y fuego en toda Europa, y son tachados tales actos de chiquilladas en vez de comportar una más que justa condena penal. 

Gracias a la nueve y a los que antes se dejaron la piel y la vida contra el fascismo y la democracia en nuestra piel de toro o donde quiera que su corazón luchador les llamó, tenemos memoria democrática y referente para exigir y guiarnos hacia lo que es justo reclamando hoy y siempre, verdad, justicia y reparación. 

Espero que no muy tarde ondee en España la tricolor, no a modo de homenaje sino de que por tercera vez tenemos una democracia y un jefe o jefa del estado elegido por los españoles, y no por una deidad inexistente o un enano cabrón. 

¡Viva la República! ¡Viva la Nueve!


La liberación de Francia 

Público - Alejandro Torrús  8/9/12
De los campos de concetración de españoles en el norte de África salieron los republicanos de la nueve, un pelotón que se unió a la División Lecrerc. En el verano de 1944 esta división llegó a Francia y tras diversas incursiones consiguió llegar a París. El 24 de agosto de 1944 la 2ª División blindada comandada por el general Leclerc, recibe la orden de avanzar hacia París. El grueso de su compañía, la novena del tercer regimiento de marcha del Chad, la formaban republicanos españoles que habían estado en los campos de concentración de Argelia, muchos de ellos también pasajeros del Stanbrook. 

El teniente Granell y sus hombres liberaron París con Madrid en la memoria El teniente Amadeo Granell, pasajero 2.073, capitaneó la avanzadilla que entró en París con vehículos semiblindados bautizados con nombres como la guerra de España. Llegó a la plaza del Ayuntamiento y anunció a los parisinos refugiados en el Consistorio que eran una avanzadilla de la División Lecrerc. 

“La plaza se había llenado de gente. Se cantaba, se daban vivas extentorias, se bailaba, nos besaban. Lloraban de alegría. Era la libertad. Jamás me he sentido tan emocionado. Se entonó una marsellesa, yo quise cantar pero no pude. Se me puso un nundo en la garganta. No quería pestañear para que las lágrimas que se me agolpaban en los ojos no se me derramaran sobre las mejillas. País liberado, ¡qué alegría! Yo sin poderlo evitar pensaba en Madrid y en España.

El 25 de agosto De Gaulle presidió el desfile de la liberación. Las banderas de la República española estuvieron presentes en la ceremonia. Después, La Nueve fue hasta Alsacia y Lorena y marchó hacía el escondite de Hitler, pero ya no estaba allí. El nazismo ya había sido derrotado. Los pensamientos de estos soldados se dirigían a España y el franquismo. Pero la esperanza pronto se tornó frustración y las promesas cayeron en el olvido. El espíritu de la liberación llegó hasta los Pirineros.

martes, 12 de marzo de 2013

Documental: La Nueve, los olvidados de la victoria y libro: Morir bajo dos banderas



AMESDE en la Biblioteca Historica Marques de Valdecilla- UCM
MARTES 19 DE MARZO A LAS 18.30
c/ Noviciado Nº 3
Madrid 

Presentaremos un trailer de 15 minutos de El Documental: Documental: La Nueve, los olvidados de la victoria Documental: La Nueve, los olvidados de la victoria
SINOPSIS Documental que narra la historia de los republicanos españoles de “ La Nueve ”, compañía de la división Leclerc cuyas tropas fueron las primeras que liberaron París, el 24 de agosto de 1944. La Nueve -cuyos tanques y vehículos de combate habían sido bautizados con nombres procedentes de la Guerra Civil española, como 'Madrid', 'Guernica' o 'Guadalajara'- había participado en la campaña de África contra Rommel y no sólo liberaron París, sino que participaron en la ofensiva en Alsacia y en el definitivo asalto en Alemania contra el 'Nido de Águilas' de Hitler. 

Alejandro M. Gallo (Astorga, 1962).  Nos presentará su libro: Morir bajo dos banderas
Terminada la Guerra Civil española, los soldados de la II República se dispersaron por el mundo. Meses después, al comenzar la II Guerra Mundial, se reagruparon en las unidades militares que combaiteron al nazismo y al fascismo en todos los frentes. No hay un sólo territorio de batalla donde no exista la tumba de un español. A través de los miembros de la familia Ardura, Alejandro M. Galloreconstruye la vida en los campos de internamiento del norte de África, el reenganche en la Legión Extranjera o en la Columna Leclerc para combatir a Rommel y el Afrika Korps, la creación de la II División Blindada y el desembarco en Normandía, la liberación de París y la incorporación a la Resistencia y al maquis bajo la dirección de los jefes guerrilleros asturianos Vitini y García Granda… Todo hasta la derrota del III Reich y la toma del Nido del Águila.

INTERVIENEN:
Nieves Oliveira o Gregoria Sanz. Vicepresidenta de AMESDE
Alfredo Carralero. Informático.
Alejandro M. Gallo. Autor del libro “Morir bajo dos banderas”

jueves, 22 de noviembre de 2012

Héroes olvidados

La Novena Compañía. Esta es la única foto oficial de la unidad que se conserva,
 realizada en la primavera de 1944. En la primera línea, en el centro, se distingue al general Léclerccha
 
La Historia comienza a reconocer la gesta de 'La Nueve' en la conquista de París. De los 144 españoles que formaron la unidad, solo 16 alcanzaron Berlín
Hoy.es - 18.11.12 - Daniel Pérez
La gran paradoja de los hombres de 'La Nueve' es que fueron perdedores hasta el final, por mucho que pelearan en Normandía, desfilaran como vencedores por los Campos Elíseos de París, conquistaran el Nido del Águila de Hitler y arrinconaran a los nazis en Berlín. En esencia, la historia de los hombres de 'La Nueve' es la historia de tres derrotas; la gesta olvidada de un puñado de héroes vencidos. Ese absurdo contiene y define su grandeza y su tragedia.
 
Escribió Pedro Salinas: «¿Será verdad que tenemos la patria desecha, la vida en suspenso, todo en el aire?». La primera derrota de los hombres de 'La Nueve' fue la Guerra Civil. A finales de octubre de 1943, el general Leclerc, declarado en rebeldía por el Gobierno colaboracionista de Vichy, se afanaba en organizar un Ejército de la Francia Libre que expulsase a los nazis de París. Tuvo que tirar de lo que había: unidades sueltas de las tropas coloniales en África, aventureros, apátridas, exiliados polacos y españoles. A los republicanos españoles, que contaban con la ventaja de ser los únicos con amplia experiencia en el combate, se les agrupó mayoritariamente en la Segunda División Blindada. Inserta en el Tercer Batallón de Regimiento de Marcha del Chad, estaba La Novena Compañía, 'La Nueve', formada exclusivamente por refugiados españoles que habían abandonado su tierra a través de los Pirineos, o en barcazas que hicieron mal que bien la ruta desde Andalucía hasta Argelia, o a bordo de algún buque solidario, como el Stanbrook. Dispersos por los campos de concentración franceses o inscritos en la Legión para evitar que se les repatriara, sus peripecias en el exilio tomaron un nuevo rumbo con el alistamiento voluntario en las tropas de Leclerc. Rafael Torres, autor de 'El hombre que liberó París' (Temas de Hoy), resume la situación de una manera muy gráfica: «El Ejército de la Francia Libre les daba la oportunidad de volver a pelear contra los mismos que habían bombardeado Gernika».
 
La responsabilidad de entrenar y 'dominar' a los 144 españoles de 'La Nueve' recayó en el capitán Dronne, un francés regordete y bigotudo al que el mando, no sin cierta sorna, le había advertido: «Estos hombres dan miedo a todo el mundo. Confiamos en que usted se las apañará». Dronne, en sus 'Diarios de Ruta', admite que tuvo que hacer muchas concesiones para ganarse el respeto de sus subordinados: las órdenes se daban en español, los semiorugas y vehículos de combate fueron bautizados con nombres españoles (Don Quijote, Guadalajara, Belchite, España Cañí), todos los miembros portaban una insignia con la bandera republicana y a todos había que tratarlos con cierto miramiento, porque les costaba admitir decisiones que no estuvieran plenamente justificadas. «A pesar de su aspecto rebelde, eran muy disciplinados, de una disciplina original, libremente consentida. Había que tomarse constantemente la molestia de explicarles el por qué de las cosas», cuenta Dronne.
 
Pero ¿quiénes eran? «Hombres hechos de otra pasta», explica el investigador Alfonso Domingo, autor de 'Españoles en la Segunda Guerra Mundial' (Almuzara). Para Basilio Trilles ('El Hombre de la Foto de París', Editorial Inédita), «cualquiera de ellos tendría en sí mismo una novela». En los preparativos del desembarco de Normandía estaban Amado Granell (valenciano, a la postre el primer oficial aliado en pisar París), Campos (anarquista canario condecorado con la Cruz de Guerra, desaparecido antes del final de la contienda y que, según el historiador Secundino Serrano, «pasó directamente de la División Leclerc a la leyenda»), Juan Reiter (hijo de un militar alemán fusilado por Hitler), Antonio 'Wamba' (intelectual formado en la Institución Libre de Enseñanza), Fábregas (un dandy educado en Inglaterra «que hablaba el inglés de Lord Byron»), tipógrafos como Montoya, boxeadores como Zubieta, gitanos como Moreno y hasta un torero, Larita II, que soñaba con ganar la guerra y volver a darle vuelo al capote.
  
Tras el entrenamiento en el Norte de África, los españoles de 'La Nueve' se trasladaron en barco hasta Inglaterra. Pasaron muy cerquita de las costas españolas. Desde el buque se veían las luces del litoral. Las miraron desde lejos, en silencio, acodados en la cubierta. Por entonces escribió León Felipe: «Sopla en toda la tierra el mismo viento que se llevó tu casa».
 
Su papel en el Ejército Aliado no fue el de meras comparsas. De los 144 hombres que desembarcaron en Normandía, únicamente 16 alcanzaron Berlín. El resto fueron bajas (muertos y heridos) y solo a un puñado de ellos se les cambió de unidad. Alfonso Domingo explica que su carácter de fuerza de choque queda más que acreditada «por las muchas tumbas con apellidos españoles que jalonan el recorrido de 'La Nueve' por Europa», y también por la larguísima lista de condecoraciones que lograron en las batallas de Ecouché, Bandonviller, la bolsa de Colmar, el cruce del Mosela y los Vosgos. Nada más que por eso, opina Basilio Trilles, «a los protagonistas de esta gesta histórica se les consideraría como héroes nacionales en Francia o en Estados Unidos».
 
Sin embargo, Normandía no fue más que el principio. A los hombres de 'La Nueve', la historia les deparaba «una suerte de justicia poética», explica Torres. «Con el ejército aliado a las puertas de París, Leclerc da la orden a Dronne, incumpliendo las directrices de los norteamericanos (que querían apuntarse el tanto) de avanzar hasta el centro de la capital». Parten dos grupos. Uno lo manda el propio Dronne, que acaba atascándose en la periferia. La tarde del 24 de agosto de 1944, el primer grupo de soldados aliados alcanza la plaza del Ayuntamiento y vuelan, al unísono, todas las campañas de París. Es una columna de españoles, cansados, desharrapados y felices. Los franceses dicen que no reconocen su himno. Será porque cantan el 'Ay, Carmela'. El 25 de agosto, la prensa francesa publica la foto en portada de uno de los soldados 'americanos' que había logrado la hazaña. El 'americano' se llamaba Domingo Baños y era natural de Extremadura.
 
El Nido del Águila
Antes del final de la Guerra, de su segunda gran derrota, los españoles de 'La Nueve' también participaron en la conquista del Nido del Águila, el refugio de Hitler en los Alpes que Steven Spielberg endosa sin muchos miramientos a la 101 Division en 'Hermanos de Sangre', la popular serie de HBO. Cruzaron a Alemania. Estuvieron en la toma de Berlín. Con Hitler muerto, esperaron ansiosos a que los aliados iniciaran la siguiente fase de la guerra, la reconquista de España, el derrocamiento de Franco, el verdadero objetivo de su lucha, la promesa implícita del General Leclerc en todas sus arengas. Nunca llegó. No hubo regreso a casa. Huérfanos de bandera, se reinsertaron en la vida civil. Fueron operarios de la Citroën, aprendices de alfareros, pinches de cocina.
 
La tercera derrota es la derrota de la memoria. Dice Secundino Serrano ('La última gesta', Aguilar): «Lucharon contra los aliados del Franquismo, nazis y fascistas. El correlato lógico es que el régimen se posicionara contra cualquier conocimiento de esa lucha por la libertad. Además, los republicanos españoles pusieron de manifiesto el colaboracionismo activo o pasivo de los franceses: algo insoportable para su chovinismo rampante». Ni a unos ni a otros les interesaba que se supiera la verdad.
 
En los últimos años, algunos ensayos (Evelyn Mesquida, Alfonso Domingo, Secundino Serrano), novelas (Basilio Trilles, Carmen Amoraga), homenajes desde el Ayuntamiento de París, e incluso una serie de televisión de TV3 han comenzado, levemente, a corregir esta injusticia. Quizá esa otra batalla, la batalla de la memoria, aún esté a tiempo de ganarse. Carmen Amoraga, la última novelista en tratar el tema en 'El rayo dormido' (Destino), lo explica así: «Es una historia bélica y humana tan potente que no me sorprende que la gente, poco a poco, quiera saber más del tema, tal y como me ocurrió a mí. La primera vez que oí hablar de ellos pensé, con estupor: ¿Qué? ¿Cómo es posible que yo no supiera esto?». La respuesta es que los hombres de 'La Nueve' combaten, todavía, en su guerra infinita contra el olvido.