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viernes, 26 de junio de 2015

Entrega de material familiar al CRAI Biblioteca del Pavelló de la República de la UB

Rafael Marín Mira y otros exiliados ante el barco Stanbrook
 Fondo personal CRAI Biblioteca del Pavelló de la República
 
Traducción Estación Orán-Wahrān وهران
 
CRAI Biblioteca del Pavelló de la República 26/6/15
 
El CRAI Biblioteca del Pabellón de la República ha recibido de la señora Concha Marín Castillo, un pequeño fondo personal con material de sus familiares Rafael Marín Mira y Concepción García López, que hemos incorporado a la Sèrie Fons Personals diversos [FP (Varios) 1 (7) / B (Concha Marín Castillo)].
 
Rafael Marín Mira fue alcalde de Hellín (Albacete), miembro del Partido Socialista Obrero Español y huyó del Estado español a bordo del barco Stanbrook que zarpó del puerto de Alicante cargado de refugiados republicanos en dirección a Orán (Argelia) el 28 de marzo de 1939. El material consta de un carnét de afiliado al PSOE, con los sellos de las cuotas correspondientes a los años 1936-1938, de una fotografía de él con otros exiliados ante el barco Stanbrook y de unas notas manuscritas con la ruta que siguió al llegar en Orán: primero al hospital, después Boghari, Cherchell, Carnot y Alger.
 
Concepción García López, esposa de Rafael Marín, fue juzgada por un Consejo de Guerra, acusada de ser "la mujer del Alcalde rojo de Hellín", de tener "ideas izquierdistas muy avanzadas", de hacer una "activa y entusiasta propaganda de la causa marxista", etc. y sentenciada a veinte años de prisión por el Juzgado Militar de Madrid el 16 de agosto de 1939. Ingresada en la prisión de mujeres de Saturrarán (Motrico, País Vasco), el 20 de mayo de 1943 se le concedió la libertad condicional. El 31 de diciembre de 1947 el Juzgado Militar de Albacete le concedió el indulto. El material consta de la sentencia a veinte años de prisión firmada en Madrid (1939), del certificado de libertad condicional emitido por el director de la prisión de mujeres (1943) y del Decreto según el cual se concedía el indulto a Concepción García (1947).
 
 La documentación de este pequeño fondo personal refleja qué fue el destino de muchos republicanos con la victoria del régimen franquista: el exilio o la prisión. También es importante el hecho que ilustra la historia personal de una mujer, Concepción García López.
 
Desde nuestro blog queremos agradecer a la Concha el donativo!

viernes, 12 de junio de 2015

Último vuelo del Halifax ¿Qué pasó realmente?

 
Francisco Sánchez Montoya en Historias de Ceuta y el Protectorado español 7/6/15
 
En la madrugada del 28 de enero de 1943, algunos ceutíes vieron como un avión se precipitaba en los montes de García Aldave, junto a la, tristemente conocida, como curva de las viudas. Los siete tripulantes fallecieron, su destino el Oriente próximo. El avión, hacia pocos minutos  había partido del aeropuerto de Gibraltar. Eran aviadores que voluntariamente se habían alistado con el bando aliado en la II Guerra Mundial procedentes de varios países integrantes de la Commonwealth.
 
Estaba claro que a las autoridades franquistas en Ceuta, no les interesaba dar explicaciones del suceso, estábamos en plena guerra, y en la prensa local apenas dos líneas. Los aviadores fueron enterrados en el cementerio de Santa Catalina y poco se habló del tema. Los ceutíes si comentaban el suceso, en corrillos y en voz baja, eran tiempos de censuras y miedos.
 
Pero tuvieron que transcurrir cincuenta y cinco años para que supiéramos que pasó aquella madrugada. El escritor ceutí, Luis Oliva Maldonado, emprendió una titánica investigación para descubrir que escondían aquellas siete lápidas que están en el cementerio. Tras seis años encajando las piezas del puzle el resultado fue un documentado y bien trabajado libro “El bombardero Halifax DT-586, caído en Ceuta”.
 
Luis Oliva manifestó: “Supongo que lo que me pasó a mí le podía haber pasado a mucha gente, sentí curiosidad al ver los nombres extranjeros en el cementerio y empecé a hacerme preguntas. Empecé a tirar de la madeja poco a poco y cuando me quise dar cuenta me había pasado casi seis años buscando las piezas de un puzle que ni si quiera sabía si podría reconstruir y para el que no tenía ningún tipo de guión, lo iba formando a ciegas”, dice. “No sé si hay procedimientos para hacer una investigación como esta, pero como era algo que surgía de un interés personal y no un trabajo, podía pasarme todo el tiempo que quisiera buscando”.
 
Luis Oliva, con muchísima paciencia y, pagando todos los costes de su bolsillo, contrató a una licenciada en biblioteconomía y documentación que buscaba para él en archivos relacionados con el suceso en Madrid, y poco a poco empezó a reunir material. “En el Archivo histórico del ejército del aire en Madrid solo encontré dos papeles y curiosamente no los encontró la persona que contraté”. También en los países de origen de los tripulantes, el piloto neozelandés, y los tripulantes: dos canadienses y cuatro británicos, a lo largo de todo el proceso he tenido muchísima suerte, sin saber lo que buscaba exactamente, rastreando en distintos archivos de países tan lejanos llegué a contactar con los familiares de todos ellos, muchos de los cuales me enviaron cartas y fotografías originales de los soldados”.
 
El Halifax junto con el Lancaster formó parte de la Fuerza de bombarderos de la RAF durante la Segunda Guerra Mundial. Fue un avión muy versátil, al que también se le encomendaron misiones de reconocimiento marítimo, transporte y desembarco aéreo.
 
EN BUSCA DE UN FAMILIAR
Todo este proceso Luis Oliva lo hizo a la antigua usanza, por carta, sin valerse de Internet, ni el teléfono, confiesa que no habla demasiado inglés: “El idioma fue uno de los grandes problemas con los que me encontré, de hecho naufragué a la hora de encontrar un traductor que pudiera pasar al español toda la documentación que recopilé sobre el accidente por su elevado nivel técnico y la variedad de las fuentes”, afirma. Así, aprovechando que estaba estudiando filología inglesa, llegue a pagar el desplazamiento de mi amigo Jesús Damián a Inglaterra para que intentara entrevistarse con el familiar de un soldado. Yo no me veía capacitado para ir allí con mi inglés, y tampoco era llegar a Londres y buscar, sino que mi amigo tuvo que encontrar un pueblecito bastante perdido en el oeste de Inglaterra”. El estudiante de filología llegó al lugar acordado, en una estación cercana a una antigua base de la RAF y después de mucho esperar llegó una señora “muy mayor” conduciendo un mini, era una de las sobrinas de uno de los aviadores ingleses. “Toda la gente con la que he contactado a lo largo en estos años de trabajo siempre ha sido muy desprendida y me han ofrecido su ayuda”, comenta Oliva, mientras rememora los momentos en los que estaba investigando…  “Esto lo he hecho por interés personal y no como nada profesional, pero ahora me siento en la obligación de hacer algo por todas las personas que me han ayudado a recopilar la información. La mayoría de los familiares con los que me he carteado todavía me envían felicitaciones por navidad”.
 
SIETE JÓVENES DEFENSORES DE LA DEMOCRACIA
Luis Oliva, autor de este magnífico libro buscó sin descanso a los familiares de estos aviadores: “Los familiares, recordaban muy poco, a parte de que eran muy jóvenes y se alistaron de forma voluntaria, ¿Por qué se alistaron? Aunque había soldados de estratos sociales distintos entre los siete, algunos de ellos tenían la vida resuelta; uno de ellos era el hijo de un importante doctor que tenía una clínica privada… realmente murieron porque lo único que querían era defender la democracia y eso, aún hoy, impresiona”.
 
El ceutí, Francisco Fernández, uno de los ceutíes que tenía 13 años la noche del accidente, relató que recuerda que estaban cenando en casa de sus padres y de repente oyeron un ruido muy raro, salieron al patio y en cuestión de segundos se escuchó una fuerte explosión. Acudieron al lugar de los hechos en las inmediaciones de la frontera de Ceuta con Marruecos con un grupo de amigos y vieron “trozos de seda amarillenta, quemada y que desprendían un olor fortísimo, imagino que de los paracaídas”. En la actualidad, las siete lápidas ya tienen sus nombres completos en el patio de Santa Gema del camposanto ceutí y, sobre todo, los familiares conocen todo lo ocurrido esa dramática madrugada.
 
En la noche del jueves  28 de enero de 1943, la inactividad en el aeródromo de la Royal Air Force de Gibraltar transcurría de forma pausada. Atrás quedaba la frenética actividad desplegada durante los meses de octubre, noviembre y diciembre pasados. El humeante café servido durante el briefing fue suficiente para despabilar de la corta e inquieta cabezada de hacia rato. Para entrar en calor nada como el uniforme de vuelo. Una  última foto de grupo hecha en un barracón de madera antes de subir al avión fue su postrera despedida del único trozo de tierra libre del ocupado continente Europeo. Fuera, la humedad del intenso viento de levante les hizo apresurarse a embarcar.
 
El acceso al interior del Halifax a través de la enjuta puerta lateral de babor no resultaba fácil y no ayudaba mucho el grueso pantalón y chaqueta de cuero forrado de lana de su equipo, que no facilitaban en absoluto los movimientos de los aviadores. Una vez dentro, el sudor empapa sus cuerpos causando un sopor molesto y penoso de aguantar.
 
A las 20.00 horas los siete tripulantes del Halifax abrocharon sus cinturones de seguridad en los anclajes del fuselaje metálico del bombardero. Cebar motores e ignición, calentamiento y comprobación rutinaria de indicadores. Ahí sentados aguardaban absortos la autorización de despegue del solitario cuatrimotor. Revisaban sus equipos una y otra vez y se distraían contemplando las fotografías de sus seres queridos.
 
A las 21,00 horas, el sargento Neozelandés Utrick Watson se persignó mascullando una corta plegaria, tomó los controles del bombardero DT586  e inicio la maniobra de despegue. Aceleró lentamente sus cuatro motores entrando en el recorrido de la pista del estrecho aeródromo… La suerte ya estaba echada.
 
El Halifax fue originalmente destinado a bombardear los campos petroleros del Cáucaso ruso. Las incursiones se llevaron a cabo a partir de territorios sirios y libaneses. Sin embargo, el primer Halifax entró en servicio con el No. 35. Escuadrón RAF en la base de Linton-on-Ouse en noviembre de 1940, mientras que Siria y el Líbano ya habían sido descartados por Vichy. Por lo tanto, su primera incursión operacional fue contra Le Havre en la noche del 11 al 12 de marzo de 1941.
 
MEMORIA AL VIENTO
La mayoría de los familiares de los integrantes del vuelo Halifax DT586, desconocían en su día el lugar exacto donde perecieron sus hijos, hermanos o sobrinos. Debido a la política de la Commonwealth, que entierra a los soldados en el lugar donde fallecen, no pudieron recuperar sus restos. Pero gracias al trabajo de Luis Oliva, al menos dos de los familiares de uno de los jóvenes pisaron Ceuta recientemente y visitaron el lugar donde los siete están sepultados. En sus lápidas sólo se podía leer un nombre, acompañado por un escudo de aviador, y la fecha de su muerte: 28 de enero de 1943.
 
Luis Oliva, nos deja en forma de epitafio: “… Estas letras nos traen con frívola curiosidad al día de hoy un hecho luctuoso puntual, ocurrido en un lugar que el azar se encargo de señalar. Hecho difícil de tratar y más aún de plasmar sin que se incurra con facilidad en la acción alevosa de herir sentimientos ajenos, herida que se hace presente cada vez que se rememora a un ser querido desaparecido, más doloroso aún cuanto más joven era ese ser, y que con mi torpeza no llego a discernir si compensa el daño causado con el intento de arrojar algo de luz al lamentable suceso y enaltecer en lo posible la corta vida de los siete tripulantes haciendo público lo que dormitaba no solo en sus desaparecidas intimidades, sino también en la de sus familiares y amigos. Tan solo puedo agradecerles a todos y cada uno de ellos su aportación y ofrendar sin esfuerzo alguno con una gratitud insignificante y ridícula mi reconocimiento hacia ellos que me permiten llevarlos en mi corazón”.

martes, 4 de marzo de 2014

El hallazgo de fotos de Franco fomenta la leyenda del último día antes del Golpe



Fotografías inéditas encontradas en Arucas
  • Las fotografías aparecidas en los archivos del Ayuntamiento de Arucas muestran al dictador y escenas que acercan a nuestros días la realidad de la década de los 30.
  • Según historiadores, Franco ordenó asesinar al gobernador militar Amadeo Balmes.
  • El dictador evitó una emboscada en su camino hacia Gando yendo por mar en lugar de por tierra.

domingo, 8 de diciembre de 2013

El honor de Juan Negrín

Juan Negrín interviene en septiembre de 1937 ante la Sociedad de Naciones en Ginebra

Por Ángel Viñas - El País - 5/12/13
Ya ha llegado a Las Palmas de Gran Canaria el masivo archivo que Juan Negrín conservó celosamente en el extranjero. Próximamente se hará su recepción oficial y la legítima propietaria, su nieta Carmen, lo cederá en un solemne acto al Cabildo de Gran Canaria, que lo depositará para su custodia y uso en la futura nueva sede de la Fundación Juan Negrín. Está sita en un edificio emblemático de la ciudad, totalmente restaurado y acomodado para su función como lugar de estudio del archivo y biblioteca (todavía no enviada en su totalidad pero prevista para el futuro) de quién fue presidente del Gobierno republicano en la Guerra Civil y en el exilio entre 1937 y 1945.

Esta operación ha sido apoyada por todas las fuerzas políticas canarias, sin distinción ideológica alguna. Como corresponde. Se ha basado en los acuerdos alcanzados por la anterior corporación insular presidida por José Miguel Pérez, del PSOE, y la actual, presidida por José Miguel Bravo de Laguna, del PP, que han hecho todo lo posible e imposible para que el convenio suscrito con Carmen Negrín y la Fundación sea una realidad. Han contado con la colaboración y entrega de muchas personas que han escrito un capítulo señero, y sintomático, del esfuerzo colectivo para recuperar el pasado: el presidente y vicepresidente de la Fundación, José Medina Jiménez y Eligio Hernández Gutiérrez (exfiscal general del Estado); el secretario Antonio Aguado Suárez, y el resto de los miembros del patronato: Alfredo Herrera Piqué, Antonio González Viéitiz y, en particular, el historiador Sergio Millares.

Una parte del archivo, en fotocopias que este último empezó a hacer en Niza hace unos quince años con el consentimiento del hijo del antiguo presidente, Juan Negrín Jr, afamado neurocirujano y titular de la máxima distinción cívica norteamericana, ya fallecido, estaba disponible en Las Palmas. Era una parte minúscula. El resto había quedado dividido entre Niza, donde vivió sus últimos años el cirujano, y París, en el domicilio particular del antiguo presidente.

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En este  último se concentró la mayor parte del acervo documental [en la imagen: pasaporte falso de Negrín expedido por la Embajada española en Francia] junto con la biblioteca. Habían salido de España a finales de 1938 con destino Francia. Cuando los alemanes derrotaron al que parecía invencible ejército francés y antes de buscar refugio en Inglaterra, Negrín encargó a un notario amigo la salvaguardia de lo mucho que no pudo transportar. Debió de hacerlo muy bien porque ni los nazis ni la policía colaboracionista francesa lo encontraron. A su vuelta a París tras la Segunda Guerra Mundial, y hasta su muerte en noviembre de 1956, Negrín lo conservó en su casa, con excepciones.

Al poco de regresar, en efecto,  algunos cacos entraron en su domicilio con la sana intención de llevarse algo que los ladrones suelen apetecer ante todo: documentos. Afortunadamente, estaban en el sótano y en la buhardilla y no los encontraron. Prudente, Negrín resguardó los más importantes en la caja fuerte de un banco.

Gracias a esta prudencia, y al cuidado extremo de Carmen Negrín, pude hace algunos años encontrar la prueba documental, quizá la más importante de todo lo que conservó su abuelo, de la autorización del Consejo de Ministros dada en octubre de 1936 para que el ministro de Hacienda, y Francisco Largo Caballero, como presidente, se encargaran del traslado al extranjero de las reservas metálicas del Banco de España. El famoso “oro de Moscú” en torno al cual la dictadura tejió las más absurdas y burdas patrañas, hoy afortunadamente desenmascaradas en su totalidad. Gracias a la cooperación de Carmen Negrín.

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Juan Negrín (con gabardina clara) y Manuel Azaña visitan el frente en noviembre de 1937

El antiguo presidente nunca tuvo nada que temer de la historia. Esta afirmación que ya publicó The New York Times al anunciar su fallecimiento sigue teniendo hoy plena validez. Gracias a los riquísimos archivos ahora repatriados, los historiadores podrán rellenar las lagunas de que todavía adolecen las grandes biografías o bocetos biográficos de Gabriel Jackson, Juan Marichal, Ricardo Miralles, Enrique Moradiellos o, por la vía de su actuación, de quien esto escribe. Descubrirán nuevas facetas que ninguno de los mencionados hemos abordado, pondrán de manifiesto aspectos de su gestión en la paz, en la guerra y en el exilio prácticamente desconocidos y ejercitarán sus dotes criptológicas pues entre los papeles hay centenares de telegramas cifrados que nadie ha descriptado. Afortunadamente, también se conservan algunas, si no todas, de las necesarias tablas de conversión.

Negrín fue diputado en Cortes, formó parte de la comisión de transferencias a la Generalitat, ministro de Hacienda, presidente del Gobierno y ministro de Defensa Nacional. Por su mesa pasó lo más granado de las políticas de los Gobiernos de la República en guerra y en el exilio.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, en un golpe de mano sucio e insuficientemente aclarado, un sector del PSOE expulsó del mismo a Negrín y a varias docenas de sus partidarios. Hace algunos años, todos ellos, sin excepción y con independencia de su trayectoria ideológica ulterior, fueron reincorporados simbólicamente a la militancia a título póstumo. El PSOE cerró sus heridas y entonó el correspondiente mea culpa. Todavía puede hacerse más.

En efecto, la totalidad del fondo documental se ha digitalizado cuidadosamente. Los originales y una copia  han llegado a Las Palmas donde serán libremente consultables, salvo la pequeña parte posterior a 1939 que necesita autorización previa. En cumplimiento de las relevantes disposiciones francesas, otra copia será depositada en los Archivos Nacionales de Francia. Por último, la copia digitalizada de una gran parte del fondo, la donó Carmen Negrín graciosamente al Centro Documental de la Memoria Histórica en Salamanca hace ya algunos años. Para ciertos aspectos no será necesario desplazarse a Las Palmas.

La explotación del material repatriado será tarea de una o dos generaciones de historiadores. Por las amplias catas que Sergio Millares y quien esto escribe hemos realizado no hay temor de que el honor de Juan Negrín se vea empañado.

Al señalar esto, he de constatar una diferencia no ya sustancial sino sustancialísima entre el proceder de Carmen Negrín y el de los herederos del general Francisco Franco o de su primer valido, el abogado del Estado Ramón Serrano Suñer. Nadie ha visto, en efecto, lo que todavía no se haya destruido de los papeles privados del dictador español o de su cuñado. Un caso insólito en los anales de cualquier país europeo.

¿Quién tiene miedo a la Historia? Puestos a hacer strip-tease hay quienes se sienten impelidos a seguir ocultando sus vergüenzas. Mucho otros no las tienen. Hoy por hoy los historiadores estamos de enhorabuena. El honor de Juan Negrín seguirá despidiendo destellos intensos mientras, por lo que ya se ha oteado, el recuerdo del Generalísimo y del primer arquitecto del pretencioso “Nuevo Estado” seguirá envuelto en el mal olor, por muchas esencias de Oriente que continúen desparramando sus numerosos hagiógrafos.

Ángel Viñas es catedrático emérito de la UCM. Su último libro es Las armas y el oro. Palancas de la guerra, mitos del franquismo (Pasado&Presente).

viernes, 28 de octubre de 2011

Seminario regional Maghreb-Europa: La preservación de la memoria histórica


En el Museo de Historia de Cataluña, 5 de noviembre 2011, Barcelona

Programa
(Traducción Estación Orán-Wahrān وهران )

I sesión: 10.00h – 13.30h  

Preside la sesión Manel Perona

-10.15h–10.30h: Las desapariciones forzadas en el Mediterráneo

Nassera Dutour

-10.30h–10.45h: Leyes de Amnistía y de Memoria: Chile-España, una experiencia comparada

Gustau Gómez Peña, abogado de la ARMHC

-10.45h–11.00h: El procedimiento judicial contra el juez Garzón

Carlos Jiménez Villarejo, jurista

-11.00h–11.15h: La situación de las fosas comunes en Catalunya y en España

Ermengol Gassiot Ballbè, profesor de arqueologia de la Universitat Autònoma de Barcelona

-11.15h–11.30h: Los compromisos de España ante sus obligaciones internacionales sobre las desapariciones forzadas

Alícia Moreno Pérez, Amnistía Internacional

-11.30h-11.45h: Pausa

-11.45h–13.30h: Turno abierto de palabras

II sesión: 15:00-16:15

Preside la sesión, Rachid El Manouzi

-15:00-15:15: La importancia de los archivos para la búsqueda de la Verdad y la Justicia

Fina Solà, miembro del Consejo Consultivo Internacional para la recuperación de los archivos históricos de la policía Nacional de Guatemala y  en representación de Archiveros sin fronteras.

-15:15-15:30: Comisión de Justicia y Reconciliación y el apoyo a la memoria

Aziz Bennani, Abogado

-15:30-15:45: Memoria oculta, memoria revisada, los enfoques y los viajes de un historiador:  El caso de los ejecutados de 1962 en Túnez

Khaled Abid, Historiador

-15:45-16:15: Turno abierto de palabras

III sesión: 16:15-19:00

Mesa Redonda: La lucha por la Verdad y la Justicia: ¿Qué futuro nos espera?

Moderador: Cherifa Kheddar

-18h00-19h00: Turno abierto de palabras

domingo, 9 de octubre de 2011

Paul Preston, Vicente Moga y el ‘Holocausto español’

Vicente Moga en una ponencia

Colaborador del libro Vicente Moga Romero, archivero de Melilla y documentalista

06 de Octubre de 2011 11:20 , Vélez Berenguer
El Faro digital.es
De la mano de dos grandes amigos -y algo más-, procedente de la última Feria del Libro de Madrid y debidamente dedicado, el libro de Paul Preston, 'El Holocausto Español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después'. Presto se acuerda más, a lo largo de toda su vida, de España que de su Liverpool natal (1.946). Poca presentación es necesaria pero recordemos que es catedrático, Príncipe de Asturias de Historia Contemporánea Española y director del Centro Cañada Blanch para el Estudio de la España Contemporánea de la London School of Economics.

En los prolegómenos de su gran obra -859 páginas al lomo- Preston se fija bien en las primeras muertes de la contienda nacional, no sin antes realizar una detallada justificación de su génesis y leemos textualmente: “Entre los primeros en morir figuraba uno de los oficiales más brillantes de las Fuerzas Armadas españolas, el capitán Virgilio Leret Ruiz, destacado ingeniero aeronáutico y piloto, de 34 años, comandante de la Base de Hidroaviones de Atalayón, en Melilla, detenidos y ejecutado tras un juicio sumario por haberse enfrentado a los rebeldes”.

Y sigue Preston: “Su mujer, Carlota O´Neill, feminista de izquierdas, era dramaturga y editora del periódico ‘Nosotras’. La detuvieron y separaron de sus hijas, Carlota y Mariela…Tras 18 meses en prisión, Carlota O´Neill fue jusgada por un tribunal militar, acusada de hablar ruso, de ser subversiva y responsable de los actos de su marido el 17 de julio de 1.936. Pese a todo la condenaron ‘sólo’ a seis años”.No recordamos ninguna visita de Paul Preston pero nos llama la atención del rigor de su relato y tenemos una sana curiosidad: Comprobar la lista de agradecimientos a colaboradores.

Vicente Moga Romero, el archivero de Melilla, el documentalista por excelencia, el señor del Hospital del Rey aparece en el libro de Preston como colaborador de su obra, una colaboración muy bien aprovechada por el autor británico-hispano para documentar una de las primeras muertes de la sublevación militar con un rigor estimable que sólo podía proceder de Moga y, además, sirve de preludio para lo que viene después, el relato de guerras y holocaustos, sí porque aquí también hubo –como se viene comprobando recientemente- holocaustos y fosas comunes, no sólo en los dominios nazis.

El aporte documental histórico que Moga ha brindado a Preston es más que significativo en la obra de un gran especialista y ‘best seller’ todos cuyos trabajos se han caracterizado por el relato escrupuloso y comprobado. Los nombres de Melilla, Leret, Atalayón, Carlota, Carlota y Mariela son un lujo para una ciudad en la quinta edición del ‘Holocausto Español’ de Paul Preston. No dudamos en afirmar que Moga, como es su obligación y, mucho más, su devoción ha puesto un granazo de arena en el conocimiento de la historia contemporánea de la ciudad.