Proverbio saharaui:

" Háblale a quien comprenda tus palabras "" Kalam men yafham leklam "(Proverbio saharaui)

martes, 31 de diciembre de 2013

Recuerdos del último artillero

Ángel Landa, en una fotografía del pasado febrero, cuando cumplió 97 años.

Ángel Landa, vizcaíno de Balmaseda exiliado en México, revive a sus 97 años su experiencia de la Guerra Civil con la flota republicana en el Mediterráneo

El País - Asís Ulla -  Bilbao 24 dic 2013 
El día en que se proclamó la Segunda República, Ángel Landa fue a clase en el colegio de los Maristas de Balmaseda. Hijo de Maximino Landa y María Sierra, no llegó a conocer a sus padres y se crió con sus hermanas mayores en el caserío de unos tíos. Con 16 años entró a trabajar en la fábrica de boinas La Encartada, con un jornal de 50 céntimos diarios. 

Las charlas con su cuñado Emeterio y la lectura diaria de El Liberal y de libros despertaron su conciencia política y se afilió a la UGT. Durante la revolución de octubre de 1934, Ángel y otros compañeros socialistas planificaron volar el puente de El Berrón para evitar la llegada de tropas desde Burgos a la zona minera vizcaína. “Llegada la hora, fuimos al puente”, relata. “Había que hacer un agujero grande en el centro para meter la dinamita. Estábamos en ello, cuando se oyó que alguien se acercaba del pueblo. Hubo disparos. Nos dispersamos y al día siguiente, la Guardia Civil hizo algunas detenciones. Ahí quedó todo”.

Para apartarse de la creciente violencia política, decidió alistarse en la Marina para hacer el servicio militar. El 7 de septiembre de 1935 ingresó en la base de Ferrol. Tras mes y medio de instrucción, fue destinado a la base de San Javier a una escuadrilla de hidroaviones Vickers. Por Navidad, solicitó un permiso para volver a casa. Esos 25 días fueron los últimos que pasó en Balmaseda, adonde no regresó hasta 36 años después.
La noche del 18 de julio de 1936, el corneta de San Javier llamó a formar a la tropa. “El oficial de radio nos reunió para decirnos que había recibido una alerta de Madrid dando poderes al personal para apoderarse de la base y encerrar a toda la oficialidad. El corneta tocó dos veces más, pero ninguno salió”. Los 32 oficiales rebeldes fueron después detenidos y posteriormente fusilados.

Durante la guerra estuvo embarcado como artillero en el acorazado Jaime I y los destructores Churruca y Ulloa. Con el primero, zarpó en febrero de 1937 rumbo a Almería, pero los continuos bombardeos de los Junkers alemanes aconsejaron regresar a Cartagena. Allí les aguardaba la tragedia. Mientras era reparado en el muelle, el 16 de junio el Jaime I sufrió una serie de explosiones, cuyo origen nunca se aclaró. “Yo volví a nacer aquel día”, recuerda Landa. “Aquello era un infierno por el repiqueteo continuo de las explosiones, acompañadas de largas llamaradas, como un volcán. Alrededor del buque se hallaban infinidad de cuerpos despedazados”.

Sobrevivió a la explosión del ‘Jaime I’ y a cuatro años de trabajos forzados en Argelia
La noche del 5 de marzo de 1938, embarcado entonces en el Ulloa, participó en el combate naval que acabó con el crucero franquista Baleares, hundido frente a las costas de Ibiza. Ese día, la flota republicana puso en fuga al Canarias y al Almirante Cervera, los otros dos colosos de la flota franquistas con base en Mallorca.

Más que las batallas, Ángel rememora con horror los bombardeos de la aviación enemiga. “Nada tan impresionante como resistir a pie firme, sobre la cubierta, un fuerte bombardeo en el espacio reducidísimo de una bahía como la de Cartagena”.

Antes del final de la guerra, el Ulloa realizó varias travesías de Cartagena a Barcelona con una preciosa carga: el tesoro del Banco de España. Hasta 200 cajas por viaje con barras de oro y plata. Los barcos zarpaban a las seis de la tarde y llegaban a Barcelona a las cuatro de la mañana para ocultar lo más posible la maniobra. Ángel participó en 11 de aquellas expediciones. “Cada vez que llegábamos y descargábamos las cajas, Hacienda nos daba un kilo de lentejas, otro de arroz, algunas latas de carne argentina y también latas de sardinas y tabaco Gener”.

Los últimos días de la guerra los pasó en el hospital, recuperándose de una herida en la pierna izquierda. De allí salió in extremis a primera hora del 5 de marzo de 1939 para embarcar en el Tramontana, un barco que contaba en su tripulación con muchos vascos, “todos conocidos míos”.

Si el grueso de la flota republicana de Cartagena puso rumbo al puerto tunecino de Bizerta, el Tramontana se dirigió a Orán (Argelia), para cargar carbón y seguir ruta hacia América. Las autoridades francesas lo impidieron. El buque quedó atracado en la base de Mers el Kebir y su tripulación fue enviada primero a un centro de internamiento cerca del puerto y a finales de julio al campo de concentración de Relizane, a unos 200 kilómetros al sur de Orán. “Allí nos alojaron en barracas de adobe. En cada una éramos 15 personas. Los vascos a la nuestra la llamábamos el Botxo”.

Muy pronto, las condiciones de vida en el campo se hicieron insoportables. Finalmente, Ángel salió de Orán en el vagón de un tren de mercancías con destino a Bouarfa, un campo de trabajo en la frontera con Marruecos. La travesía, de 600 kilómetros, fue penosísima: “Íbamos custodiados por soldados coloniales árabes. Nos daban de comer pan y latas de sardinas. Lo que nunca durante la guerra, en aquel tren me acordé de mi hermana Petra y se me saltaron las lágrimas”.

En medio del desierto, cerca de la cordillera del Atlas, su compañía tenía que cavar un talud de tres metros en las obras del ferrocarril transahariano. La temperatura a mediodía superaba los 40 grados. Cada trabajador tenía para todo el día una cantimplora con un litro de agua. El último destino de su compañía en Argelia fue una mina de carbón en Kenazda, cerca del campo de Colomb Bechar. Ángel evitó el trabajo de la mina porque le hicieron jefe de cocina, llevándose con él a un grupo de amigos vascos.

Tras vivir tres años en la posada española de Orán, en agosto de 1946, a bordo del petrolero Minatitlán, Ángel y su amigo Teodoro Alluntis llegaron al puerto mexicano de Tampico. Desde allí se trasladaron en autobús a la capital federal y se alojaron en una pensión regentada por socialistas bilbaínos. En la oficina de la JARE (Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles) les dieron 300 pesos a cada uno y algo de ropa.

Una semana después, Ángel encontraba trabajo en una empresa dirigida por Martín García Urtiaga, natural de Portugalete, que antes de la guerra había sido director de Campsa en Bilbao. En esta compañía se jubiló en diciembre de 1990. “México fue mi salvación. Aunque es muy grande la distancia que me separaba de mi familia, estaba satisfecho porque aquí es donde logré organizarme y crear una familia”, resume.

Regresó a Balmaseda en 1971. El reencuentro con su cuñado Emeterio fue “algo así como volver a nacer”, se emociona. “Al charlar con él de nuestras cosas del pasado se me hacía un nudo en la garganta”. Ha vuelto en otras ocasiones; en 1978, en compañía de su esposa mexicana Mina y de dos nietos. “Conocieron a mi familia y les gustó mucho mi tierra”. En 1995, mecanografió en 130 folios unos “apuntes personales” en los que relataba su historia, memorias de un artillero que ahora salen por primera vez del ámbito familiar.

lunes, 23 de diciembre de 2013

Dos víctimas del estado español


En el programa de hoy hablaremos de dos víctimas del fascismo español importantes en la historia de Canarias. El primero de ellos, Antonio Cubillo Ferreira, fallecido hace dos días, sobrevivió a su intento de asesinato dejándole secuelas para el resto de sus días. Haremos un repaso objetivo de su vida. El segundo, Javier Fernández Quesada, fue asesinado por la Guardia Civil un día como hoy hace 35 años. Relataremos lo acontecido ese fatídico día. 

Participan: Jonathan Rodríguez, Airam Barreto y Airam Cáceres.  

Música: "Guerrero" La Excelencia, "Fascismo nunca más" Habeas Corpus, "El Libertador" Ska-P.
Número de programa: 69, año III, época II.
Fecha: 12/12/2012.

En memoria de Javier Fernández Quesada

Sebastián Ramírez Suárez - Canarias-semanal.org 17/12/13
Javier Fernández Quesada, estudiante de la Universidad de La Laguna, murió -recuerda Sebástian Ramírez Suárez - el 12 de diciembre de 1977 a la edad de veintidós años, en las puertas del Paraninfo de La Laguna por disparos de un guardia civil durante una protesta estudiantil (...). 

Javier Fernández Quesada, estudiante canario de biología de la Universidad de La Laguna, nacido en la Isla de Gran Canaria en el año 1955.

Murió el 12 de diciembre de 1977 a la edad de veintidós años, en las puertas del Paraninfo de La Laguna por disparos de un guardia civil durante una protesta estudiantil en apoyo de las reivindicaciones de la huelga general llevada a cabo por los sectores obreros de Transportes de Tenerife, S.L. (hoy de titularidad pública: TITSA); del sector tabacalero y del sector del frío y convocada por la Confederación Canaria de Trabajadores, la ATTyD, el FASOU, la Liga Comunista IV Internacional y el Sindicato Obrero Canario.  Según Luis Mardones Sevilla, en esos momentos gobernador civil

La figura de Javier Fernández Quesada se convirtió en un símbolo tanto del movimiento estudiantil como del movimiento obrero canario, realizándose homenajes las fechas del 1 de mayo y del 12 de diciembre.

En 2007, y debido al veto a los Presupuestos Generales del Estado aprobado el 10 de diciembre de 2007 en el Senado, la familia del estudiante Javier Fernández Quesada no pudo acceder a las indemnizaciones previstas para las víctimas de la represión después de que fracasaran las dos vías iniciadas por los socialistas para su inclusión en la denominada Ley de Memoria Histórica, ya que la citada ley sólo extiende sus beneficios al los fallecidos entre el 1 de enero de 1968 y el 6 de octubre de 1977, lo que de entrada dejó fuera de cobertura al estudiante grancanario, cuyo caso nunca llegó a ser juzgado debido al sobreseimiento de la causa en la jurisdicción militar.  Ello significó que, no sólo su familia no recibiría una indemnización, sino que tampoco sería reconocida oficialmente como una víctima del franquismo.

Modificación de la Ley de Memoria Histórica
El 1 de octubre de 2008 el Gobierno confirmó que presentaría un proyecto de ley que modificará las fechas de la Ley de la Memoria Histórica para dar cabida al asesinato de Fernández Quesada.  Según publicaba el día anterior el diario La Opinión, el propio presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, se interesó por el caso y solicitó que se efectuaran los cambios oportunos para que la muerte del joven grancanario no quedara fuera de las medidas de reparación recogidas por el citado marco normativo.

Javier Fernández Quesada (que en paz descanse) fue militante del Partido Comunista Canario (provisional) que lideraban, en Gran Canaria, Carlos Suárez Cabrera y Gonzalo Angulo, ambos abogados laboralistas, que tuvieron sus despachos en la calle Perojo, número 29, de Las Palmas de Gran Canaria.  El primer partido que enarboló y propagó, CANARAS LIBRE Y SOCIALISTA fue el susodicho partido, cuya cabecera de su órgano de expresión se llamaba Canarias libre y Socialista.  Y después del MPAIAC, quienes popularizaron la Bandera Nacional Canaria con las siete estrellas verdes fueron las organizaciones políticas Partido de los Trabajadores Canarios ( PTC), Partido Comunista Canario (provisional) PCC (p) y las organizaciones sindicales Sindicato Obrero Canario (SOC) y la Confederación de Trabajadores Canarios (CCT).

sábado, 21 de diciembre de 2013

El «forner» de Banyeres que se tragó el Sahara

Campo de trabajo de Bou Arfa
Descendientes de Vicente Mataix, pasajero del «Stanbrook», rescatan sus restos de una tumba en medio del desierto

16.12.2013 
Exhumación internacional. Los hijos y nietos de un exiliado republicano de Banyeres, Vicent Mataix Ferre, que murió hace 73 años en un campo de concentración francés en medio del Sahara, acaban de exhumar los restos de su familiar de una tumba del desierto de Marruecos sin ninguna subvención pública.

Una caja de zapatos con cuatro cartas, unas fotos en medio del Sahara, y muchos silencios... Este es el hilo del que los nietos de Vicente Mataix Ferre han tirado para reconstruido la historia de este exiliado republicano de Banyeres que murió el 11 de noviembre de 1940 en el campo de concentración francés de Bouarfa, en el desierto de Marruecos. Allí fue obligado a trabajar de sol a sol en régimen de semiesclavitud en la construcción del ferrocarril transahariano hasta que las duras condiciones minaron su salud. Tras cinco años de investigación, el círculo lo acaba de cerrar la familia con el hallazgo de la tumba y la repatriación de los restos.

Esta exhumación internacional, acometida sin ninguna subvención pública, les permitió ayer cumplir el sueño de enterrar a Vicente en Banyeres con su viuda, Nieves Gisbert Puig, que falleció en 1994. Vicente trabajaba en un horno de este municipio de l'Alcoià y, cuando marchó al exilio tras la Guerra Civil, Nieves se quedó sola con dos niños pequeños: María, nacida en agosto de 1936, y un bebé de apenas dos meses.

De ideas progresistas, a su hija la llamó Dulcinea y para el chico también se inspiró al margen del santoral. Nombres que la viuda tuvo que cambiar cuando en la posguerra le obligaron a bautizarlos. Movilizado por el ejército de la República, los nietos desconocen cual fue su destino y cómo llegó al puerto de Alicante cuando la República cayó a finales de marzo de 1939. «La abuela Nieves tenía pánico de hablar de aquello», cuenta Josep Lluís Vanyó Mataix, profesor de Secundaria y uno de los nietos que ha viajado a Bouarfa tras la huella de su abuelo.

Mataix fue uno de los pocos que logró escapar del puerto de Alicante. El 28 de marzo de 1939 zarpó hacia la Argelia francesa a bordo del último barco que salió de aquel muelle de la desesperación, el carbonero británico «Stanbrook». Fue el «pasajero 416» en una lista oficial de 2.638 viajeros aunque apenas tenía capacidad para unos cientos.

Al llegar a Orán, las autoridades galas retuvieron a los hombres durante varios meses en el buque. Mataix fue trasladado al campo de prisioneros de Boghari. Pese al hacinamiento y la brutalidad de las tropas senegalesas que les custodiaban, Vicente, en una de las pocas cartas que pudo enviar a Banyeres, en junio de 1939, trataba de tranquilizar a su esposa con un «estoy bien».

Tras la caída de París, en junio de 1940, el régimen colaboracionista de Vichy obligó a más de 2.000 de aquellos republicanos españoles retenidos en campos como los de Boghari a trabajar en régimen de semiesclavitud en la construcción del quimérico ferrocarril transahariano de más de 2.000 kilómetros que debía unir las colonias galas de Níger y Senegal con el Mediterráneo. Vicente fue enviado a una de las compañías de trabajo de esta faraónica obra con base en el campo marroquí de Bou arfa, donde encontró la muerte el 11 de noviembre de 1940 con apenas 31 años.

Más de un mes después, la víspera de Nochebuena, el cónsul de Francia en Alicante remitió a Nieves una escueta carta en la que le comunicaba el fallecimiento de su esposo en Bou arfa «por enfermedad». Una foto enviada poco después a la viuda por los compañeros de Mataix con la lápida que le construyeron ha sido la clave para poder rescatar al «forner» de Banyeres de las arenas del olvido del Sahara.

Josep Lluís relata que «la ausencia del abuelo siempre ha estado presente, pero silenciada por el miedo». La tragedia fue doble para Nieves, que a sus 28 años tuvo que sumar a la pérdida del marido el dolor de tener que separarse de uno de sus pequeños para que no se murieran de hambre. Dejó a María, que tenía 4 años, al cuidado de un hermano de ella que no tenía familia. «La posguerra fue muy dura para las viudas de los perdedores», lamenta Josep Lluís que aún guarda el recuerdo de las manos de su abuela deformadas por horas y horas de trabajo en los telares.

Tras atar todos los cabos de la historia de Vicente, sus nietos se dieron cuenta que habían acabado en un callejón sin salida: Una foto de una lápida en medio del desierto. Pero era demasiado tarde para rendirse. «La familia, mi madre y mi tío, decidieron seguir adelante», apunta Josep Lluís «con la intención de cerrar una herida que llevaba demasiado tiempo abierta».
 
Contrataron una agencia de detectives que el 30 de septiembre localizó la tumba de Vicente en un cementerio cristiano abandonado de Bouarfa, a 500 km al sur de la ciudad marroquí de Nador. El hermano de Josep Lluís, Antoni, que es abogado se encargó de contactar con el consulado de España en Nador y las autoridades marroquíes para iniciar un proceso burocrático que, tras dos meses, culminó el pasado 6 de diciembre con la exhumación de los restos.

Ánimo a las familias que buscan
Hasta Bouarfa viajaron Josep Lluís, Antoni y otra de las nietas de Vicente. «Simplemente queríamos repatriar a un familiar y que haya sido una exhumación internacional nos ha facilitado las cosas, pues si hubiera sido en España quizás hubiéramos tenido más problemas por las implicaciones políticas», remarca Josep Lluís. Ante las declaraciones del portavoz adjunto del PP en el Congreso, Rafael Hernando, de que «las víctimas del franquismo sólo se acuerdan de sus familiares cuando hay subvenciones», sólo siente «pena, pues lo único que quieren las familias es enterrar dignamente a los suyos».

«Quisiera que esta historia diera ánimos a las familias que buscan a sus desaparecidos, lo que me sabe mal es que por falta de medios no puedan hacerlo al no existir ayudas», concluye.

El escudo de la discordia

Rertiran el escudo franquista de la fachada del Ayuntamiento llanense. Foto de Gonzalo Rocha.  |  publicada por: redaccion
  • Se había instalado en el imaginario colectivo la idea de que no sería retirado
  • Es el símbolo de una dictadura que represalió a cientos de miles de españoles 
elapuron.com - 16 de diciembre de 2013
Algo pasa en una sociedad que se dice democrática cuando sacar un símbolo de una dictadura, como la franquista, provoca la cantidad de reacciones de rechazo que ha suscitado. Por mucho que el Ayuntamiento tenga que cumplir la Ley, por mucho que el PSC-PSOE anunciara hace meses su intención, la retirada ha supuesto una sorpresa para muchos vecinos y vecinas. Se había instalado en el imaginario colectivo la idea que el escudo jamás sería suprimido. La inacción de 34 años de ayuntamientos democráticos lo habían posibilitado, llegándose hasta el punto de que mientras la Iglesia Católica había retirado la placa dedicada a José Antonio Primo de Rivera que albergaba, el escudo franquista seguía allí

Con el argumento de que el escudo "es historia" muchos han querido justificar la presencia del mismo. Pero en la misma medida que el escudo franquista pertenece a la historia de este país, no es menos cierto que es el símbolo de una dictadura que represalió, durante casi 40 años, a cientos de miles de españoles. Estamos, por tanto, más ante un elemento de exaltación de una dictadura que ante un vestigio patrimonial que merezca la pena conservar, y en esto es clarísimo la Ley (52/2007 de 26 de diciembre), cuando en su artículo 15.1 señala que "Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura."

A este banderín de enganche ("es historia") se ha apuntado también el Partido Popular en el municipio una vez ha dejado de formar parte del Grupo de Gobierno. A tenor de lo expresado por sus portavoces, mucho me temo que de haber seguido en el cargo no hubieran afrontado la sustitución del escudo, porque como señalaba recientemente en un comentario el historiador Julián Casanova, a propósito de unas declaraciones de Rafael Hernando, a los políticos del PP "con el tema de la historia y la memoria de las víctimas del franquismo les aflora su pasado, los recuerdos familiares, la bondad del Generalísimo".

La retirada del escudo no responde a ningún gesto de revanchismo. En todo caso nos encontraríamos ante un acto de normalización democrática. La presencia del escudo franquista en la fachada de la primera institución llanense sí era un símbolo que fomentaba la división entre la ciudadanía. En La Palma, como en el resto de Canarias, no hubo Guerra Civil entendida como el enfrentamiento entre dos bandos. Lo que existió fue una brutal represión por parte del bando nacional que en nuestro municipio llevó incluso al asesinato del último alcalde republicado, Francisco Rodríguez Betancor. Casi 80 años después de los acontecimientos todavía quedan fosas por descubrir y familiares que siguen sin saber dónde se encuentran sus familiares. ¿Esto no forma parte también de la historia?

Aquellos ciudadanos que hemos celebrado la medida queremos que se conozca la historia, por eso consideramos imprescindible que el Ayuntamiento, a parte de seguir cumpliendo con la Ley (sustitución de la vidriera interior del Ayuntamiento, nombres de calles, placas) desarrolle toda una serie de políticas públicas de recuperación de la memoria histórica (Jornadas, conferencias, reconocimiento institucional a los represaliados). Sólo así podremos avanzar, aunque sea tímidamente, hacia la construcción de una sociedad con mayores cotas de Memoria, Justicia y Reparación con aquellos que dieron su vida por la defensa de la libertad. 

Felipe Ramos Pérez es militante de Izquierda Unida Canaria (IUC) en Los Llanos de Aridan

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Jornada en memoria de Javier Fernández Quesada

 
LPGC, en el Tagoror Sociocultural Imidawen

lacasademitia.es - 16/12/13
El Pasado 12 de Diciembre, se cumplen 36 años del asesinato del joven grancanario, Javier Fernandez Quesada, a manos de la Guardía Civil Española, en una demostración de las mas reales que hemos tenido en Canarias de terrorismo de Estado, al abatirle de un disparo en el desarrollo de una huelga en la isla de Tenerife, quedando aún a día de hoy su asesino impune.

Los hechos se produjeron el trágico 12 de Diciembre de 1977, cuando este muchacho de 22 años, estaba realizando un piquete en la Universidad de La Laguna en el transcurso de una huelga general por parte de los transportes, de tabaco y frío. Javier estaba apoyando a los trabajadores, cuando al entrar en el campus central de la universidad, un grupo de la Guardia Civil irrumpió “dando tiros al aire”, según fuentes oficiales, para sofocar los ánimos de los allí presentes. Quesada fue alcanzado por uno de esos tiros. Aún hoy, después de 36 años y con las declaraciones de testigos presenciales, la versión no oficial, no está del todo clara y aún no se ha hecho justicia. Pero nosotrxs lo tenemos claro: es una víctima más de la represión ejercida por el fascismo español en Canarias.

Desde Azarug queremos honrar su memoria como ejemplo de la lucha de todo el pueblo canario, símbolo de la lucha estudiantil canaria y de todo el movimiento obrero en general de nuestro país.

Por ello queremos realizar estas jornadas, donde realizaremos una charla-debate de mano de Raúl Vega para conocer en profundidad la figura de Quesada, posteriormente tendremos unas actuaciones musicales para ponerle la parte mas artistica a este sentido homenaje y por último tendremos un pequeño enyesque con varios productos del pais para compartir entre todxs, aunque si quieren traer cosas para compartir mejor que mejor.

¡Esperamos verlxs allí, no se lo pierdan!

domingo, 8 de diciembre de 2013

El honor de Juan Negrín

Juan Negrín interviene en septiembre de 1937 ante la Sociedad de Naciones en Ginebra

Por Ángel Viñas - El País - 5/12/13
Ya ha llegado a Las Palmas de Gran Canaria el masivo archivo que Juan Negrín conservó celosamente en el extranjero. Próximamente se hará su recepción oficial y la legítima propietaria, su nieta Carmen, lo cederá en un solemne acto al Cabildo de Gran Canaria, que lo depositará para su custodia y uso en la futura nueva sede de la Fundación Juan Negrín. Está sita en un edificio emblemático de la ciudad, totalmente restaurado y acomodado para su función como lugar de estudio del archivo y biblioteca (todavía no enviada en su totalidad pero prevista para el futuro) de quién fue presidente del Gobierno republicano en la Guerra Civil y en el exilio entre 1937 y 1945.

Esta operación ha sido apoyada por todas las fuerzas políticas canarias, sin distinción ideológica alguna. Como corresponde. Se ha basado en los acuerdos alcanzados por la anterior corporación insular presidida por José Miguel Pérez, del PSOE, y la actual, presidida por José Miguel Bravo de Laguna, del PP, que han hecho todo lo posible e imposible para que el convenio suscrito con Carmen Negrín y la Fundación sea una realidad. Han contado con la colaboración y entrega de muchas personas que han escrito un capítulo señero, y sintomático, del esfuerzo colectivo para recuperar el pasado: el presidente y vicepresidente de la Fundación, José Medina Jiménez y Eligio Hernández Gutiérrez (exfiscal general del Estado); el secretario Antonio Aguado Suárez, y el resto de los miembros del patronato: Alfredo Herrera Piqué, Antonio González Viéitiz y, en particular, el historiador Sergio Millares.

Una parte del archivo, en fotocopias que este último empezó a hacer en Niza hace unos quince años con el consentimiento del hijo del antiguo presidente, Juan Negrín Jr, afamado neurocirujano y titular de la máxima distinción cívica norteamericana, ya fallecido, estaba disponible en Las Palmas. Era una parte minúscula. El resto había quedado dividido entre Niza, donde vivió sus últimos años el cirujano, y París, en el domicilio particular del antiguo presidente.

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En este  último se concentró la mayor parte del acervo documental [en la imagen: pasaporte falso de Negrín expedido por la Embajada española en Francia] junto con la biblioteca. Habían salido de España a finales de 1938 con destino Francia. Cuando los alemanes derrotaron al que parecía invencible ejército francés y antes de buscar refugio en Inglaterra, Negrín encargó a un notario amigo la salvaguardia de lo mucho que no pudo transportar. Debió de hacerlo muy bien porque ni los nazis ni la policía colaboracionista francesa lo encontraron. A su vuelta a París tras la Segunda Guerra Mundial, y hasta su muerte en noviembre de 1956, Negrín lo conservó en su casa, con excepciones.

Al poco de regresar, en efecto,  algunos cacos entraron en su domicilio con la sana intención de llevarse algo que los ladrones suelen apetecer ante todo: documentos. Afortunadamente, estaban en el sótano y en la buhardilla y no los encontraron. Prudente, Negrín resguardó los más importantes en la caja fuerte de un banco.

Gracias a esta prudencia, y al cuidado extremo de Carmen Negrín, pude hace algunos años encontrar la prueba documental, quizá la más importante de todo lo que conservó su abuelo, de la autorización del Consejo de Ministros dada en octubre de 1936 para que el ministro de Hacienda, y Francisco Largo Caballero, como presidente, se encargaran del traslado al extranjero de las reservas metálicas del Banco de España. El famoso “oro de Moscú” en torno al cual la dictadura tejió las más absurdas y burdas patrañas, hoy afortunadamente desenmascaradas en su totalidad. Gracias a la cooperación de Carmen Negrín.

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Juan Negrín (con gabardina clara) y Manuel Azaña visitan el frente en noviembre de 1937

El antiguo presidente nunca tuvo nada que temer de la historia. Esta afirmación que ya publicó The New York Times al anunciar su fallecimiento sigue teniendo hoy plena validez. Gracias a los riquísimos archivos ahora repatriados, los historiadores podrán rellenar las lagunas de que todavía adolecen las grandes biografías o bocetos biográficos de Gabriel Jackson, Juan Marichal, Ricardo Miralles, Enrique Moradiellos o, por la vía de su actuación, de quien esto escribe. Descubrirán nuevas facetas que ninguno de los mencionados hemos abordado, pondrán de manifiesto aspectos de su gestión en la paz, en la guerra y en el exilio prácticamente desconocidos y ejercitarán sus dotes criptológicas pues entre los papeles hay centenares de telegramas cifrados que nadie ha descriptado. Afortunadamente, también se conservan algunas, si no todas, de las necesarias tablas de conversión.

Negrín fue diputado en Cortes, formó parte de la comisión de transferencias a la Generalitat, ministro de Hacienda, presidente del Gobierno y ministro de Defensa Nacional. Por su mesa pasó lo más granado de las políticas de los Gobiernos de la República en guerra y en el exilio.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, en un golpe de mano sucio e insuficientemente aclarado, un sector del PSOE expulsó del mismo a Negrín y a varias docenas de sus partidarios. Hace algunos años, todos ellos, sin excepción y con independencia de su trayectoria ideológica ulterior, fueron reincorporados simbólicamente a la militancia a título póstumo. El PSOE cerró sus heridas y entonó el correspondiente mea culpa. Todavía puede hacerse más.

En efecto, la totalidad del fondo documental se ha digitalizado cuidadosamente. Los originales y una copia  han llegado a Las Palmas donde serán libremente consultables, salvo la pequeña parte posterior a 1939 que necesita autorización previa. En cumplimiento de las relevantes disposiciones francesas, otra copia será depositada en los Archivos Nacionales de Francia. Por último, la copia digitalizada de una gran parte del fondo, la donó Carmen Negrín graciosamente al Centro Documental de la Memoria Histórica en Salamanca hace ya algunos años. Para ciertos aspectos no será necesario desplazarse a Las Palmas.

La explotación del material repatriado será tarea de una o dos generaciones de historiadores. Por las amplias catas que Sergio Millares y quien esto escribe hemos realizado no hay temor de que el honor de Juan Negrín se vea empañado.

Al señalar esto, he de constatar una diferencia no ya sustancial sino sustancialísima entre el proceder de Carmen Negrín y el de los herederos del general Francisco Franco o de su primer valido, el abogado del Estado Ramón Serrano Suñer. Nadie ha visto, en efecto, lo que todavía no se haya destruido de los papeles privados del dictador español o de su cuñado. Un caso insólito en los anales de cualquier país europeo.

¿Quién tiene miedo a la Historia? Puestos a hacer strip-tease hay quienes se sienten impelidos a seguir ocultando sus vergüenzas. Mucho otros no las tienen. Hoy por hoy los historiadores estamos de enhorabuena. El honor de Juan Negrín seguirá despidiendo destellos intensos mientras, por lo que ya se ha oteado, el recuerdo del Generalísimo y del primer arquitecto del pretencioso “Nuevo Estado” seguirá envuelto en el mal olor, por muchas esencias de Oriente que continúen desparramando sus numerosos hagiógrafos.

Ángel Viñas es catedrático emérito de la UCM. Su último libro es Las armas y el oro. Palancas de la guerra, mitos del franquismo (Pasado&Presente).

domingo, 1 de diciembre de 2013

Un colectivo rescata la memoria de 33 represaliados del franquismo en Agaete


Concepción Trujillo, hija de un exalcalde de Gáldar, lleva seis años recopilando información
30.11.2013
Concepción Trujillo empezó a recopilar hace casi seis años los nombres de los represaliados de Agaete. El resultado de esta trabajo es la presentación esta tarde a las 20 horas en la Sociedad del Valle de la Asociación para la recuperación de la memoria histórica de la localidad, de la que es su primera presidenta. El testimonio familiar habla de 33 detenidos en sus casas la noche del 4 al 5 de abril de 1937.

Concepción es hija del maestro Diego Trujillo, que fue alcalde socialista de Gáldar en 1936, y que estuvo preso en Gando y en la Cárcel Provincial ocho años. Pero también perdió a su tío Francisco, que desapareció en 1937, mientras otro tío, Nicolás, fue enviado a la guerra y sufrió un Consejo.

La presidenta recalca que existía un histórico vacío sobre los represaliados de Agaete. Y que, incluso, la población era reacia a contar su historia, pese a que está grabada en el corazón del barrio, donde se ha seguido respirando esta división.

Los familiares coinciden en que la citada noche de abril llegaron al barrio la guardia de asalto de Arucas y falangistas con una lista de quienes iban a ser detenidos. El origen era la protesta de los trabajadores por los salarios, ya que pedían las seis pesetas que recibían durante la República, y se les quería rebajar a cuatro. Se da casos de acusaciones entre primos y familiares. "Aunque nunca se sabrá la verdad de todo", reconoce, y detalla que "los verdaderos culpables estaban en sus casas".

Lo cierto es que el barrio de la Vecindad de Enfrente en el Risco del Valle se quedó sin hombres, y con muchos huérfanos en familias numerosas, llegándose a conocer como el barrio de Las Viudas.

Se desconoce a dónde fueron a parar muchos de ellos, pero se cree que algunos acabaron en la Sima de Jinámar. En el caso de Lorenzo Diepa se sabe que murió en la Península porque se lo notificó a la familia. O el caso de otro vecino que regresó y tuvo que ser ingresado por loco en el manicomio. A pesar de todo, "cuando volvía al barrio mantenía la mirada fija sobre quienes le hizo daño", relata ella.

También está el caso de los hermanos Faustino, Pedro y Antonio Vega del Rosario. Éste último cogió un tifus y lo ingresaron en el Hospital San Martín de la capital, donde falleció. Pero no se sabe dónde está su cuerpo. "El caso que más me colapsó durante una semana fue el de un padre, cuñado y tío", narra.

La lista recopilada está formada por Antonio Álamo Godoy, que vivía en El Valle (35 años). José Álamo Sosa, de El Valle (soltero), y contó con el testimonio de su hermana Antonia. Antonio Dámaso Álamo, El Valle (54 años), habló su hija Juana. Gregorio Dámaso Álamo, del casco (37 años), de quien habló su hija María de la Luz. Juan Dámaso Ojeda, del casco (soltero), con el testimonio de su sobrino Juan Dámaso. José Diepa Jiménez, de El Valle (27 años), contando con su hijo Ignacio. Lorenzo Diepa Jiménez, El Valle, del que se conoce su historia por el sobrino Ignacio Diepa. César Expósito Rosario, el casco (34 años), con testimonio de sus hijas Cristina y Josefina. José García García, el Valle (soltero 21 años). José García Godoy, El Valle (42 años), de quien se sabe por su hija Isabel. Juan García Godoy, El Valle (soltero), relatado por su sobrina Isabel García. Justo García Sosa, el casco (35 años), con el testimonio de su hija Isabel. Santiago Godoy García, El Valle (33 años), contactando con su hijo Juan.

Juan Medina García, El Valle (52 años), con el testimonio de su nieto Juan Sosa. Juan Benito Medina Perdomo, El Valle, relatado por su hija María. Pedro Méndez Saavedra, el casco (25 años), con su hermano Luis. Pedro Rodríguez González, El Valle (26 años), narrado por su hijo Ambrosio. Domingo Rosario Martín, el casco (43 años), con el testimonio de su hija María. Antonio Sosa Jiménez, El Valle (34 años), por su hijo Martín. Andrés José Sosa Vega, El Valle (56 años), recopilado por su nieta Marina García. Juan Sosa Vega, El Valle (50 años), con sus hijas Carmen y Dolores. José Sosa Martín, el Valle, contado por sus hermanas Carmen y Dolores. Juan V. Suárez Hernández, el casco (32 años), con testimonio de su hijo Susano y su hermana Martina. Antonio Valencia Expósito, El Valle (30 años), de su hijo Paulino. Gregorio Valencia Medina, El Valle (soltero, 17 años), recordado por su hermana Justa. Juan Vega García, el casco (40 años), rememorado por sus hijos Carlos y Juan. Faustino Vega del Rosario, el Valle (30 años), de su hija Dolores y su nieta María del Carmen. Pedro Vega del Rosario, El Valle (25 años), de su sobrina Dolores Vega Sosa. Antonio Vega del Rosario, El Valle (soltero), de su sobrina Dolores. Juan Viera Bolaños, El Valle (29 años), con su hijo José. Y José Viera González, El Valle (soltero 21 años), de su hijo José.

Por último, Antonio Sosa Expósito o Santana, del que sólo sabe que nació en 1901 y que sus padres se llamaban Sebastián Sosa y Carolina Santana. Y Juan Vega Jiménez, del que busca información.